Con reverencia escuchó el “monstruo” de la Quinta Vergara al músico Sting (foto), acompañado por la Orquesta Sinfónica de Chile. Su “Symphonicity” caló hondo en los asistentes al Festival de Viña del Mar. No se oía una mosca cuando quedaba un claro musical, y Sting, como si no fuera el genio musical que es, pedía aplausos, con un español rudimentario, para la Orquesta Sinfónica de Chile. Antes de subir al escenario, contó en una breve rueda de prensa que la idea de crear una sinfonía no fue suya, sino de la Universidad de Chicago que se lo pidió. Máxima modestia, en todo, de este hombre y músico genial. Era de esperar que recibiera las Antorchas de plata y oro y las Gaviotas de plata y oro, como sucedió. Había anunció 17 temas y 17 presentó, uno tras otro, con excelsa calidad, el primero de los cuales fue “If lever lose my faith in you”. Un genio Sting, y un maestro. El público quedó con sabor a poco, y quería más, pero no era, ciertamente, un concierto de Sting, sino la participación de Sting en el Festival.
Lo que vino a continuación fue algo doloroso: el fin del humor ordinario en el Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar, a cargo de Ricardo Meruane.
Había dicho una y otra vez que haría un humor “inteligente”, “cáustico”, “extraído de la realidad nacional”, y no el chiste soez que se acostumbraba hacer. Pero hizo exactamente todo lo contrario.
Para empezar, el animador Rafael Araneda lo anunció con toda suerte de halagos, y el humorista… no estaba listo. Entró tarde al escenario, con una risita fastidiosa y comenzó el desastre. El “monstruo” lo pifió hasta que le tocó abandonar el escenario.
Lo mismo que le pasó a Óscar Gangas en 1989, con la diferencia de que éste no confrontó al “monstruo”, como sí lo hizo Meruane.
“Pifien, nomás”, decía Moruane, entre la silbatina y el coro de “¡Que-se-vaya!” del “monstruo”. “Así es esto, pues”, decía Meruane, mal vestido, con actitud derrotada en la forma de pararse, y luciendo una peluca que pretendía ocultar su proverbial calvicie. “Puta si son desagradecidos, güevón”, decía Meruane. “Pifien, nomás, así se apoya al talento nacional”, porfiaba Meruane, enfrentado al “monstruo”, en una pelea desigual en la que habría de salir noqueado.
Los pocos chistes que dijo, entre pifia y pifia, eran viejos, conocidos, groseros y mal contados.
Ricardo Meruane tuvo el destacado privilegio de enterrar el humor ordinario y chavacán en la Quinta Vergara. Nunca más esta porquería de humor, por favor, en un recinto que recién había pisado el celestial Sting.
Algunos medios dicen que el hambre de “más Sting”, hizo que el “monstruo” se comiera a Meruane. No es así.
Sting subió en gloria y majestad en el corazón de los asistentes por mérito propio. Por la calidad de su trabajo. Y por propio mérito, Meruane mostró la hilacha y dejó un vómito apestoso en el escenario, con lo que jamás llegó a ser “una rutina” de stand up.
No estoy diciendo que se deba eliminar el humor del Festival de Viña del Mar. No. Estoy rogando porque haya mejor calidad de humoristas en el Festival de Viña del Mar. Lo repito: si los humoristas consideran que presentarse en este evento es casi su consagración, ¿por qué no preparan sus rutinas, escriben libretos originales, dan lo mejor de sí? Parece como si unos minutos antes de subir al escenario, hicieran una lista, a la rápida, de algunos chistes que han contado en los asados y reunión de amigos.
El llamado es a elevar la calidad. Porque los malos humoristas no pueden hacer desaparecer el género del Festival.
Por fortuna, los finalistas de la competencia por mejor Canción Internacional y mejor Canción Folclórica pudieron presentarse. Estaba anunciado que antes de Los Jaivas se conocerían los nombres de los ganadores. Pero no fue posible hacerlo por el desastre de Ricardo Meruane. Los ganadores se conocerán hoy, sábado.
Y tras este desastre llegó un soplo de vida con Los Jaivas.
Empezaron su presentación con el Canto a Machu Pichu, una hermosa adaptación musical de los versos de Pablo Neruda, “Alturas de Macchu Picchu”, y terminaron, genialmente, con otro himno humano: “Todos juntos”. Excelentes, Los Jaivas. Recibieron, obviamente, las Antorchas de plata y oro y las Gaviotas de plata y oro.