Archivo mensual: octubre 2011

La música del cine de Alberto Fuguet

Fui a ver la más reciente película de Alberto Fuguet (foto), Música campesina, y no pude evitar la evocación de Easy Rider, de Peter Fonda, en primer lugar, y de El árbol de los suecos, de Ermanno Olmi, por razones distintas y en proporciones adecuadas. Quizás ésta última, por el ritmo que establece la de Fuguet en los primeros diez o quince minutos, en un ejercicio que podría considerarse como “domesticación del espectador”. Porque esa cámara quieta, esos planos largos, esos silencios, esa inacción, están diciéndonos que esta película se trata de otra cosa distinta a las usuales de estos tiempos, donde las tomas en rápida sucesión y la acción de los protagonistas caracteriza las cintas, tanto como la abundancia de diálogos, a veces inútiles.

En Música campesina la atmósfera creada desde ese comienzo, nos dice que la propuesta va por otro lado. En lo personal, creo que Fuguet se luce en la abundancia de encuadres que pueden llegar a ser hermosos, lo que pone en lugar relevante la fotografía de la película.

Y después está esa tensión que logra el actor Pablo Cerda, encarnando a un Alejandro Tazo, como el nombre del té, que refuerza a cada momento esta atmósfera algo espesa de la desesperanza y la esperanza a la vez. Magnífica la actuación.

La historia cuenta sin grandilocuencia las vicisitudes de un inmigrante latino en los Estados Unidos, y más específicamente en Nashville, la cuna de la música campesina estadounidense. Llega ahí por azar, el azar del amor. O de la emocionalidad, pues conoció a una gringa en Chile, país que recorrieron y después ella decide regresar a Estados Unidos y Alejandro Tazo, como el té, viaja con ella. Pero lo que para ella fue un amor de vacaciones, al parecer, para él es el meollo de su vida. A la deriva, la existencia de este inmigrante latino comienza a recrudecer.

En uno de los diálogos, Alberto Fuguet se confiesa a través de sus personajes, en su gusto por el cine de los años 70s. Menciona la película de Robert Altman sobre la ciudad, e insiste en que Clint Eastwood hizo lo mejor de su filmografía en esa década. La misma década del cine rodante de Busco mi destino y El árbol de los suecos, la de Taxi Driver, Amarcord y La naranja mecánica, por decir algo.

A ese cine aspira Fuguet con la película.

¿Cine arte, el que logra Alberto Fuguet con esta película?, no lo sé, a ciencia cierta. Pero uno termina de verla con una sensación de que vio algo distinto e interesante al cine comercial del momento, y que algo de Alejandro Tazo, como el nombre del té, tenemos todos en algún momento de la vida: desesperanza, desarraigo, desamor, opresión y un rayo de esperanza para continuar la búsqueda…

El exitoso empresario Piñera, ¿dónde está?

A más de una persona le he escuchado expresar su decepción del presidente Sebastián Piñera (foto). En su campaña electoral de candidato, le vendió a la gente la imagen del ejecutivo que todo lo entiende y analiza, todo lo soluciona, todo lo que toca lo convierte en oro. Pero va a completar dos años de gobierno, y parece que otros son los que analizan, nada lo soluciona, y cada cosa que dice o hace la convierte en una crisis.

“Nos vendieron gato por liebre”, dicen, horrorizados del grado de inoperancia. Inoperancia no quiere decir “mano dura”.

Un ejemplo sencillo, y a la vista de todos, es el conflicto estudiantil. Desde el primer momento rechazó cualquier planteamiento, y han pasado seis meses y no ha solucionado nada. Al contrario, un día dice una cosa, que el movimiento estudiantil es loable, al siguiente lo califica de vandálico, al siguiente dice que nada hay que cambiar, al siguiente declara que se necesitan reformas para modernizar el modelo educativo y al siguiente amenaza con que va a aplicar la Ley de Seguridad del Estado.

O sea, ¿dónde está el empresario ejecutivo, que todo lo analizaba y solucionaba y convertía en oro? Porque lo que se ha visto, hasta este momento, es un presidente acorralado por sectores radicales (de la Unión Demócrata Independiente y Renovación Nacional), que duda en todo cuanto hace o va a hacer, es desatinado en lo que dice, y cada cosa la empeora.

