Al fin leí ‘Bonsái’ de Alejandro Zambra

Solo ahora, después de varios años de gloria del libro, leo ‘Bonsái’, la primera novela del poeta Alejandro Zambra (foto). Su lectura es fácil, grata. Zambra escribió 40 páginas, que editorial Anagrama, mediante interlineados y cuerpo de los tipos, convirtió en un libro de 94. Su brevedad se deba, quizás, a su vocación de poeta: la palabra justa, la imagen fresca. Es una delicia leer ‘Bonsái’. Un manjar que de repente se termina. Lo que viene a continuación es pensar si se trata de una novela o de un cuento largo. El mismo autor no sabe resolver esta imprecisión, y apela a referirse, simplemente, a ‘Bonsái’ como “un libro”. Para los protagonistas, Emilia y Julio, la literatura es su razón de ser. De modo que buena parte de la trama de ‘Bonsái’ está sustentada en lecturas que han hecho los protagonistas, como la de Gustave Flaubert y su sempiterna ‘Madame Bovary’. Sin embargo, a diferencia del clásico francés, que lo hace oler a uno la boñiga y escuchar la voz de Emma y sus exhalaciones a escondidas con su amante, Zambra apela a ligeros trazos que forman el imaginario de la narración. Por esta razón, por sus referencias literarias, sentí que ‘Bonsái’ no puede ser para cualquier lector. Este enciclopedismo necesita un lector particular, alguien enamorado, también, de la literatura, para que pueda apreciar, cabalmente, el sentido de las referencias. Verbigracia: “Devino entonces en una costumbre esto de leer en voz alta –en voz baja– cada noche, antes de follar. Leyeron El libro de Monelle, de Marcel Schwob, y El pabellón de oro, de Yukio Mishima, que les resultaron razonables fuentes de inspiración erótica. Sin embargo, muy pronto las lecturas se diversificaron notoriamente: leyeron El hombre que duerme y La cosas, de Perec, varios cuentos de Onetti y de Raymond Carver, poemas de Ted Hugues, de Tomas Tranströmer, de Armando Uribe y de Kurt Folch. Hasta fragmentos de Nietzsche y de Émile Cioran leyeron. Un buen o un mal día el azar los condujo a las páginas de la Antología de la literatura fantástica de Borges, Bioy Casares y Silvina Ocampo. Después de imaginar bóvedas o casas sin puertas, después de inventariar los rasgos de fantasmas innombrables, recalaron en “Tantalia”, un breve relato de Macedonio Fernández que los afectó profundamente”. Esta clase de parrafadas no son para un lector corriente sino un lector domesticado. En el capítulo final me pareció que Zambra bajó la guardia, con la que principió, y prefirió esbozar lo que podría ser el argumento de una novela. Su borrador. Los trazos. Pero esto es solo mi impresión. Quizás porque quería seguir en la nube de sus vaivenes, como: “Ambos tenían quince años cuando comenzaron a salir, pero para cuando Emilia cumplió dieciséis y diecisiete el torpe siguió teniendo quince. Y así: Emilia cumplió dieciocho y diecinueve y veinticuatro, y él quince; veintisiete, veintiocho, y él quince, todavía, hasta los treinta de ella, pues Emilia no siguió cumpliendo años después de los treinta, y no porque a partir de entonces decidiera empezar a restarse la edad, sino debido a que pocos días después de cumplir treinta años Emilia murió, y entonces ya no volvió a cumplir años porque comenzó a estar muerta”. Seguir en esa nube, y todo se entrecorta.

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2 Respuestas a “Al fin leí ‘Bonsái’ de Alejandro Zambra

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