Archivo mensual: noviembre 2011

Educación, independientes y piloto Mallea

Gol. ¿Vieron el final de la sesión en la que se aprobó el presupuesto de Educación para el 2012? Los ministros Felipe Bulnes (foto, educación), Felipe Larraín (hacienda) y Cristián Larroulet (de Presidencia), levantaban los brazos y casi saltaban, como los futbolistas cuando su compañero mete gol. Sin entrar en el detalle de qué fue lo que aprobaron, la escena me hizo pensar que no fue algo en beneficio dela Educación. Fue un triunfo personal de esos ministros. Algunos críticos dijeron que lo aprobado, en término de cuantía, era menos que el presupuesto ejecutado en el 2010. Otros dijeron que el presupuesto aprobado era igual al del 2006. Y otros dijeron que sí hubo aumento del presupuesto, pero que los mecanismos y los puntajes para distribuirlo eran los mismos de siempre, o sea, nada ha cambiado. No sé cuál de todos tenga la razón. Pero la simple escena de los ministros cobrándose su victoria personal, me dejó una mala sensación de lo que realmente se aprobó parala Educación de los chilenos (de aquellos chilenos que tienen que trabajar más de 8 horas diarias para que sus hijos estudien, aquellos que si matriculan un hijo en la universidad tal vez no pueden matricular al otro, aquellos que quedan endeudados de por vida para pagar un crédito universitario).

Independientes. El presupuesto de Educación se aprobó gracias a 3 votos de congresistas independientes. Ellos son René Alinco, Pedro Velásquez y Miodrag Marinovic. Inmediatamente le cayeron encima con acusaciones los congresistas de la llamada Concertación, diciendo que habían recibido prebendas del gobierno a cambio del voto. O sea que “los compraron”. Los acusados lo negaron, y también el ministro Felipe Bulnes (educación). Por mi parte, me alegro de que sean independientes. Ya no se puede continuar con la creencia (prehistórica) de que uno no puede estar de acuerdo en algo puntual con alguien considerado de “la derecha” porque incurre en pecado, ni a favor de algo puntual con alguien considerado de “la izquierda” porque entonces es subversivo. Está bien que haya independientes. De esto se trata, de ejercer libremente, en conciencia, los derechos. No de otra manera se puede perfeccionar la Democracia. A esto debe conducir la eliminación del Sistema Binominal. A que nadie esté condicionado a ser “de izquierda” o “de derecha”, sino a pensar como se le de la gana, dentro de los cauces democráticos. ¿Han oído decir que Eduardo Frei perdió con Sebastián Piñera, por culpa de Marco Enríquez-Ominami? Qué afirmación más ridícula. No, no fue por culpa de ME-O que perdió Frei. Perdió porque no era una buena opción, como persona ni como colectividad Concertación. Esa costumbre de echarle la culpa a los demás ya no debe entorpecer la Democracia. Perdió porque era un mal candidato, fome, sin inteligencia, sin propuestas, lleno de odios. Quizás en otras elecciones gane, porque para eso es la Democracia, para que alguien que perdió, después pueda ganar. O alguien que ganó, después pueda perder, porque ha salido una alternativa mejor. Aplaudo la independencia de los independientes. Más adelante veremos si eso que se aprobó contribuye realmente a la Educación, y si realmente los independientes que votaron a favor del presupuesto obtuvieron prebendas o no.

Piloto. Debe estar destrozada la familia del teniente Juan Pablo Mallea, quien piloteaba el avión del accidente en la isla Juan Fernández, en que murieron Felipe Camiroaga, Roberto Bruce, Sylvia Slier, Carolina Gatica, Rodrigo Cabezón, Felipe Cubillos, Sebastian Correa, Joel Lizama, Catalina Vela, Jorge Palma, Joaquín Arnolds, Galia Díaz, Romina Irarrázabal, José Cifuentes, Rodrigo Fernández, teniente Carolina Fernández, cabo segundo Flavio Olivo, sargento primero Eduardo Jones, cabo primero Eduardo Estrada y cabo segundo Erwin Núnez. Debe estar destrozada porque trascendió que el teniente Mallea no era un piloto apto para pilotear, ni el aparato en el que pereció, ni ningún otro, pues era dueño de pésimas calificaciones, y tenía anotaciones tan sensibles y deplorables por parte de sus examinadores, como que “no sabía las tablas de multiplicar”, lo cual le impedía hacer cálculos rápidos como se requiere. Y aún así, lo dejaron pilotear ese avión de la tragedia, y sobre todo en un sitio tan difícil como la isla Juan Fernández, cuya pista es tanto como aterrizar o despegar de un portaviones. Y a su lado, irónicamente, iba de copiloto la teniente Carolina Fernández, de excelentes calificaciones y desempeño sobresaliente. Aquí cabe el dicho según el cual “la verdad es dura”. Pero más allá de los lamentables antecedentes,la Fuerza Aérea de Chile (y todas las instituciones, en realidad) debe tomar conciencia de la necesidad de ser más severos y disciplinados con su línea de mando, en bien de la propia institución y de la Democracia.

Pequeña parábola de “Chindo” perro de ciego: Cela

“Chindo” es un perrillo de sangre ruin y de nobles sentimientos. Es rabón y tiene la piel sin lustre, corta la alzada, flácidas las orejas. “Chindo” es un perro hospiciano y sentimental, arbitrario y cariñoso, pícaro a la fuerza, errabundo y amable, como los grises gorriones de la ciudad. “Chindo” tiene el aire, entre alegre e inconsciente, de los niños pobres, de los niños que vagan sin rumbo fijo, mirando para el suelo en busca de la peseta que alguien, seguramente, habrá perdido ya.