El conflicto estudiantil lo ha manejado, primero con displicencia, y después con asco. Le parece que los reclamos huelen mal. Que los estudiantes son tontitos que no quieren pagar a los bancos de sus amigos los créditos usureros que tuvieron que contraer sus padres, y por eso “hacen desórdenes” en las calles.

Obviamente, es un nivel bastante precario de análisis, y nulo de solución.

Y a toda cosa, ayudado por su primo Andrés Chadwick, y por el ministro del Interior Rodrigo Hinzpeter, ha procurado criminalizar el conflicto y convertirlo en un asunto de orden público, para desviar la atención de los temas del reclamo.

A estas alturas de los acontecimientos, hay quienes creen que los encapuchados pueden ser una estratagema a favor del gobierno, para lograr la criminalización del movimiento estudiantil.

No quiero entrar en preguntas difíciles que he escuchado, como esta: Entonces, si el grado de análisis y acción del presidente Sebastián Piñera es tan torpe, ¿cómo es que hizo los negocios que lo han convertido en una de las cinco personas más ricas de Chile, y uno de los 100 multimillonarios del mundo, en la lista de Forbes? No es creible que los negocios los haya hecho de la misma manera como ha gobernado.

Por mi parte, yo que no voté por él, lo he dicho acá y lo puedo repetir: El presidente Sebastián Piñera tiene una gran oportunidad de pasar por la puerta grande a la historia, como el gran modernizador de Chile, no solo en lo educativo. Pero todo depende de él.

Si lo hace, todos ganamos, pero en caso contrario, todos perdemos, incluidos sus amigos radicales, que no han entendido que en las próximas elecciones este chupete de gobernar… se les puede acabar.

Marcela Serrano y la palabra curativa

Hay un tema que no parece superado a pesar del tiempo. Es el relacionado con la pregunta de si hay una literatura femenina que se yerga frente a la tradicional literatura considerada masculina. Lo cierto es que hay grandes escritoras, como Marguerite Yourcenar, George Sand, Juana de Ibarbourou, Toni Morrison, Herta Müller…

En Chile destacan Marta Brunet, Diamela Eltit, Gabiela Mistral, Carla Guelfenbein, Isabel Allende, Marcela Serrano…

Marcela Serrano (foto) tuvo una gran resonancia latinoamericana y luego se sumergió en el silencio de Quillota, agobiada por las banalidades del mundo de abalorios de las ciudades, las editoriales y las reuniones de salón.

Ahora, sale de su refugio para presentar su más reciente producción, un libro de historias de mujer: Diez mujeres. Con este libro, cumple 20 años de presencia editorial en las librerías, desde aquella primera obra “Nosotras que nos queremos tanto”. Edito la entrevista que hoy publica Tendencias y Mujer del diario El Mercurio, donde aborda de nuevo el asunto de la literatura femenina y la visión femenina ante el mundo y la página para escribir.

¿Has decidido ser voz de las mujeres?   No es mi intención ser la voz de las mujeres, jamás sería tan vanidosa ni tendría esas pretensiones, pero lo que sí me fue pasando, sin darme cuenta, es que era la única voz que me interesaba, las únicas voces que me interesaban.

¿Y por qué?   Fui lectora desde muy chica y en algún momento dije ‘qué raro que todo lo que leo sea escrito por hombres’, ‘qué raro que sepa tantas historias de hombres y tan pocas de mujeres’, en la historia de la literatura. Cuando escribo una novela tengo cero intención de nada, cuento lo que me sale más de adentro, no más; las historias que me son fáciles de contar y no tenía ninguna conciencia que me fui transformando en lo que me terminé transformando. Eso fue la vida, no yo.

¿Crees que, incluso en estos tiempos, las mujeres no tienen voz?   No, creo que cada vez tenemos más voz. Es que no nos engañemos, no hemos llegado al poder. (Tener Presidenta mujer) no es llegar al poder; el poder es el sistema y el sistema sigue siendo masculino. Esto es salvaje; se acaba de nombrar una comisión en Educación y son puros hombres; en las empresas, puros hombres, enla Iglesia Católica, puros hombres; los famosos poderes fácticos de los que hemos hablado tanto tiempo siguen estando en poder de los hombres. Entonces no es que una mujer llegó al Ejecutivo –algo que obviamente abre puertas y será clave en lo que nos pase–, pero nosotras, en el mundo, de Finlandia a Mali, no nos engañemos porque no estamos en el poder; el poder sigue siendo masculino.

