Fragmento de ‘Rana’, de Mo Yan, el Nobel 2012

Señor, en mi pueblo, teníamos la antigua tradición de bautizar a los niños recién nacidos con los nombres de los órganos o de las partes del cuerpo importantes. Por ejemplo, Chen Bi, el Narizón; Zhao Yan, el Ojitos; Wudachang, la Tripa; Sun Jian, los Hombros… Sin embargo, aunque no he estudiado el origen de esta tradición, supongo que debe provenir del convencimiento de que “los nombres humildes dan longevidad”, o posiblemente se hiciera porque las madres consideraban que los hijos eran carne que se separaba de sus cuerpos. Hoy en día, esta tradición está ya obsoleta; los padres jóvenes no quieren llamar a sus hijos de una manera extraña. Ahora, los chavales de mi pueblo tienen nombres tan elegantes y peculiares como los de los personajes de las series de televisión de Hong Kong y Taiwán, es decir, de Japón y Corea. Y los muchachos que recibieron los nombres según la vieja tradición han dejado de usarlos, aunque siempre hay excepciones como Chen Er (oreja) y Chen Mei (ceja).

El padre de Chen Er y Chen Mei, Chen Bi, fue conmigo a la escuela y más tarde fue mi amigo en la adolescencia. Nos incorporamos en el año 1960 a la Escuela Primaria de Dayanglan. Era una época de hambruna, así que todos los acontecimientos inolvidables que guardo en mi memoria de entonces están vinculados, sin duda, con la comida. Imagino que todavía recordará la famosa historia de que comíamos carbón. Mucha gente estaba convencida de que era un invento burlesco. No obstante, le juro por mi tía que era verdad.

La mina de Longkou contaba con una tonelada del mejor carbón; jamás he visto un carbón tan brillante como ese, capaz de reflejar las caras de quienes se pusieran delante. Recuerdo también que esa fue la única vez que encontré aquellas joyas negras. Wang Jiao, el carretero, transportaba el carbón desde el centro del distrito hacia nuestro pueblo. Era un hombre con la cabeza gigante y un cuello fuerte, y cuando hablaba se le enrojecía la cara porque era tartamudo. Sin embargo, en sus ojos brillaba la luz de la inteligencia. Su hijo Wang Gan y su hija Wang Dan iban conmigo a clase. Son gemelos bivitelinos. Él es alto y fuerte pero ella siempre ha sido muy bajita, o mejor dicho, casi enana. Mucha gente dice que cuando los dos estaban en el cuerpo de su madre, el hermano se apoderó de casi todos los nutrientes y apenas los compartió con su hermana. Por eso, Wang Dan salió diminuta.

Un día, al salir de la escuela, vimos que su padre estaba descargando el carbón del carro. Nos acercamos con mucha curiosidad. Los pedazos de carbón aterrizaron uno por uno en el suelo, mientras que las gotas de sudor de Wang Jiao se deslizaban una por una de su cuello al carbón. Sacó un pañuelo azul para secarse, y justo en ese momento vio a sus hijos mirando, fisgando, husmeando el carro. Entonces les gritó:

–Volved a casa a cortar el césped.

Wang Dan se dio la vuelta y empezó a correr. Si se descuidaba perdería el ritmo y correría desacompasadamente, como si fuera una niña aprendiendo a andar. Wang Gan solo retrocedió un poco, sin inmutarse, porque estaba muy orgulloso del trabajo de su padre. Hoy en día este orgullo es inexistente, incluso para los chicos cuyos padres son pilotos.

El carro, que tenía dos enormes ruedas polvorientas, estaba tirado por un mulo y un caballo de batalla, al que premiaron con un estigma en la grupa por transportar proyectiles durante la guerra. El mulo tenía un temperamento irritable; solía hacer daño a la gente con las patas traseras y a veces mordía, pero las ventajas que tenía eran su fuerza inagotable y su velocidad incomparable. La única persona de nuestro pueblo que podía controlarlo era Wang Jiao. Mucha gente envidiaba su trabajo, pero dejaron de hacerlo porque tenían miedo de ese mulo rabioso. El animal había herido a dos niños con su gran hocico. El primero fue Yuan Sai, hijo de Yuan Lian, y la segunda fue Wang Dan. Un día, el carro estaba atado a la puerta de su casa y esta chica diminuta empezó a jugar delante del cuadrúpedo. De repente, el animal la cogió por la cabeza con su gran hocico y la levantó por los aires.