“Chindo”, como todas las criaturas del Señor, vive de lo que cae del cielo, que a veces es un mendrugo de pan, en ocasiones una piltrafa de carne, de cuando en cuando un olvidado resto de salchichón, y siempre, gracias a Dios, una sonrisa que sólo “Chindo” ve.

“Chindo”, con la conciencia tranquila y el mirar adolescente, es perro entendido en hombres ciegos, sabio en las artes difíciles del lazarillo, compañero leal en la desgracia y en la obscuridad, en las tinieblas y en el andar sin fin, sin objeto y con resignación.

El primer amo de “Chindo”, siendo “Chindo” un cachorro, fue un coplero barbudo y sin ojos, andariego y decidor, que se llamaba Josep, y era, según decía, del caserío de Soley Avall, en San Juan de las Abadesas y a orillas de un río Ter niño todavía.

Josep, con su porte de capitán en desgracia, se pasó la vida cantando por el Ampurdán yla Cerdaña, con su voz de barítono montaraz, un romance andarín que empezaba diciendo:

Si t´agrada córrer mon,

algun dia, sense pressa,

emprèn la llarga travessa

de Ribes a Camprodon,

passant per Caralps i Núria,

per Nou Creus, per Ull de Ter

i Setcases, el primer

llogaret de la planúria.

“Chindo”, al lado de Josep, conoció el mundo de las montañas y del agua que cae rodando por las peñas abajo, rugidora como el diablo preso de las zarzas y fría como la mano de las vírgenes muertas. “Chindo”, sin apartarse de su amo mendigo y trotamundos, supo del sol y de la lluvia, aprendió el canto de las alondras y del minúsculo aguzanieves, se instruyó en las artes del verso y de la orientación, y vivió feliz durante toda su juventud.

Pero un día… como en fábulas desgraciadas, un día Josep, que era ya muy viejo, se quedó dormido y ya no se despertó más. Fue enla Fontde Sant Gil, la que está sota un capelló gentil.

“Chindo” aulló con el dolor de los perros sin amo ciego a quien guardar, y los montes le devolvieron su frío y desconsolado aullido. A la mañana siguiente, unos hombres se llevaron el cadáver de Josep encima de un burro manso y de color ceniza, y “Chindo”, a quien nadie miró, lloró su soledad en medio del campo, la historia –la eterna historia de los dos amigos Josep y “Chindo”– a sus espaldas y por delante, como en la mar abierta, un camino ancho y misterioso.

¿Cuánto tiempo vagó “Chindo”, el perro solitario, desdela Seoa Figueras, sin amo a quien servir, ni amigo a quien escuchar, ni ciego a quien pasar los puentes como un ángel? “Chindo” contaba el tránsito de las estaciones en el reloj de los árboles y se veía envejecer –¡once años ya!– sin que Dios le diese la compañía que buscaba.

Probó a vivir entre los hombres con ojos en la cara, pero pronto adivinó que los hombres con ojos en la cara miraban de través, siniestramente, y no tenían sosiego en el mirar del alma. Probó a deambular, como un perro atorrante y sin principios, por las plazuelas y por las callejas de los pueblos grandes –de los pueblos con un registrador, dos boticarios y siete carnicerías– y al paso vio que, en los pueblos grandes, cien perros se disputaban a dentelladas el desmedrado hueso de la caridad. Probó a echarse al monte, como un bandolero de los tiempos antiguos, como un José María el Tempranillo, a pie y en forma de perro, pero el monte le acuñó en su miedo, la primera noche, y lo devolvió al caserío con los sustos pegados al espinazo, como caricias que no se olvidan.

“Chindo”, con gazuza y sin consuelo, se sentó al borde del camino a esperar que la marcha del mundo lo empujase adonde quisiera, y, como estaba cansado, se quedó dormido al pie de un majuelo lleno de bolitas rojas y brillantes como si fueran de cristal.

Por un sendero pintado de color azul bajaban tres niñas ciegas con la cabeza adornada con la pálida flor del peral. Una niña se llamaba María, la otra Nuria y la otra Montserrat. Como era el verano y el sol templaba el aire de respirar, las niñas ciegas vestían trajes de seda, muy endomingados, y cantaban canciones con una vocecilla amable y de cascabel.

“Chindo”, en cuanto las vio venir, quiso despertarse, para decirles:

–Gentiles señoritas, ¿quieren que vaya con ustedes para enseñarles dónde hay un escalón, o dónde empieza el río, o dónde está la flor que adornará sus cabezas? Me llamo “Chindo”, estoy sin trabajo y, a cambio de mis artes, no pido más que un poco de conversación.

“Chindo” hubiera hablado como un poeta dela Edad Media.Pero “Chindo” sintió un frío repentino. Las tres niñas ciegas que bajaban por un sendero pintado de azul se fueron borrando tras una nube que cubría toda la tierra.

“Chindo” ya no sintió frío. Creyó volar, como un leve vilano, y oyó una voz amiga que cantaba:

Si t´agrada córrer mon,

algun dia, sense pressa…

“Chindo”, el perrillo de sangre ruin y de nobles sentimientos, estaba muerto al pie del majuelo de rojas y brillantes bolitas que parecían de cristal.

Alguien oyó sonar por el cielo las ingenuas trompetas de los ángeles más jóvenes.

Camilo José Cela (foto)

Pilar Donoso descansa en paz: Natalia Donoso

La hija de Pilar Donoso, quien la halló muerta este 15 de noviembre, Natalia Donoso (foto, en brazos de su madre), se refirió en términos desolados a los hechos posteriores a aquel doloroso episodio: “Han desfilado frente a mis ojos un sinnúmero de artículos y comentarios acerca de la muerte de mi madre; ninguno, salvo una excepción que me conmovió hasta las lágrimas, ha hecho justicia a la verdad, a la compasión y por sobre todo al sufrimiento que una familia, la mía, está viviendo intensamente. No sólo periodistas sin criterio, sino que para mi sorpresa también familiares muy cercanos se han colgado de esta lamentable noticia, aparentemente con el afán de ‘hacerse un nombre’, hecho que no sólo me resulta morboso, sino que inmoral y cruel”.