Dices que de 20 años a esta parte, seguimos contando la misma historia.   Lo que pasa es que es la misma historia entre nosotras, porque seguimos siendo una minoría cultural. Hemos avanzado, mucho; de hecho tenemos mucha más fuerza en la voz. Vengo llegando de Italia y España y me di cuenta de que nosotras, las chilenas, hemos ganado algo que ellas no tienen y que es que la mujer que está en la vida pública no es juzgada por lo privado. Cuando veo que nadie sabe quién es la pareja dela Camila Vallejos, o si Michelle Bachelet ha tenido una pareja en los últimos años, lo que nos está diciendo es que estamos respetando a las mujeres públicas, cosa que en Europa es al revés, donde son enfocadas, encañonadas. Me dio orgullo ser mujer latinoamericana, en esta vuelta somos mucho más decentes.

Escribes para mujeres…    Yo no escribo para mujeres, que los hombres no me lean es decisión de ellos, no mía (se ríe). No es mi objetivo, al revés; vieras cómo reto a mis amigos que no me leen, lo hallo el colmo.

¿Aprenderían más de nosotras?   Mil veces. Por qué si nosotras hemos tragado toda la literatura masculina a lo largo de siglos, ellos no son capaces de leer a las mujeres. Las discriminan a priori, en la vitrina de las librerías. Jamás he pensado escribir para mujeres y me encantaría que ellos me leyeran.

Las mujeres sí están compitiendo, con los hombres y entre ellas.   Ese es un gran error. Pero eso es lo que pasa cuando te metes en la lógica masculina. Hace unos 30 o 40 años las mujeres comprendieron que la del lado era su hermana y no su competidora, porque éramos minorías culturales discriminadas. El entender que la del lado vive las mismas penas, las mismas pasadas a llevar, es fundamental. La competencia es básica en el ser humano, pero entender a la mujer como tu enemiga es un error gigantesco, no vamos a llegar a ninguna parte con eso.

¿Las 10 historias que cuentas en tu último libro están marcadas por vivir sus vidas en silencio?   Bueno, por eso las hago hablar en la terapia, porque yo apuesto al no silencio. El poder de la palabra es curativo; eso lo sabemos desde las antiguas tribus, cuando las mujeres se sentaban alrededor del fuego a contarse sus historias. Siento que la sanación tiene que ver con ordenar tu historia personal y regalarse a otra y a la vez escuchar a la otra. Verbalizar, socializar, colectivizar es el camino, por eso creo profundamente en lo curativo que es la palabra.

¿Son sólo historias de dolor y sufrimiento?   Bueno, están en terapia. En mi primera novela estaban en un lago tomando sol y contando sus historias, aquí están en terapia y lo hice apropósito porque este es el mundo de hoy; el mundo de hoy está mucho peor que hace 20 años, es mucho más oscuro. De hecho pensé mucho dónde situarlas y creí que lo más coherente de todo era que estuvieran en terapia.

Presupuesto para la televisión en 2012

Una carta al director de El Mercurio del consejero del Consejo Nacional de Televisión (CNTV, logo), Jaime Gazmuri Mujica, llama la atención sobre una reducción del 51,1% del presupuesto de fondos de apoyo a programas culturales y de interés regional para el 2012. De acuerdo con el señor Gazmuri, el presidente del Consejo, Herman Chadwick, les había confirmado la decisión del gobierno de mantener los aportes en $4.500 millones. Sorpresa grande cuando leyeron el presupuesto presentado por el gobierno al Congreso, por $2.300 millones solamente.

Argumenta el señor Gazmuri que el fondo ha demostrado ser un instrumento exitoso: “El éxito de público de programas favorecidos por el Fondo en 2011 tales como Los 80s y Los archivos del Cardenal demuestra que es posible producir en nuestro país televisión de calidad y de alta audiencia”.