Wang Jiao era una persona a la que respetábamos y temíamos debido a su altura y a su fuerza. Medía un metro noventa y era tan fuerte como un toro. Era capaz de levantar sin apenas esfuerzo una piedra de molino de cien kilos por encima de la cabeza, gracias a sus musculosos brazos. Supongo que para nosotros lo más horroroso era su inmisericorde látigo. Todavía recuerdo el día en que el loco mulo hirió a Yuan Sai en la cabeza. Wang Jiao engalgó su carro, fijó los pies en el suelo, levantó el látigo y empezó a dar golpes al mulo en la grupa. A cada golpe le seguía una herida sangrienta y le acompañaba un horrible ruido. Al principio, el mulo levantó las patas traseras para defenderse, pero fue en vano. Enseguida agachó la cabeza, se tumbó en el suelo y se quedó ahí temblando. Al final, el padre de Yuan Sai, Yuan Lian, Secretario de una célula del Partido Comunista, cuyo cargo era el más elevado en nuestro pueblo, dijo:

–Señor Wang, no lo mate.

Como Wang Jiao no se atrevía a desobedecer sus palabras, cesó. Por eso, cuando el mulo hirió a Wang Dan, deseábamos ver otro espectáculo parecido al de Yuan Sai, pero en cambio no fue como esperábamos. Tan solo cogió un poco de cal de la montaña que había junto al camino y la echó por encima de la cabeza de su hija. Según dicen, después de llegar a casa no golpeó al mulo sino que le dio un latigazo a su esposa y un puntapié a Wang Dan.

No perdíamos de vista a ese mulo loco y hablábamos sin parar de ese animal esquelético, que tenía los ojos tan hundidos que hasta le hubiera cabido un huevo en cada cuenca. Percibimos una mirada tan desesperada que parecía que se iba a poner a llorar en cualquier momento. No podíamos imaginar que un mulo tan flaco como ese pudiese tener una fuerza tan extraordinaria. Estábamos discutiendo sobre el tema a medida que nos acercábamos al animal cuando Wang Jiao nos vio, dejó de trabajar y nos clavó una mirada espantosa, tanto que no nos atrevimos ni a dar un paso más. Enseguida vació el carbón del carro y lo amontonó delante de la cocina de la escuela. Justo en ese momento, un olor fantástico impregnó nuestros olfatos y todos empezamos a acercarnos a él a la vez. El olor a colofonia quemada, que a veces se parece al de la patata asada, provenía de una pila de carbón, de un carbón reflectante.

Ese día, cuando Wang Jiao se fue de la escuela, no le perseguimos como siempre hacíamos para saltar en su carro, arriesgándonos a ser castigados por su látigo, sino que nos quedamos mirando fijamente al carbón y avanzamos poco a poco hacia él. Vimos al cocinero Wang dirigirse hacia la cocina con una vara sobre los hombros y un cubo pendiendo de cada lado. Su hija Wang Renmei era una de las pocas niñas de nuestro pueblo a la que no le habían puesto el nombre de ninguna parte del cuerpo, y también era la niña de mi clase que más adelante se convertiría en mi esposa. Wang era un señor muy educado y se había encargado de la granja de la comuna hasta que le despidieron por decir unas palabras fuera de tono. Nos miró con sospecha; posiblemente pensaba que íbamos a entrar en la cocina a robar comida, por lo que nos dijo:

–¿Qué coño estáis haciendo aquí? Volved a casa a chuparle las tetas a vuestra madre.

Estas palabras se clavaron en nuestros oídos y después de darle vueltas a lo que nos había dicho llegamos a la conclusión de que no era nada más que un insulto, porque si en aquella época todos éramos niños de siete u ocho años, ¿cómo íbamos a seguir alimentándonos de leche materna? Y aunque hubiésemos querido seguir tomando leche, dado que nuestras madres se estaban muriendo de hambre, ¿cómo iban a ser siquiera capaces de ofrecérnosla? Pero en ese momento nadie le llevó la contraria a Wang.

(‘Rana’ es la más reciente novela de Mo YanTraducción del chino por Yifan Li. Editada por Cora Tiedra. Editorial Kailas)

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3 Respuestas a “Fragmento de ‘Rana’, de Mo Yan, el Nobel 2012

  1. Pingback: Bitacoras.com

  2. La decisión de la Academia Sueca de otorgar el Nobel de Literatura a Mo Yan es, para el disidente Ai Weiwei, “muy lamentable” y, “dicho con buenas palabras, insensible”:
    http://www.emol.com/noticias/magazine/2012/10/11/564313/disidente-y-artista-chino-ai-weiwei-critica-nobel-para-mo-yan-es-casi-insoportable.html

  3. Liao Yiwu tampoco encuentra adecuado el otorgamiento del Nobel de Literatura a Mo Yan. “Lo sentí como una bofetada”, dijo:
    http://www.emol.com/noticias/magazine/2012/10/13/564590/escritor-liao-yiwu-critica-duramente-a-nobel-de-literatura-mo-yan.html

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