“Se han dicho muchas cosas; que el libro ‘Correr el tupido velo’ fue el detonante de la decisión de mi madre, que la homosexualidad de mi abuelo fue demasiado para ella, que sus hijos la abandonaron (cosa que en ningún caso es real), y la teoría más sensacionalista y absurda de todas: que el destino de mi madre ya había sido escrito por mi abuelo, José Donoso”.

“Uno no debería conocer los pensamientos más íntimos de nadie. Menos los de sus propios padres”, decía Pilar Donoso, lo que Natalia destaca en su carta. “Esto, no sólo porque puede ser muy doloroso, sino también porque un escrito no refleja necesariamente la realidad, es una mera interpretación de una persona en particular en un momento dado”.

“No se puede reconstruir una verdad sólo basándose en lo que una persona dice en un momento dado, todos tenemos pensamientos, deseos, rencores, iras, penas, alegrías, que al ser plasmadas en el papel no lo hacen menos subjetivas, más bien al contrario”.

Natalia señala que la de sus abuelos es “una historia cargada de humanidad, en sus rasgos más descarnados, pero también en los más idílicos. Yo no sé mucho de la vida cotidiana de mis abuelos, yo era muy niña cuando ellos murieron, pero lo que sí puedo decir es que fui su adoración, esto claramente a raíz de ser la primera nieta”.

De la relación de su madre y sus padres dijo que “fue intensa, como era ella, con altos y bajos, pero siempre, con un tremendo cariño y respeto. A pesar de todos los defectos que tenían los tres, puedo decir que se quisieron con devoción, y que todas aquellas personas que han publicado lo contrario están muy equivocadas”.

“Mi mamá, Pilar Donoso, fue una mujer excepcional”.

“Teníamos caracteres demasiado fuertes, lo que nos hacía involucrarnos en constantes peleas y conflictos”, pero “siempre fue una mujer cálida, vital. Me entregó mucho más de lo que sería capaz de redactar. Sí, es cierto que los últimos años fueron difíciles, que ella no estaba bien, pero eso, en ningún caso podrá borrar de la memoria de quienes la amamos todos esos años de cariño, entrega y ternura”.

De sus padres Natalia dijo que “ellos se amaron tremendamente, pero, como muchas veces sucede, las cosas dejaron de funcionar” y agregó que su madre “era casi un semidiós, algo a lo que yo nunca podría aspirar. Así de intensas eran nuestras relaciones”.

“Hoy, que no la tengo a mi lado, me lamento. Sufro. Pero es un sufrimiento egoísta, por la falta que me hará en mi vida, porque no verá crecer a su nieto (…) porque no estará en mi matrimonio, porque no la tendré para esas largas conversaciones todas las mañanas. Extrañaré su calor, su amor, su olor, incluso sus rasgos más oscuros y negativos; porque quienes la amamos realmente la amamos así, tal cual era, y seguirá siendo en nuestros corazones. Yo la ame con todo mi corazón”.

“Soy una convencida de que finalmente puede descansar en paz, y desde donde esté logrará todo lo que siempre buscó: pertenecer a un lugar y reunirse con los suyos. No le guardo rencor, y no dejaré que nadie intente inculcarme esa idea, porque yo tengo más que claro que mi madre me amó muchísimo, que escribió un libro del carajo, que fue mucho más valiente que la mayoría de nosotros, y que un buen día se fue al lugar donde pertenecía”.

“Nunca las sabremos (las causas de su aparente suicidio). Pilar Donoso corrió el tupido velo, y se llevó con ella un secreto, tan íntimo, que sólo conoceré el día que me reencuentre con ella”, puntualiza la carta de Natalia Donoso.

“Paseo nocturno” de Rubem Fonseca

Llegué a la casa cargando la carpeta llena de papeles, relatorios, estudios, investigaciones, propuestas, contratos. Mi mujer, jugando solitario en la cama, un vaso de whisky en el velador, dijo, sin sacar lo ojos de las cartas, estás con un aire de cansado. Los sonidos de la casa: mi hija en el dormitorio de ella practicando impostación de la voz, la música cuadrafónica del dormitorio de mi hijo. ¿No vas a soltar ese maletín?, preguntó mi mujer, sácate esa ropa, bebe un whisky, necesitas relajarte.

Fui a la biblioteca, el lugar de la casa donde me gustaba estar aislado y como siempre no hice nada. Abrí el volumen de pesquisas sobre la mesa, no veía las letras ni los números, yo apenas esperaba. Tú no paras de trabajar, apuesto que tus socios no trabajan ni la mitad y ganan la misma cosa, entró mi mujer en la sala con un vaso en la mano, ¿ya puedo mandar a servir la comida?

La empleada servía a la francesa, mis hijos habían crecido, mi mujer y yo estábamos gordos. Es aquel vino que te gusta, ella hace un chasquido con placer. Mi hijo me pidió dinero cuando estábamos en el cafecito, mi hija me pidió dinero en la hora del licor. Mi mujer no pidió nada, nosotros teníamos una cuenta bancaria conjunta.

¿Vamos a dar una vuelta en el auto? Invité. Yo sabía que ella no iba, era la hora de la teleserie. No sé qué gracia tiene pasear de auto todas las noches, también ese auto costó una fortuna, tiene que ser usado, yo soy la que se apega menos a los bienes materiales, respondió mi mujer.