Dice que el gobierno le debe una explicación, al país y al Congreso, por esta reducción del 51,5% de los aportes, y señala que la insatisfacción del público con las “parrillas programáticas” de los canales abiertos se debe al exceso de farándula y la ausencia de programas con contenido cultural. Hasta aquí el reclamo del señor Gazmuri.

Quiero agregar que, además de Los 80s y Los archivos del cardenal, también cuentan con fondos del Consejo CNTV, La tierra incógnita (¿lo han visto?), El nuevo (una próxima producción juvenil, que no está al aire) y Esperanza (una telenovela que “lidera la sintonía de la tarde”).

No estoy seguro de que los recursos culturales deban ir a una telenovela, en un canal privado. Los canales privados, lo son, precisamente, para gastar su plata como quieran, y no necesitan fondos públicos para hacer telenovelas. ¿O, sí?

Quizás los fondos deberían ir al canal oficial TVN. Pero hacer de éste, un auténtico canal público (lo mismo que su sucedáneo, el canal “24 Horas”). Porque hasta ahora, juega torticeramente a ser “el canal de todos” (pero para buscar audiencia) y, sin embargo, su estructura financiera es privada. Detrás de este subterfugio se escuda la falta de ética profesional, de algunos(as) de sus periodistas y presentadores(as).

Quise ver cuáles eran los proyectos financiados con esos recursos del erario, para conocer el perfil de lo que pudiera hacerse con el dinero que reclama el señor Gazmuri. Y de acuerdo con la página oficial del Consejo CNTV, encontré que “262 proyectos compitieron este año 2011 en 13 categorías por los $4.293.737.000 de pesos del Fondo”. Los que se mencionan ahí, son:

Violeta, se fue a los cielos y Cobre, miniseries históricas.

Homeless, El reemplazante y Bim Bam Bum, series de ficción.

Adictos al claxon y Mujeres fuertes, dos series de no-ficción.

Chile…mundos sumergidos, Si vas para Chile, Territorios imaginados: Seis ciudades en la mirada de sus artistas y La música en mi vida, cuatro producciones regionales.

Muelines, Kokori y Centro de Alumnos, tres programas orientados al público infantil.

Los 80s, ¿Con qué sueñas? y Hostal Morrison, tres apoyos a nuevas temporadas programas en canales de televisión.

Nuevas Voces del Documental Chileno, un apoyo a documentales ya realizados.

Declaración, un microprograma.

Mis entrañas son de oro, un programa de interés local.

El futuro, Habeas corpus y Cuadros con historia, tres telefilms.

Ooommm Mmmooo y Pasos de cumbia, dos co-producciones internacionales, que es una categoría nueva este año.

No dudo de la urgencia del llamado del señor Gazmuri. Pero al ojear estos títulos uno se encuentra con que no existen, excepto Los 80s, o no los he visto (¿alguno de ustedes ha visto esos programas?). Tampoco he visto las miniseries “Cobre” ni “Violeta se fue a los cielos”, ni los telefilms “El futuro”, “Habeas corpus” ni “Cuadros con historia”, ni he tenido noticias de los infantiles “Muelines”, “Kokori” ni “Centro de alumnos”.

Yo creo que, además de recuperar la suma que se quiere recortar, debería estudiarse también la calidad de tal de los programas y canales a los cuales llegan los recursos.

Solitario, fatiga y sueño, de Vicente Huidobro

Solitario invencible

Resbalando

como canasta de amarguras

con mucho silencio y mucha luz

dormido de hielos

te vas y vuelves a ti mismo

te ríes de tu propio sueño

pero suspiras poemas temblorosos

y te convences de alguna esperanza.

La ausencia el hambre de callar

de no emitir más tantas hipótesis

de cerrar las heridas habladoras

te da una ansia especial

como de nieve y fuego

quieres volver los ojos a la vida

tragarte el universo entero

esos campos de estrellas

se te van de la mano después de la catástrofe

cuando el perfume de los claveles

gira en torno de su eje.

 

Fatiga

Marcho día y noche

como un parque desolado.

