Las presidenciales en Chile al calor de impuestos

impuestosEl tema tributario será uno de los candentes en la campaña presidencial. Lo que se ve, básicamente, son dos tendencias. Una que aboga por mayores recaudos, y otra que ampara ciertos aspectos de la vida comercial del país. A estas dos tendencias pueden llamársele como sea, pero esa es su médula. En ambos casos, se considera que la evasión y la elusión deben reducirse a cero ocurrencias. Esto es imposible, ya lo sabemos, porque en la propia legislación hay “resquicios” (por no llamar lisamente posibilidad de “timos” o “engaños” o “fraudes”) que permiten a empresas y ejecutivos evadir o eludir impuestos. Un caso sencillo, el del combustible de los vehículos personales, que se carga a la empresa, a la cual se le descuenta el impuesto, y todos tan felices.

Preocupa, eso sí, que cobre fuerza la tendencia de “maximizar” los recaudos, aún a costa del bienestar popular. Me refiero a la propuesta de eliminar las exenciones a los espectáculos artísticos y deportivos, al servicio de salud y los seguros de vida, o los establecimientos educativos. Porque eso significa que las empresas intermediarias de esos servicios trasladarán el gravamen al precio que las personas deban pagar por ellos. Resultado: pauperización de las personas.

También se habla de eliminar las exenciones al transporte aéreo de pasajeros, con lo que se nos hará más caro viajar, y, peor aún, ampliar el IVA (Impuesto al Valor Agregado, considerado en el mundo entero como el peor impuesto a los pobres) a las compras de bienes raíces nuevos; es decir, a casas y apartamentos, que son adquiridos, mayoritariamente, por la clase media.

En este último caso inmobiliario, significa que un techo valorado en $20 millones, por ejemplo, es decir relativamente barato, el comprador se haría cargo de $3,8 millones adicionales, y esta suma, pesa mucho en un presupuesto familiar.

Aunque considerado por algunos como un tema “frío”, a mi entender no lo es. Al contrario, es un tema caliente. Porque que falte el pan del desayuno, o el hijo se quede sin colegio, no es algo frío, sino caliente para el bienestar y las aspiraciones de las personas de recursos limitados. Y eso, también, trae consecuencias de malestares sociales, etcétera.

Los señores Vittorio Corbo (ex presidente del Banco Central) y José Pablo Arellano (ex ministro de Educación) proponen, por ejemplo, limitar a “situaciones muy excepcionales”, todo tipo de exenciones, de regímenes especiales y de franquicias. Y, por supuesto, “evitar” nuevos beneficios. El argumento es que esos mecanismos facilitan la evasión y la elusión, pero además, genera inequidades económicas e ineficiencias tributarias.

Es sano, pues, que los aspirantes al sillón de La Moneda pongan las cartas sobre la mesa. Los electores tendríamos más elementos de juicios al momento de depositar nuestros votos en las urnas, en conciencia, y no arrastrados por consignas o banderines que por bonitos que luzcan o suenen, puedan al final quitarnos el pan del desayuno, y dejar sin estudio a los hijos.

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