Los autos de los niños bloqueaban la puerta del garaje, impidiendo que yo sacase mi auto. Saqué el auto de los dos, los dejé en la calle, saqué el mío y lo dejé en la calle, puse los dos carros nuevamente en el garaje, cerré la puerta, todas esas maniobras me dejaron levemente irritado, pero al ver los parachoques salientes de mi auto, el refuerzo especial doble de acero cromado, sentí que el corazón batía rápido de euforia. Metí la llave en la ignición, era un motor poderoso que generaba su fuerza en silencio, escondido en el capó aerodinámico. Salí, como siempre sin saber para dónde ir, tenía que ser una calle desierta, en esta ciudad que tiene más gente que moscas. Enla Avenida Brasil, allí no podía ser, mucho movimiento. Llegué a una calle mal iluminada, llena de árboles oscuros, el lugar ideal. ¿Hombre o mujer?, realmente no había gran diferencia, pero no aparecía nadie en condiciones, comencé a quedar un poco tenso, eso siempre sucedía, hasta me gustaba, el alivio era mayor. Entonces vi a la mujer, podía ser ella, aunque una mujer fuese menos emocionante, por ser más fácil. Ella caminaba apresuradamente, llevando un bulto de papel ordinario, cosas de la panadería o de la verdulería, estaba de falda y blusa, andaba rápido, había árboles en la acera, de veinte en veinte metros, un interesante problema que exigía una dosis de pericia. Apagué las luces del auto y aceleré. Ella sólo se dio cuenta que yo iba encima de ella cuando escuchó el sonido del caucho de los neumáticos pegando en la cuneta. Di en la mujer arriba de las rodillas, bien al medio de las dos piernas, un poco más sobre la izquierda, un golpe perfecto, escuché el ruido del impacto partiendo los dos huesazos, desvié rápido a la izquierda, un golpe perfecto, pasé como un cohete cerca de un árbol y me deslicé con los neumáticos cantando, de vuelta al asfalto. Motor bueno, el mío, iba de cero a cien kilómetros en once segundos. Incluso pude ver el cuerpo todo descoyuntado de la mujer que había ido a parar, rojizo, encima de un muro, de esos bajitos de casa de suburbio.

Examiné el auto en el garaje. Pasé orgullosamente la mano suavemente por el guardabarros, los parachoques sin marca. Pocas personas, en el mundo entero, igualaban mi habilidad en el uso de esas máquinas.

La familia estaba viendo la televisión. ¿Ya dio su paseíto, ahora estás más tranquilo?, preguntó mi mujer, acostada en el sofá, mirando fijamente el video. Voy a dormir, buenos noches para todos, respondí, mañana voy a tener un día horrible en la compañía.

(Traducción de Paula Vera)

Rubem Fonseca (foto)

Roberto Ampuero, embajador en México

Embajador. El escritor Roberto Ampuero (foto) fue nombrado embajador de Chile en México. Se habla de la amistad personal que une al escritor con el presidente Sebastián Piñera. Primero, fue nombrado miembro del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, Conalca, y ahora embajador en México. Esta semana, el escritor fue el presentador de las memorias de monseñor Bernardino Piñera en la Universidad Finis Terrae. “La otra mujer”, la última novela publicada de Roberto Ampuero, la reseñamos como de muy regular factura, indigna de alguien con libros anterior de mejor lenguaje, argumento y estructura. Está casado con la guatemalteca Ana Lucrecia Rivera, quien fuera embajadora en la RDA (1987-1992), Chile (1995-1998) y Suecia (1998-2000).

Efemérides. Un día como hoy, pero de 1562 nacía en Madrid el dramaturgo y poeta Lope de Vega. Un día como hoy de 1867, el químico sueco Alfred Nobel patentó la dinamita. El 25 de noviembre de 1941 muere el presidente de Chile Pedro Aguirre Cerda.

Piedad Bonnett ganó el Casa de América 2011

Con la consigna de “estimular la nueva escritura poética en el ámbito iberoamericano, con especial atención a poemas que abran o exploren perspectivas inéditas y temáticas renovadoras”, acaba de ser otorgado el XI Premio “Casa de América” de Poesía Americana al libro Explicaciones no pedidas de la poeta colombiana Piedad Bonnett (foto).

El premio está dotado con 6.000 euros y la publicación de la obra por la editorial Visor Libros. Se presentaron 391 obras de 22 países, y el jurado destacó “su inteligencia, su delicadeza y sus recursos poéticos, que consiguen establecer un dialogo unitario entre la imaginación y la realidad”, en la obra de Piedad Bonnett.

El Jurado Calificador estuvo integrado por Julia Escobar, Luis García Montero, Jesús García Sánchez, Waldo Leyva, Andrés Pérez Perruca, Benjamín Prado y Anna María Rodríguez Arias (secretaria).

Antes de Piedad Bonnett con Explicaciones no pedidas, ganaron Waldo Leyva (Cuba) en 2010 con El rumbo de los días; Juan Manuel Roca (Colombia) en 2009 con Biblia de pobres; Jorge Boccanera (Argentina) en 2008 con Palma Real; Omar Lara (Chile) en 2007 con Papeles de Harek Ayun; Oscar Hahn (Chile) en 2006 con En un abrir y cerrar de ojos; Marco Antonio Campos (México) en 2005 con Viernes en Jesrusalén; Edwin Madrid (Ecuador) en 2004 con Mordiendo el frío; Ramón Cote (Colombia) en 2003 con Colección privada; Claudia Masín (Argentina) en 2002 con La vista y Eduardo Chirinos (Perú) en 2001 con Breve historia de la música. He aquí tres poemas de libros anteriores de Piedad Bonnet:

Confesión
Para tus ojos / quisiera yo beber el dulce azogue, / y amanecer cubierta de polvo de metales / como una joven faraona muerta. / Robarles su color a los almendros, / y hundiéndome en el lodo feraz de los pantanos / lustrar mi desnudez / para tus ojos. / Recuperar la luz de las espadas / y hacerla batallar en mis pupilas. / Tomarme espléndida / como una esclava etrusca, cuya cabeza calva / perturba el sueño de los mercaderes, / como iracunda araña al sol del mediodía, / como la dentadura feroz de los guerreros, / como el líquido / despertar matutino de las dianas. / ( Pero todo esto no es sino literatura / y debo resignarme a sonreírte / sin existir, quizá, para tus ojos. )

Tu nombre

Cuando el dolor ha triturado ya el último hueso de mi noche / y sólo habla el silencio al corazón insomne que hila / y deshila penas y memorias / viene tu nombre hasta mi cuarto a oscuras. / Con un galope seco viene tu nombre abriendo / un camino entre nieblas / instaurando sus voces sus redobles / sus erres que retumban como un grito de guerra / su bronco acento de campana rota. / Tu nombre es tantas cosas: / el recuerdo de un barco que viene de ultramar y sus tercos marinos / el fuego entre la piedra / gota roja / que va tiñendo la pared del alba. / En él puede escucharse la voz de los que creen / con mística implacable y fe colérica. / Pero es también dulzura tu nombre / muro blanco donde mi mano traza los signos del sosiego / lugar donde recuesto mi cabeza. / Entre tu nombre y tú sin embargo un silencio / una grieta nocturna donde anidan los pájaros.

Laberinto

Condenada a ser sombra de tu sombra, / a soñar con tu nombre en cada madrugada. / Por la ventana abierta un olor errabundo / de vida, –¿y tú en que calle? – / un temblor en la luz, / el llanto de algún niño. / Y tus ojos cerrados, / o tus ojos abiertos como dos golondrinas, / y tu mano en el agua o tu mano en tu pelo / o tu mano en el aire con su triste blandura, / –¿y en qué calle tus pasos?– / y yo en sueños atada al hilo de tus sueños, / condenada a ser sombra de tu sombra, / a soñar con tu nombre en cada madrugada.

En Chile, la autoridad exalta a los criminales

El alcalde de la comuna (barrio) Providencia, de Santiago de Chile, Cristián Labbé (foto), ex escolta del dictador Augusto Pinochet y acogido por la democracia, promovió y prestó un local municipal, el Club Providencia, para agasajar y homenajear al ex general de la dictadura, Miguel Krassnoff, procesado y condenado a más de 130 años de prisión por crímenes y desapariciones de personas, pena que cumple en un recinto privilegiado.

Sí, leyeron bien: un alcalde exalta a un sujeto que está condenado por la justicia por violaciones de los derechos humanos y delitos de lesa humanidad.

Sí, ¡un alcalde exalta a un criminal condenado!

Sí, ¡un alcalde promovió y prestó el local municipal para agasajar a un sujeto condenado por la justicia a más de 130 años de prisión!

Increíble, que en Chile de hoy día, el Chile del siglo 21, país con ínfulas de desarrollado, se esté exaltando a los criminales, y se haga desde la posición de autoridad comunal.

El señor Labbé, desagradecido de la democracia, puede tener su pasado, pero no puede confundir su posición en el esquema estatal, y menos puede tratar de burlarse impunemente. No debería poder hacerlo.

El país está mal. Está enfermo del alma.

Y también, el señor Cristián Labbé, un ex escolta de los tiempos de la dictadura, está provocando a la sociedad.

Y en especial, está provocando al gobierno de Sebastián Piñera, que no ha tenido la reciedumbre para encarar este asunto. El presidente se limitó a poner un mensaje en twitter (una vía informal para la dignidad del Presidente de la República) diciendo que no comparte las violaciones de los derechos humanos.

El asunto es que Labbé, saboteador de la democracia, pertenece al ala ultra conservadora, la Unión Demócrata Independiente, UDI, mientras que el presidente Piñera es del ala conservadora pero menos radical, Renovación Nacional (RN). Y los dos partidos se unieron en las pasadas elecciones para formar la Coalición para el Cambio, que finalmente ganó en las urnas.

Pero la UDIes mayoría frente a RN, y quiere hacer valer eso.

Pero, en el Chile de hoy, ¿un alcalde homenajeando a un homicida condenado por la justicia?

¿Quiere el señor Labbé, burlarse no solo de RN sino también de la Justicia?

Eso no es “libertad de expresión”, como cínicamente lo dice el señor Labbé. ¿Desde cuándo la autoridad reclama “libertad de expresión”? ¡El mundo al revés! Libertad de expresión es la de los estudiantes, por ejemplo, que quieren estudiar sin que sus familias queden arruinadas, y él, como alcalde, los reprime. Hipócrita manera de ser.

¿Qué maldición ha caído sobre Chile? ¡Dios libre a Chile de tiempos oscuros!, porque parece que no serán los hombres los que lo hagan. Hay que orar para que las tinieblas cesen…

Caso TVN-Camiroaga: la triste condición humana

Excelente crónica de Paula Comandari en La Tercera, sobre las circunstancias que se desprenden de la muerte del mejor animador de Chile, Felipe Camiroaga (foto), en particular desde el punto de vista de su familia, y desde la concepción que tiene el canal oficial TVN de lo que cabe como su responsabilidad.

Llama la atención la situación creada por la doble condición del canal oficial, que siendo “oficial” y representar a los gobiernos y el Estado, se muestra jurídicamente, desde el punto de vista financiero, como “privado”. Y dentro de su gestión está el pago al personal, al que considera que son empleados “de empresa privada”.