Marcho día y noche entre esfinges caídas de mis ojos;

miro el cielo y su hierba que aprende a cantar;

miro el campo herido a grandes gritos,

y el sol en medio del viento.

Acaricio mi sombrero lleno de luz especial;

paso la mano sobre el lomo del viento;

los vientos, que pasan como las semanas;

los vientos y las luces con gestos de fruta y sed de sangre;

las luces, que pasan como los meses;

cuando la noche se apoya sobre las casas,

y el perfume de los claveles gira en torno de su eje.

Tomo asiento, como el canto de los pájaros;

es la fatiga lejana y la neblina;

caigo como el viento sobre la luz.

Caigo sobre mi alma.

He ahí el pájaro de los milagros;

he ahí los tatuajes de mi castillo;

he ahí mis plumas sobre el mar, que grita adiós.

Caigo de mi alma.

Y me rompo en pedazos de alma sobre el invierno;

caigo del viento sobre la luz;

caigo de la paloma sobre el viento.

 

La vida es sueño

Los ojos andan de día en día

las princesas posan de rama en rama

como la sangre de los enanos

que cae igual que todas sobre las hojas

cuando llega su hora de noche en noche.

Las hojas muertas quieren hablar

son gemelas de voz dolorida

son la sangre de las princesas

y los ojos de rama en rama

que caen igual que los astros viejos

con las alas rotas como corbatas

La sangre cae de rama en rama

de ojo en ojo y de voz en voz

la sangre cae como corbatas

no puede huir saltando como los enanos

cuando las princesas pasan

hacia sus astros doloridos.

Como las alas de las hojas

como los ojos de las olas

como las hojas de los ojos

como las olas de las alas.

Las horas caen de minuto en minuto

como la sangre

que quiere hablar.

Vicente Huidobro (foto)

Panamericanos, Los 80s y Florcita Motuda

Panamericanos. Creo que Chile debería estar más arriba en la tabla de medallas de los Juegos Panamericanos de Guadalajara 2011 (foto). Apenas llega al puesto 11, por debajo de grandes como Estados Unidos o Argentina, pero también de Guatemala y República Dominicana, que no parecen ser, medianamente siquiera, “potencias deportivas”. Hasta este momento, se han ganado 22 medallas. Congratulaciones especiales para el equipo de vela encabezado por Alberto González que ayer obtuvo el oro, y para Kristel Böbrich, quien en los800 metros de nado libre fue verdaderamente apabullante. Chile tiene 2 medallas de oro, 8 de plata y 12 de bronce, para un total de 22, lo que lo lleva a ocupar el puesto 11, detrás Estados Unidos, Brasil, Canadá, Cuba, México, Argentina, Colombia, Venezuela, Guatemala y República Dominicana.

Los 80s. El logro de la serie Los 80s, creo que radica en el alto grado de dramatismo que logra acumular en cada capítulo. Además de estar fundada en un recuerdo nacional, tiene actuaciones de excepción, sin excepción. Si se mira fríamente, no va uno a encontrar diálogos shakesperianos sino cotidianidades, y cada vida que trascurre es, en sí misma, heroica, no por grandes hechos trascendentales sino por la vivencia misma de sobreaguar en tiempos difíciles. El capítulo de anoche tuvo un peak de 35 puntos, y promedio 27,7. La sintonía premió este seriado de Canal 13, que estuvo seguido del canal Mega con 13,5 puntos de audiencia, y luego el canal oficial TVN con 13,2 puntos, en tanto Chilevisión llegó a 9,8 puntos.

Florcita Motuda. Vendió entradas en el Centro Gabriela Mistral, GAM, para ayer al mediodía. Qué gran oportunidad de verlo en vivo, en un recinto con cierta intimidad, pero canceló la presentación con la disculpa de que “había decidido solidarizar con una marcha que tendría lugar por las calles del centro de Santiago”. Mal, Florcita. Eso no se hace. Creo que hubo falta de respeto por la audiencia. Me parece que no se vendieron tantas entradas como hubiera esperado o querido. Pero así hubiera vendido una (1) sola entrada, debió presentarle el show a ese solo espectador fiel.

