Dos programas juveniles marcan hoy la pauta de audiencia en la televisión chilena. Uno se llama “Mi nombre es…” y el otro “Factor X”. Son cazatalentos artísticos, y a fe que hay bastante talento subyacente en Chile, que está saliendo a flote gracias a estos programas de la televisión.
Ambos programas son franquicias, así que no podemos decir de ellos que correspondan al desarrollo autónomo de la televisión nacional. Son programas que se compran (como quien compra en un supermercado paltas y jamón) en grandes eventos de negocios, generalmente realizados en los Estados Unidos. Gracias a estas compras, la televisión abierta tiene programas como “Los Simpson”, “Doctor House” y “A prueba de todo”, por poner algunos ejemplos.
Sobre el contenido de estos dos, “Mi nombre es” y “Factor X”, podemos decir que éste busca la expresión libre de los participantes en el canto, mientras que el primero mencionado tiene la exigencia adicional para el participantes, de tener que parecerse al artista que pretenda imitar. En ambos casos, ha podido verse una enorme cantidad de cantantes talentosos, y anónimos hasta ahora, que se hacen visibles gracias a estas franquicias.
Viendo ahora la enorme sintonía que tienen estos dos programas, es preciso compararlos con otros dos programas juveniles que son, realmente, una mascarada. Y me refiero estrictamente al enorme talento que está surgiendo de los programas nuevos, y en cuestión de días, en contraste con el poco talento que, durante años, exhibieron los programas de televisión “Rojo” y “Yingo”.
De “Rojo” no quedó sino el recuerdo, porque de los jóvenes que cantaban ahí, dos (Mario Guerrero y Carolina Soto), son los que destacan a través del tiempo, y el resto han sido flores de un día. Pero lo grave y molesto es que, sin talento, se mantuvieron 2 o 3 años al aire diariamente, ganando dinero en pagos mensuales.
Lo mismo puede decirse de “Yingo”, donde el talento es aún más escaso, pero los jóvenes derivan sueldos, con seguridad superiores al mínimo porque posan un estilo de vida de rockstars, y lo peor es que resultan ser, por inercia de los medios de comunicación ejemplos para la juventud, cuando no son ejemplos de nada, en realidad.
Mientras “Factor X” y “Mi nombre es” hacen visible en la televisión a los muchos talentos anónimos que se están descubriendo, “Rojo” y “Yingo” son programas que les dan televisión a jóvenes sin talentos, varias horas de lunes a viernes. Pero es la paradoja de la desigualdad humana.
