Esta ambigüedad es lamentable, porque abre espacios a asuntos poco transparentes, como la permanencia de Consuelo Saavedra, la esposa del entonces ministro de Hacienda, Andrés Velasco, como presentadora del noticiero en esa época, en clara violación a la ética periodística. Pero el argumento fue: el ministro es “público” y la esposa “privada”. A ambos se les pagaba con dinero del erario. Y ahora, lo que se sabe es que, en su modelo “privado” de gestión, el canal no tenía en su nómina de empleados a Felipe Camiroaga.

Era un contratista privado, aunque su función consistía, exclusivamente, la de elevar la imagen popular del “canal de todos los chilenos”. Pero para efecto de indemnización a la familia de Felipe Camiroaga, porque éste perdió la vida al ser puesto en condiciones riesgosas y sin seguro de vida, “el canal público no puede disponer de dineros para eso. A diferencia de un canal privado, las platas de la estación estatal pertenecen a todos los chilenos”. Tal fue la explicación de un ejecutivo de TVN.

Y lo que resulta de campeonato, es la actitud del canal público TVN de culpar a Desafío Levantemos Chile por la tragedia de Felipe Camiroaga, ya que fue esa institución la que “organizó el viaje e invitó al equipo de Buenos días a todos”.

¿Qué clase de empleador es el canal público TVN? Si así trata a su máxima estrella, ¿qué se puede esperar del resto de las personas, y de los contenidos que emite? Porque, al mismo tiempo que se lava las manos de su responsabilidad por la muerte de Felipe Camiroaga, se quejaba de que había una campaña de desprestigio contra su máxima estrella, y llegó a sospechar que la auspiciaba su competencia, el canal Chilevisión. Al respecto, cuenta Paula Comandari:

“Que TVN tomara el tema de Camiroaga como propio continuó con la actual administración de Mauro Valdés. La gerencia de comunicaciones del canal, que históricamente ha sido asesorada por Stanley Chile Press, fue reforzada hace algunos meses: TVN contrató a la consultora Imaginaccion, del ex ministro de Patricio Aylwin, Enrique Correa, para fortalecer la mirada estratégica del canal en general, y específicamente para el capítulo Camiroaga. Fueron el hijo de Correa, Carlos, y el ex diputado Jorge Insunza quienes aterrizaron en las dependencias de TVN para tratar el diseño que debía seguirse para proteger la imagen del animador”.

Pero, ahora muerto, el canal público TVN dice que Felipe Camiroaga “no era empleado suyo”. De todo lo anterior se desprender la posibilidad de abrir fuegos judiciales, y establecer la validez de un proceso contra “el canal de los chilenos” por las responsabilidades civiles y penales que pueda tener en la muerte de su máxima estrella, que tanto miles de millones de pesos le hizo ganar a lo largo de los años.

Esta crónica de Paula Comandari, que está narrada con gran soltura, retrata, lamentablemente, la triste condición humana, en especial, la condición humana de los ejecutivos del canal público TVN (que no es de la preferencia de todos los chilenos), y de las consecuencias que pueden tener los ardides jurídicos para su constitución administrativa, tanto en las empresas “privadas” como en las instituciones “públicas”.

‘Un horrible bloqueo de la memoria’ de Moravia

¿Ha sucedido o no ha sucedido? En mi cabeza se ha formado un vacío ambiguo, que podría deberse igualmente al trauma de lo que ha ocurrido o al cambio que significa lo que está por ocurrir; y no acierto a llenar ese vacío. Sin embargo, la cosa en cuestión me concierne directa e inmediatamente: si no sucedió hace quince minutos, debe suceder dentro de quince minutos. Pero las dos posibilidades tienen en común un mismo sentimiento de impaciencia casi frenética, que me impide esperar que los hechos me proporcionen la explicación definitiva que necesito. No puedo esperar ni siquiera un minuto no sólo porque debo prepararme para enfrentar dos situaciones muy distintas, o sea, aquella de lo ya ocurrido y aquella de lo no ocurrido todavía, sino también y sobre todo porque debo indispensablemente superar lo antes posible esta especie de bloqueo que me impide hacer algo para mí fundamental: tomar conciencia. En efecto, precisamente de eso se trata, y no hay quien no vea la enorme diferencia que hay entre tomar conciencia antes de la acción y tomar conciencia después de la acción. Pero, ¿cómo se hace para tomar conciencia cuando la acción está, por así decirlo, en la punta de la lengua y no se decide a adoptar el aspecto sea de lo ya visto, ya hecho, ya padecido, sea el de lo todavía no visto, todavía no hecho, todavía no padecido?

Con una mano sola me llevo el cigarrillo a la boca; lo tomé del paquete que está sobre el tablero y lo prendo con el encendedor del automóvil. Entretanto, sigo apretando con el brazo izquierdo, doblado, el cierre relámpago de la chaqueta, que, no sé cómo, se ha trabado y quedó abierta, de modo que la empuñadura de la pistola se asoma visiblemente. Se me ocurre que para saber si la cosa ha sucedido o aún debe suceder yo podría, en vista de que la memoria está bloqueada, interrogar la realidad, buscar indicios de lo ya ocurrido o lo no ocurrido todavía. Por ejemplo, el cierre relámpago trabado. Ayer funcionaba, por lo tanto se trabó esta mañana. Pero, ¿se trabó después de algo hecho, o antes de algo que todavía falta hacer, debido a un tirón demasiado brusco, causado por la sorpresa de lo ya ocurrido, o por la nerviosidad de lo que todavía no ocurrió?

Abandono de pronto el tema porque reconozco allí la misma ambigüedad indescifrable que hay en el principio de la amnesia; y me digo que hay una sola manera de comprobar inmediatamente si el hecho se ha consumado ya o no: examinar la pistola, verificar si ha disparado. El alivio con que recibo este proyecto me dice que he pensado con exactitud. ¿Cómo no se me había pasado ya por la cabeza una solución tan lógica y tan simple?