“Años” de Cesare Pavese

De lo que era yo entonces no queda nada: apenas hombre, era aún un crío. Lo sabía hacía tiempo, pero todo ocurrió a finales del invierno, una tarde y una mañana. Vivíamos juntos, casi escondidos, en una habitación que daba a una avenida. Silvia me dijo esa noche que tenía que irme, o irse ella: ya no teníamos nada que hacer juntos. Le supliqué que dejara que probásemos de nuevo; estaba acostado a su lado y la abrazaba. Ella me dijo:

–¿Con qué finalidad? –Hablábamos en voz baja, a oscuras.

Luego Silvia se durmió y yo tuve hasta la mañana una rodilla pegada a la suya. Apareció la mañana como había aparecido siempre, y hacía mucho frío; Silvia tenía el pelo sobre los ojos y no se movía. En la penumbra yo miraba pasar el tiempo, sabía que pasaba y corría, y que afuera había niebla. Todo el tiempo que había vivido con Silvia en aquella habitación era como un solo día y una noche, que ahora terminaba por la mañana. Entonces comprendí que nunca volvería a salir conmigo entre la niebla fresca.

Era mejor que me vistiera y me marchase sin despertarla. Pero ahora tenía en la cabeza una cosa que preguntarle. Esperé, intentando adormilarme.

Cuando estuvo despierta, Silvia me sonrió. Seguimos hablando. Ella dijo:

–Es bonito ser sinceros, como nosotros.

–¡Oh, Silvia! –susurré–, ¿qué haré al salir de aquí? ¿Adónde iré?

Era eso lo que tenía que preguntarle. Sin apartar la nuca del almohadón, ella sonrió de nuevo, beatífica.

–Bobo –dijo–, irás a donde quieras. ¿No es hermoso ser libre? Conocerás a muchas chicas, harás todas las cosas que quieras. Te envidio, palabra.

Ahora la mañana llenaba el cuarto y sólo había un poco de calor en la cama. Silvia esperaba paciente.

–Tú eres como una prostituta –le dije– y siempre lo has sido.

Silvia no abrió los ojos.

–¿Estás mejor ahora que lo has dicho? –me dijo.

Entonces me quedé como si ella no estuviera, y miraba al techo y lloraba sin ruido. Las lágrimas me llenaban los ojos y corrían sobre la almohada. No valía la pena que se diera cuenta. Mucho tiempo ha pasado, y ahora sé que aquellas lágrimas mudas fueron la única cosa de hombre que hice con Silvia; sé que lloraba no por ella sino porque había entrevisto mi destino. De lo que era yo entonces no queda nada. Queda sólo que había comprendido quién sería en el futuro.

Luego Silvia me dijo:

–Ya basta. Tengo que levantarme.

Nos levantamos juntos, los dos. No la ví vestirse. Estuve pronto en pie, a la ventana; y miraba vislumbrarse las plantas. Detrás de la niebla estaba el sol, el sol que tantas veces había entibiado el cuarto. También Silvia se vistió pronto, y me preguntó si no me llevaba mis cosas. Le dije que primero quería calentar el café, y encendí el hornillo.

Silvia, sentada al borde de la cama, se puso a arreglarse las uñas. En el pasado se las había arreglado siempre en la mesa. Parecía abstraída y el pelo le caía continuamente sobre los ojos. Entonces daba sacudidas con la cabeza y se liberaba. Yo deambulé por el cuarto y recogí mis cosas. Hice un montón sobre una silla y de repente Silvia saltó en pie y corrió a apagar el café que se derramaba.

Luego saqué la maleta y metí las cosas. Mientras tanto, por dentro me esforzaba por recoger todos los recuerdos desagradables que tenía de Silvia: sus futilidades, sus malos humores, sus frases irritantes, sus arrugas. Eso me llevaba de su cuarto. Lo que dejaba era una niebla.

Cuando hube acabado, el café estaba listo. Lo tomamos de pie, junto al hornillo. Silvia dijo algo, que ese día iría a ver a un tipo, a hablar de un asunto. Poco después dejé la taza y me marché con la maleta. Afuera la niebla y el sol cegaban.

Cesare Pavese (foto)

Violentistas y estudiantes, dilema gubernamental

Desprevenidamente, cualquiera puede pensar que hay testarudez del gobierno y de los estudiantes para superar el conflicto, cuyos temas centrales de financiamiento y calidad en la educación se están desviando a los asuntos del mantenimiento del orden público.

