Cuatro cuentos breves de Luis Fayad

Luis Fayad nació en Bogotá en 1945 y en los años 60s empezó a trabajar como periodista y a publicar cuentos y notas literarias en revistas y periódicos nacionales y extranjeros. Hizo cursos de Sociología en la Universidad Nacional de Colombia y en 1975 viajó a París donde continuó con sus ocupaciones, al lado de otras que le proporcionaban el sustento. Vivió en Barcelona y Estocolmo, y en la actualidad vive en Berlín, Alemania. Ha publicado las novelas Los parientes de Ester(1978), Compañeros de viaje(1991) y La caída de los puntos cardinales(2000), y los libros de cuentos Los sonidos del fuego (1968), Olor de lluvia (1974), Una lección de la vida (1984), La carta del futuro(1993), El regreso de los ecos(1993)y Un espejo después (1995). Reproduzco tres de sus cuentos breves: ‘Mensaje de medianoche’, ‘Mala suerte’ y ‘Reencuentro con una mujer’ o ‘Reencuentro’; estos dos, en realidad, versiones de una misma historia, según pude hallar, que cada quien podrá evaluar, comparativamente o como historias separadas.

Mensaje de medianoche    Desde hacía un mes la rata rondaba todas las noches por el apartamento. Leoncio la oía, dueña del lugar, y había ensayado deshacerse de ella instalando trampas y rociando veneno por el piso. También en vano obstruyó los agujeros de los rincones y se paró amenazante con una escoba detrás de las puertas. Al cabo del mes Leoncio se notó a sí mismo con el carácter cambiado, y escribió una nota: “Por favor, déjeme tranquilo”. La colocó en el piso de la cocina y se acostó confiado, pero lo único que varió durante la noche fue el pasearse impaciente de la rata, y a la mañana siguiente, cuando leyó de nuevo la nota, Leoncio tuvo la impresión de que iba dirigida a él.

Mala suerte    Desde el paradero del bus Leoncio observa los esfuerzos de un hombre por permanecer asido a la viga de un edificio. Algunos automóviles se detienen y los transeúntes empiezan a agruparse, y ya en calidad de testigos susurran palabras apresuradas sin atreverse a emitir un presagio. Angustiado, Leoncio piensa en que el bus puede venir sin asientos libres, y abstraído recorre con la mirada el trayecto del hombre desde la viga hacia el suelo. Cuando el bus aparece, Leoncio sube de prisa y busca sin éxito un puesto vacío. Mala suerte, piensa.

Reencuentro con una mujer    La mujer le dejó saber con la mirada que quería decirle algo. Leoncio accedió, y cuando ella se apeó del bus él la siguió. Fue tras ella a corta pero discreta distancia, y luego de alejarse a un lugar solitario la mujer se volvió. Sostenía con mano firme una pistola. Leoncio reconoció entonces a la mujer ultrajada en un sueño y descubrió en sus ojos la venganza.

–Todo fue un sueño –le dijo–. En un sueño nada tiene importancia.

La mujer no bajó la pistola.

–Depende de quién sueñe.

Reencuentro    La mujer le dejó saber con la mirada que quería decirle algo. Leoncio accedió, y cuando ella se apeó del bus él hizo lo mismo. La siguió a corta pero discreta distancia, y luego de algunas cuadras la mujer se volvió. Sostenía con mano firme una pistola. Leoncio reconoció entonces a la mujer ultrajada en un sueño y descubrió en sus ojos la venganza.

–Todo fue un sueño –le dijo–. En un sueño nada tiene importancia.

–Depende de quién sueñe –dijo la mujer–. Este también es un sueño.

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