Archivo diario: 29 noviembre, 2010

La Santa Muerte

Ignoraba que existiera un culto tan arraigado a la muerte como el que se presenta en México. La muerte convertida en Santa Muerte, como una transmutación de la Virgen María o la Virgen del Carmen o la Virgen de Guadalupe. La diferencia estriba en que éstas últimas son invocación de la Iglesia Católica, mientras la Santa Muerte es por completo profana.

A la Santa Muerte le rezan los delincuentes, los sicarios, los asaltantes de bancos y todos los malandrines del lumpen, pero además, gente corriente. Los primeros, en general, la invocan para que los acompañen en sus pillerías. La invocan para que el asalto o el asesinato, les salga bien. Sin embargo, algunos de ese grupo de personas también la invocan para que los saque de ese mundo, porque quieren ser personas de bien, o para que les ayude a dejar un vicio que los aniquila, como la marihuana o el alcohol.

Los devotos de la Santa Muerte llevan a su altar copas y botellas de licor, cajetillas de cigarrillos o cigarrillos de marihuana (porros, pitos, varillos o como los llamen). Se arrodillan frente a su imagen, y encienden el pito mientras le rezan (foto), o beben un trago de licor y lo escupen a sus pies.

La Iglesia Católica está preocupada por la expansión que este culto profano ha tenido en México. Culto que ha crecido al mismo tiempo que se ha exacerbado el crimen y el delito. Ya sabemos por los diarios online que en México los periodistas no dan abasto para cubrir tantos crímenes que se producen cada día. Vendettas de mafiosos narcotraficantes o de estafadores de Espaldas mojadas que se cobran cuentas entre sí.

Resulta curioso que el culto a la Santa Muerte se apoye en el Padrenuestro que Jesús le enseñó a sus discípulos, según las Sagradas Escrituras. Y en el imaginario, algunos de sus creyentes la consideran equivalente a la Virgen del Carmen.

La diferencia está en que esta santa profana tiene un sentido único: recordar que en vida, no somos más que la inminente posibilidad de muerte. Lo único cierto es morir. Lo cual solemos olvidar. Por ello, no resulta un asunto traumático para sus fieles, sino la protección para que ese proceso, invocando a la Santa Muerte, sea más luminoso.