Pero el alivio dura poco. Sí, la pistola puede proporcionarme la prueba que tan afanosamente estoy buscando; pero es una prueba “exterior”. Es como si le pidiera a las ropas que llevo puestas, a los zapatos que calzo, la prueba de mi existencia. Prueba que debe ahora, en cambio, residir en la certeza de que existo sin necesidad alguna de pruebas: en el hecho mismo de que nadie busca pruebas. Por otra parte, la prueba de la pistola me espanta, porque confirmaría esta disociación mía, funesta e insoportable. Después de la prueba, sabré con certeza que la cosa ha sucedido o no ha sucedido; pero tendré al mismo tiempo otra certeza, desconcertante, la de que la cosa ya ha sucedido o no “a otro”, puesto que yo, “dentro” de mí, seguiré ignorando si el hecho se ha verificado o no.

Sin embargo, debo saber, no puedo esperar. Es como si me hubiera sumergido hasta el fondo del mar, mi escafandra de buzo se hubiera averiado, y yo me sofocara y supiese que sólo tengo pocos segundos para salir a flote. Mi urgencia de saber, por lo demás, es justificada por un embotellamiento de tránsito donde mi automóvil se ha encastrado, según todas las apariencias, irremediablemente y como para siempre. Estamos en un gran camino periférico que no conozco. Los automóviles están quietos, en cuatro filas de ambos lados, adelante y detrás. Exactamente frente a mí, la visión es interrumpida por el rectángulo negro y amarillo de un colosal camión de transporte. A la derecha del camión, allá lejos, la luz del semáforo ya se tornó tres veces alternativamente verde y roja, sin que los vehículos se hayan movido. Debe de tratarse de un accidente; o bien de uno de esos bloqueos inextricables que pueden durar varias horas. Y yo, antes de que el embotellamiento se resuelva, tengo absoluta necesidad de llegar a saber sólo por mis propios medios, es decir, exclusivamente con ayuda de la memoria, y no gracias a indicios proporcionados por objetos, si la cosa ya sucedió o todavía debe suceder.

Recuerdo en este momento (mi memoria funciona tanto mejor cuanto más lejos están los hechos que intento recordar) que hace algunos años atravesé el Sahara, de Túnez a Agadesh, y que varias veces me extravié por perder el camino. ¿Qué hacía entonces para encontrar el camino correcto? De acuerdo con una regla dictada por la experiencia, volvía atrás hasta el punto de donde había partido. De allí partía de nuevo y, en efecto, al cabo de un recorrido más o menos largo, descubría el lugar preciso donde me había desviado. Una vez debí recorrer tres o cuatro veces el mismo camino equivocado antes de descubrir el error. Me perdía siempre de la misma manera, siempre en el mismo lugar. Al fin, sin embargo, cuando estaba ya por desesperar, con el sol cerca del poniente y la perspectiva de quedar sin gasolina, de pronto encontraba el camino. Estaba tras un matorral no más alto que un niño, y borrado por un tramo no mayor de tres o cuatro metros. Es fácil perderse en el desierto.

Ahora haré lo mismo. Volveré atrás hasta el punto en que mi memoria dejó de funcionar; hasta el punto en que empieza el vacío (estuve por decirme “el desierto”). Pero debo apresurarme a emprender esta operación mnemónica, porque de un momento a otro el embotellamiento de la ruta puede resolverse; y en ese caso es muy probable que minutos después llegue a saber con certeza si la cosa ya sucedió o todavía debe suceder. Pero no llegaré a saberlo por mérito propio, sólo gracias a mis fuerzas, sino por obra del choque con la realidad: eso jamás podré perdonármelo, y por otra parte no resolvería nada, porque mi problema ya no consiste en saber sino en recordar.

Veamos, entonces, en qué momento de la mañana (ahora son cerca de las doce) mi memoria dejó de funcionar. Entonces, con súbito sentimiento de estupor, descubro que no recuerdo nada hasta… hasta el momento del despertar. Esto quiere decir que sólo recuerdo el despertar, y nada más, porque antes del despertar está el vacío de la noche, que pasé durmiendo; y después del despertar está el vacío del bloqueo mental. Pero el despertar, esos pocos o muchos minutos que pasé en la oscuridad esta mañana, antes de levantarme, ese instante lo recuerdo muy bien y puedo describirlo con todos sus particulares. De modo que, ahora, lo describiré, y mediante esa descripción, estoy seguro, recobraré la punta de la madeja de la memoria; descubriré, como en el desierto, el pequeño matorral tras el cual se esconde el camino.

Por lo tanto, coraje. Me desperté más o menos a la hora fijada, pero por mí mismo, antes de que sonara el despertador. Encendí la luz, miré el reloj de pulsera y vi que faltaban cinco minutos; mi primer impulso fue apagar la luz, acurrucarme y dormirme de nuevo. Pero no era posible; no se puede dormir nada más que cinco minutos; de modo que apagué la luz, pero me quedé sentado en la cama, con los ojos perdidos en la oscuridad. No pensaba en nada; o, más bien, pensaba en el color de la oscuridad. ¿Qué color tenía la oscuridad? ¿Color café muy tostado? ¿Color negro de humo? ¿Color ébano? ¿Color tinta? ¿Y qué consistencia tenía, de qué estaba hecha? ¿Era un hormigueo de moléculas negras sobre un fondo imperceptiblemente luminoso, o en un hormigueo de partículas luminosas sobre un fondo uniformemente negro?

