La noticia habla de que el presidente Sebastián Piñera estaba piloteando un helicóptero y ¡se quedó sin combustible! Por tanto, debió aterrizar de emergencia ¡en una carretera del Biobío!
Es chistoso, pero no debería parecernos gracioso. Por un hecho muy sencillo: ¡Es el Presidente de la República de Chile de quien estamos hablando!
Es decir, ¿qué hace el presidente piloteando un helicóptero? ¿Por qué se quedó sin combustible? ¿Por qué buscó una carretera intercomunal y no un potrero?
Todo es chistoso, pero está mal hecho.
Comparto en un ciento por ciento el comentario del ex canciller Ignacio Walker: “Este aterrizaje en una calle, que es un bien público, demuestra que al parecer el presidente Piñera no toma conciencia de la autoridad de la cual está investido”.
El transporte del Presidente de la República debe ser ins-ti-tu-cio-nal. Como bien lo dijo el señor Walker, “debe ser más consciente de la dignidad del cargo y dejar los juguetes de lado”.
Aunque el congresista Gabriel Ascencio también se pronunció sobre el incidente, su enfoque es distinto, nada institucional (lo que parece no importarle mucho), sino del siguiente tenor, un poco populista (¿o, pajarón?): “No puede ser posible que el señor Piñera, aunque sea Presidente de la República, pueda aterrizar en cualquier lugar del país, poniendo en riesgo la seguridad de la gente”.

















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