Hasta los noticieros de televisión encuentran muy adecuado rellenar sus programaciones y noticieros con las batallas campales en las calles y plazas de Santiago y el resto de ciudades donde hay protestas y bloqueos de vías.

Obviamente, el gobierno no encuentra nada mejor que tildar de “violentistas” a los estudiantes. Pero éstos no son los violentistas. Hay violentos, sí, pero no son “los estudiantes”.

Es responsabilidad del gobierno conservar el orden público, no de los organizadores de las marchas. Creo que hay que separar aguas. A los violentos, las autoridades deben aplicarles las normas vigentes, pero no amenazar a los estudiantes con que los van a poner bajo un régimen de excepción, o de guerra.

(Y para los periodistas ignorantes, como uno muy conocido de la televisión por cable, que les parece muy gracioso y se burlan de que el gobierno “invoque” las normas de seguridad del Estado, les quiero decir que técnicamente la expresión “invocar” es la correcta, tanto gubernamental, como jurídicamente.)

Pero ni el gobierno, ni los noticieros de televisión (que todo lo convierten en “transmisiones” y “noticias en desarrollo”) deben anteponer este asunto a los temas de fondo del conflicto. Porque si se trata de priorizar el orden público, entonces que las negociaciones de la Educación las asuma el general Gustavo Adolfo González Jure, director de carabineros. Pero, ¿será lo adecuado?

Por ahora, el estudiantado, ante la testarudez común, propuso la mediación de la Organización de las Naciones Unidas, pero el gobierno no lo encuentra adecuado.

Lo que termina uno pensando es ¿qué intereses quiere proteger el gobierno, que se muestra totalmente refractario a que se toque el sistema educativo actual? ¿O acaso lo encuentra perfecto?

Porque, una vez más, la educación es una opción de las personas (los padres se sacrifican para que sus hijos estudien) para salir de la pobreza, y un país que crece, no debe hacerlo solamente en dinero o indicadores económicos, como lo reconoció el empresario Felipe Lamarca, sino crecer en calidad del recurso humano, y esta calidad se logra mediante la educación.

(Solo los mediocres se rodean de más mediocres para brillar. Las personas inteligentes se rodean de más inteligentes para destacar.)

Gobierno Piñera, en deuda con equidad social

Puedo repetir lo que ya he dicho en este espacio: el presidente Sebastián Piñera (foto) tiene una oportunidad histórica de transformar el país. No por uno empresarial, sino por uno más democrático. Pero el tiempo se le está pasando, y no parece haber superado la manera antigua de hacer política y gobierno: cuidando las pequeñas parcelas electorales.

Por cierto, que también parece haber abandonado su programa de gobierno, por el que muchos votaron, sin que él hubiera sido el santo de su devoción. El post-natal y la eliminación del 7% de salud a jubilados (con jubilaciones de $80.000), no son prueba suficiente. Son pequeñas reformas, con difusión exagerada.

Cambios de fondo, que modifiquen la estructura de poder del país, como la universalización del padrón electoral, para una inscripción automática y el voto voluntario, parece que no está en su voluntad de gobernante. Esta reforma, sí es trascendental.

Como lo es también la eliminación del bipartidismo, tan prehistórico. (Quizás en un momento de la historia, hace 38 años, sirvió de algo, pero en tiempos modernos, cuando el país está en la Ocde y se precia de ir a un paso de ingresar al “primer mundo”, ese esperpento político no tiene ninguna razón de ser para que el gobierno Piñera lo mantenga.)

En la misma dirección, el voto sin condiciones para los chilenos que mantengan nacionalidad de tal en el extranjero. Porque hay chilenos que se han nacionalizado en otros países, por razones diversas. Esta opción para que un ciudadano pueda votar, es importante para mantener el cuerpo de nación y el espíritu patrio.

Enseguida, deberían venir otras reformas importantes, como ponerle freno a la usura, crear inhabilidades e incompatibilidades para los funcionarios públicos, humanizar los sistemas de fondos de pensiones, e impedir que los fondos mutuos, como entidad ganen dinero pero sus afiliados pierdan plata, con la pobre disculpa de las fluctuaciones en el valor del dólar.

