El presidente Sebastián Piñera respondió las críticas a su forzado aterrizaje en un camino público mientras piloteaba un helicóptero sin combustible en la Región del Biobío, diciendo:
“La gente sabe que cuando estoy en La Moneda trabajo muy intensamente, 15 a 16 horas diarias, pero cuando estoy en vacaciones tengo derecho también a hacer deporte, a estar con la familia, a la lectura, y les pido a los críticos que no se preocupen tanto de lo que hace el Presidente durante sus vacaciones, porque esa preocupación no es sincera”.
No, señor Presidente, usted no se manda solo, ni siquiera en vacaciones.
Sus vacaciones no son las de la señora Juanita (el personaje imaginario del ex presidente Ricardo Lagos Escobar), ni las de Pedro Pita. Ellos son ciudadanos comunes y corrientes, y usted, hasta donde sabemos, es ¡el Presidente de la República de Chile!
Usted es la institucionalidad, señor Presidente. Usted no puede andar por ahí de farra, borracho en vacaciones, conduciendo un auto a 150 kilómetros por hora. Tampoco puede usted, señor Presidente, con el achaque de estar de vacaciones, inyectarse heroína, desnudo en una orgia (así sea a puerta cerrada). Usted tiene una dignidad, señor Presidente. La dignidad de ser… ¡el Presidente de la República de Chile!
Aunque sea muy sutil, sus actos, señor Presidente, siguen siendo los de un Jefe de Estado (así esté de vacaciones). La primera integridad que debe cuidar como Presidente de la República, es la suya, señor Presidente. Y la primera dignidad que debe cuidar es la de la Presidencia de la República.
Como ciudadano de a pie, señor Presidente, puedo afirmar que usted está faltando con esos deberes. Y no se lo digo desde ninguna ideología, sino como su gobernado que cuida que la institucionalidad sea proba.
Dice usted, señor Presidente: “A mí me gusta mucho hacer deportes de aventura y por eso soy parapentista, soy buzo, me gusta subir montañas, bajar los ríos, y en las vacaciones uno hace las cosas que le gustan. Yo sé que algunos se molestan, pero las hacemos con responsabilidad, seriedad y por tanto uno no debe cambiar su forma de ser”.
Eso, señor Presidente, debe poner orgullosos a todos los chilenos. No todas las naciones pueden decir lo mismo de sus presidentes, algunos de los cuales sufren de artritis, diabetes, sobrepeso y obesidad, molicie y quizás alcoholismo. Por eso, Chile debe estar orgulloso de un presidente deportista. Pero antes que deportista, usted es Presidente, señor Presidente.
Dice usted: “En vacaciones uno hace las cosas que a uno le gustan”. Sí, pero no pilotear un helicóptero sin combustible, señor Presidente.

















