Farandulización del periodismo chileno

farándulaA las distintas falencias que acusa el periodismo en Chile, como el mal uso del lenguaje y las miles de muletillas que tienen presentadores y reporteros, hay que añadirle su farandulización. Fenómeno que no es de generación espontánea, sino el efecto de un ejercicio consciente de la profesión, pero desde el punto de vista de un sesgo. Esto lo hacen personas, autodenominados “periodistas”. Aparecen “presentando” noticias, o convertidos en “entrevistadores”. Y el resultado es una rara mezcla de chacota e información: de farandulización del periodismo. Dos casos ejemplares son los de Julio César Rodríguez, el precursor de esta modalidad, y Julián Elfenbein, animador que quiere posar de periodista. Sé que muchos dirán que ellos “son” periodistas. Sí, seguramente lo sean porque está escrito en un diploma, pero en su desempeño no.

El caso más de bulto es el de Julio César Rodríguez, y es el más dañino. Con un ropaje de “periodista” ha podido desplegar sus dotes comerciales y permitirse financiar espacios “de conversación”, primero en Zona Latina, un canal de variedades, y ahora en ¡Vive! Deportes, un canal deportivo. ¿Qué hace un programa de “conversación”, por cierto, con ropaje de “periodístico” en un canal deportivo? Y no solo que nada tiene que ver con deportes, sino que, además, en su capacidad comercial Julio César logró vender un segmento de su “periodístico” a CNN. (Y este es otro mal que aqueja el periodismo en Chile: la venta cruzada de información. Diario Financiero le vende información a Radio Bio Bio, Radio Bio Bio a CNN, CNN le compra a ¡Vive! Deportes, etcétera, en un circuito de complicidades y mercenarios en que no hay sentido de pertenencia, no hay rigor, no hay información de calidad, porque todo da lo mismo. ¡Pero es muy rentable!)

Lo que hace Julio César Rodríguez no es, en rigor, periodismo, sino que lleva a cabo una conversación, como cualquiera lo puede hacer. Solo que con Julio César tiene visos morbosos, cuando es una mujer la entrevistada, y carece de preparación del tema, cuando el entrevistado es un hombre. De este programa, cuyo nombre es uno de los tantos plagios de la “creatividad” de Julio César Rodríguez, “Síganme los buenos”, y en el que aparece vestido de negro quizás para darle “seriedad”, sale y se cambia de ropa y disfraza de quinceañero, o de lolo, para gritar como un loco en un programa de otro canal, Chilevisión, dedicado al comentario burdo y el “análisis” de las vidas íntimas o perversas de personas sin talento, quienes dan el peor ejemplo de comportamiento y sociabilidad al resto de los chilenos, pero ahí son exaltados como íconos.

Y de este “periodismo” muta Julio César Rodríguez a un programa en Radio Bio Bio, que él, con voz babosa, se empeña en denominar “show de noticias”, y tiene un nombre que es una patada al buen hablar y esta vez omito. No tengo dudas en afirmar que esto que hace Julio César es “periodismo” desechable. El Periodismo está presente solo como etiqueta, porque los contenidos están lejos de serlo. De Julio César Rodríguez hay que admirar su simpatía, dicen, y sus capacidades de negociante. Aunque, como están las cosas de mal, no debería extrañar que este año o el entrante le otorguen el Premio Nacional de Periodismo. Y lo recibirá, sin dudas, más por sus logros comerciales que por su aporte al Periodismo.

El caso de Julián Elfenbein es más sencillo. Tiene menos meandros. Porque él se ha empeñado siempre por ser animador. Punto. Y, en realidad, lo hace bien, en unos programas mejor que en otros. Por ejemplo, mejor en “Un minuto para ganar” o “Factor X”, en los que es desenvuelto, gracioso, sonriente, que en “Buenos días a todos”, donde posa de hombre serio, como si fuera uno de los ropajes de Julio César, o, peor aún, en “Frente al espejo”, donde se cree entrevistador acucioso, y no lo es. Julián Elfenbein es animador de espectáculos, animador de concursos y cosas así. Pero definitivamente… no es Periodista. Ponerse unos lentes de aumento no lo hacen alguien serio.

Vuelvo a considerar la posibilidad de que se espete que Rodríguez y Elfenbeim “son” periodistas. Y reitero que pueden serlo, en las letras de molde de un diploma. Pero no es Periodismo lo que hacen a diario. Hacen farándula. O farandulizan el periodismo. Tema que hacía días quería compartir, con la tristeza que causa la degradación paulatina del Periodismo. Por lo que declaro que no hay nada personal con los animadores mencionados, a quienes admiro como buenos comerciantes. Quiero, únicamente, dejar constancia en mi libreta de apuntes de un momento histórico del Periodismo en Chile, sobre la base de que el Periodismo no es espectáculo. Confrontaré lo aquí dicho en un futuro.

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