Recuerdo que descarté una tras otra esas definiciones porque no me satisfacían; pero sentí, en compensación, que la oscuridad me “apetecía”, que tenía hambre de ella, como se tiene hambre de comida después de un largo ayuno. Recuerdo también que de vez en cuando encendía la lámpara, miraba el reloj, veía que habían pasado dos minutos, después tres, después cuatro, y cada vez apagaba de nuevo la lámpara, para gozar, aunque fuera durante un minuto, durante treinta segundos, de esa oscuridad deliciosa.

Por fin encendí la lámpara sabiendo que era la última vez que lo hacía y que ya era hora de que me levantara. Fue justamente en ese instante, precisamente en esa diminuta fracción de tiempo en que encendí la luz, cuando dejé de registrar lo que hacía, porque a partir de entonces no recuerdo nada más de lo sucedido.

Observo el rectángulo amarillo y negro de la parte trasera del camión de transporte; veo que no se ha movido; por otra parte, la luz del semáforo, allá lejos, pasado el camión, está roja; tal vez me quede todavía un minuto; tal vez, si al prenderse la luz verde los vehículos no avanzan, haya todavía dos minutos. Entonces reanudo con encarnizamiento la reconstrucción del despertar. La memoria, pues, se apagó en el preciso instante en que se encendió la lámpara. ¿Qué significa esto? ¿Cómo puede haber ocurrido semejante cosa? ¿Y por que precisamente a mí?

Me digo que no es difícil imaginar lo que hice. Soy una persona más bien rutinaria: he de haberme levantado, he de haberme duchado, he de haberme afeitado, etcétera, etcétera, etcétera. Pero todo esto, como lo advierto de pronto, no lo recuerdo; me limito a reconstruirlo sobre la base del recuerdo de mis otros despertares anteriores. Y en cambio debo recordar precisamente el momento de asearme esta mañana, no el de alguna otra. Sólo si lo recuerdo podré recordar lo que aconteció después; es como encontrar de nuevo el matorral tras el cual se esconde el camino.

Hago un gran esfuerzo; me repito: “Entonces encendí la lámpara… entonces encendí la lámpara… entonces encendí la lámpara…”

Ya demasiado tarde. La luz del semáforo ahora es verde; y, casi instantáneamente, toda la calle se pone en marcha. Se mueven los automóviles que están delante, detrás y a ambos lados del mío; se mueve el rectángulo amarillo y negro del camión de transporte. Así pues, muy pronto sabré si la cosa ya ocurrió o aún debe ocurrir. Pero comprendo con angustia que no seré yo, con mi memoria, quien lo descubrirá; en cambio, me lo revelarán los objetos y las circunstancias.

Alberto Moravia (foto)

El primo Andrés Chadwick no da palos de ciego

El gobierno no hace más que dar palos de ciego. Cada cosa que “hace” o “dice”, la rectifica unas horas más tarde. ¿Cómo creerle a una persona que dice “Sí” por la mañana y “No” por la tarde? ¿Cómo creerle a un gobierno que dice “Tal vez” por la mañana y “Con toda seguridad” en la tarde?

Lo último (literalmente, “lo último”) es el mensaje de felicitaciones y deseos de éxito para un homenaje al asesino Miguel Krassnoff, condenado por violación a los derechos humanos y terrorismo de Estado y crímenes de Lesa Humanidad, a más de 120 años de prisión, los que cumple actualmente.

Toda “la gracia” la inició el alcalde-coronel Cristián Labbé(stia) que decidió exaltar la persona y “obra” del asesino Miguel Krassnoff, en un acto que tendrá lugar en el Club Providencia, de propiedad de la municipalidad de Providencia, en Santiago de Chile, comuna que es fortín de ex militares.

“¿Y qué tiene de malo?”, dijo el señor Labbé cuando se hizo público su intención de agasajar a un asesino en masa. Y queda uno pensando, ¿de verdad, alguien puede sentir el deseo de inclinarse ante un criminal de Estado? Y, ¿la democracia no es para que todo el mundo tenga libertad de pensamiento y de acción?

No lo sé, pero una autoridad (no una ciudadano común, sino un “al-cal-de”) que después de más de 30 años de la dictadura, de la que fue escolta del dictador, sienta emoción por homenajear a un asesino, lo hace a uno pensar en el triste futuro del país, en manos de personas como esta.

Parece que el único cuerdo de este “gobierno” (porque con tanta indecisión y acción errática es más un Desgobierno) es el primo Andrés Chadwick (foto). Como tocado por la corriente eléctrica, saltó cuando se enteró que una “asesora” presidencial llamada Andrea Ojeda había escrito un oficio a nombre del presidente (¿?) Sebastián Piñera, diciendo que “nos ha solicitado expresamente manifestarle sus felicitaciones y sus mejores deseos de éxito, como también su saludo afectuoso a quienes asistan a este homenaje”.

Se le pararon los pelos de punta al primo Chadwick. Paró el mensaje y le pidió (con seguridad fue él, porque es el único cuerdo) a la “asesora” Andrea Ojeda que renunciara. Y con seguridad que fue él (el único cuerdo) quien escribió la aceptación de la renuncia y se la hizo firmar al presidente (¿?) Piñera.

Increíble, que un alcalde como Labbé, que dice que “nos dimos cacho” con la subversión hace más de 30 años, y “eso debe quedar atrás”, sea quien promueva hoy día un homenaje a un asesino en masa, a un asesino de Estado, y haya una “asesora” despistada (como casi todo el gobierno, desde el presidente (¿?) Piñera hacia abajo, excepto el primo Chadwick) que celebre la “obra” de un asesino, “a nombre del presidente (¿?)” de un país entero.

Bien despedida Andrea Ojeda, de quien, ojalá, jamás en la vida democrática de Chile se vuelva a saber de su existencia. Ni de los Miguel Krassnoff, por supuesto.