El presidente Sebastián Piñera tiene una oportunidad histórica de transformar el país. No por uno empresarial, sino por uno más democrático. Pero el tiempo se le está pasando.

Alguien podría considerar, descalificándome, que mis opiniones no tienen valor, pero no son distintas de alguien que tiene razones de sobra para expresarlas, como el ex presidente de la Sofofa y actual presidente de Ripley Corp, Felipe Lamarca. El señor Lamarca declaró que hay que “darle a todos los chilenos los medios para lograr una vida razonable”.

Añadió: “De una vez por todas, tenemos que hacer algo. Hemos crecido mucho, pero hay que solucionar el problema de la desigualdad. Para eso hay que tener dinero y para ello hay que hacer una reforma tributaria para resolver la falta de equidad”.

A su turno, el presidente de la Asociación Gremial de Exportadores de Manufacturas (Asexma), Roberto Fantuzzi, señaló que es partidario de resolver los problemas de inequidad existentes en Chile, los que se manifiestan por estos días en el conflicto estudiantil. “Yo cuando estudiaba, lo hacía gratis. Éramos 67 mil universitarios. Hoy hay un millón 100 mil estudiantes y familias angustiadas por las deudas, y eso es grave”.

El presidente Sebastián Piñera tiene una oportunidad histórica de transformar el país. No por uno empresarial, sino por uno más democrático. Pero el tiempo se le está pasando.

“El elogio del silencio” de Alberto Masferrer

Silencio es recordar que toda palabra tiene un hoy y un mañana; es decir; un valor de momento y un alcance futuro incalculable.

Silencio es recordar que el valor de la palabra que pronunció no tanto viene de su propia significación ni de la intención que yo le imprimo, cuánto de la manera con que la comprende quién la oye.

Silencio es reconocer que los conflictos se resuelven mejor callando que hablando, y que el tiempo influye más en ellos que las palabras.

Silencio es reprimir la injuria que iba a escapársenos, y olvidar la que nos infirieron.

Silencio es recordar que si hubiera diferido una hora sola mi juicio sobre tal persona o suceso, en esa hora pudo llegar un dato nuevo, que hiciera variar aquél juicio temerario y cruel.

Silencio es recordar que el simple hecho de repetir lo que otros dicen, es formar la avalancha que luego arrastra la reputación y la tranquilidad de los demás.

Silencio es no quejarse, para no aumentar las penas de los otros.

Silencio es decir hice, en vez de haré.

Silencio es recordar que la palabra al pronunciarla, se lleva una parte de la energía necesaria para realizar la idea que aquélla encarna.

Silencio es no exponer la idea o el plan a medio concebir, ni leer la obra en borrador, ni dar como criatura viviente lo que es apenas un anhelo.

Silencio es la raíz y por eso sostiene.

Silencio es la savia, y por eso alimenta.

Silencio es recordar que si para nuestras cuitas y esperanzas es nuestro corazón un relicario, el corazón ajeno puede ser una plaza de feria y hasta un muladar.

Silencio es el capullo donde la oruga se cambia en mariposa y silencio es la nube donde se forma el rayo.

Silencio es concretarse, seguir la propia órbita, hacer la propia obra, cumplir el propio designio.

Silencio es meditar, medir, pesar, aquilatar y acrisolar.

Silencio es la palabra justa, la intención recta, la promesa clara, el entusiasmo refrenado, la devoción que sabe a donde va.

Silencio es ser uno mismo, y no tambor que resuene bajo los dedos de la muchedumbre.

Silencio es tener un corazón de uno, un cerebro de uno, y no cambiar de sentimientos o de opinión porque así lo quieren los demás.

Silencio es hablar con Dios antes que con los hombres, para no arrepentirse después de haber hablado.

Silencio es hablar uno calladamente con su propio dolor, y contenerlo hasta que se convierta en sonrisa, en plegaria, o en canto.

Silencio es, en fin, el reposo del sueño y el reposo de la muerte, donde todo se purifica y restaura, donde todo se iguala y perdona.

Alberto Masferrer (foto)