La destreza de los microrrelatos

Cuando uno es amante de la literatura quiere saber cómo lo hacen los demás, cómo escriben, cuáles son esas chispas de genialidad que hacen un texto superior. Me ocurre lo mismo con los concursos. Es bueno saber qué textos fueron los triunfadores, y al leerlos, descubrir, obviamente, por que los integrantes del jurado decidieron premiarlos. A veces, uno se decepciona con el fallo. Por eso, comparto el texto ganador y los primeros 6 textos del libro de 170 páginas del I Premio Museo de la Palabra, que la Fundación César Egidio Serrano publicó y puso en circulación el pasado 13 de octubre, con el título “Más allá de la medida”. El texto ganador se titula “Hace días que llueve”, y los 6 siguientes “El peligro que acecha”, “El topo”, “A nosotros no”, “Las historias que escribo”, “De puertas adentro” y “El pequeño país”. Debo admitir que los textos breves son muy exigentes. Tienen el reto de usar muy pocas palabras y sin embargo decirlo todo, crear y cerrar la historia. Exigen una gran destreza. Y si alguno de ustedes tiene un texto que se ajuste a esas características, está en condiciones de participar, aquí, en el II Premio Museo de la Palabra. Aquí están 6 de los premiados. Disfrútenlos:

Hace días que llueve María Soledad Uranga (Argentina) Hace días que llueve a cántaros. Y la gata se comió el último grillo que nos mantenía despiertos.

El peligro que acecha Carmen Becerra Fuentes (España) Nunca se lo he contado a nadie. Cuando niña, en el hueco de la escalera de mi edificio se ocultaba un francotirador. Por eso, al bajar la basura, salvaba los metros que me separaban de la puerta en solo unos segundos, sin mirar atrás. Siempre me salvó mi rapidez. Al ir creciendo, en todas las casas que he habitado, he sentido la presencia de otros como él, agazapados en recodos oscuros. Ya no corro, pero aún no he tenido el valor de girarme y enfrentar sus rostros. Sé que algún día habré de hacerlo, si no quiero que me acaben alcanzando. Algún día.

El topo Estrella Martín Peccis (España) La taza de té humeaba entre las manos de la mujer. Es hermosa, pensó el hombre sentado frente a ella. Lástima que tenga que morir. ¡Quién hubiera imaginado que ella fuese el topo! Con esa cara de niña, dulce y suave; con esa mirada cálida y apacible. Deslizó sus ojos por el cuello femenino y admiró sus pequeños pechos, aquellos que él había besado tantas veces. Sorbió su té lentamente, deleitándose como lo hacía con su boca. La echaré de menos, asumió, en el mismo instante en que se desplomaba muerto sobre la mesa.

A nosotros no Luis Manuel Nuño Espina (España) A nosotros los náufragos nos gusta dejarnos barba y pelo largo. Adoramos el dibujo de nuestra huella en la arena, nuestro mar es azul limpio y la playa tiene una distancia de paseo y medio, el paseo que damos todas las mañanas hasta las rocas; allí pescamos. Así que no se os ocurra ni por un momento venir a salvarnos. No deis un paso más u os parto el alma a patadas. Y aún así, ahí vienen, con dentaduras perfectas, contaminando al hablar. Tipos llenos de aristas. Cabrones, ni me toquéis. A mí nadie me rescata (a ninguno de nosotros).

Las historias que escribo José Antonio Palomares (España) Todo el mundo sabe que yo solo escribo sobre lo que he vivido. Es lo que digo a los periodistas: por eso me hice marino mercante, por eso me infiltré en los bajos fondos, por eso durante algún tiempo fui boxeador. Por eso escribí novelas sobre marineros, el lumpen, los boxeadores mediocres. Y por eso cuando vi a mi mujer sosteniendo mi última novela recién publicada, Infiel, y en la otra mano una escopeta con la que me apuntaba al estómago, supe que tenía problemas.

–Ahora podrás escribir historias de fantasmas –dijo furiosa mientras disparaba.

Y eso hago.

De puertas adentro Javier Pascual Echalecu (España) A mi padre, una vez, le salió un hombre dentro. Lo tuvo alojado varios años al fondo de la garganta –justo detrás de la campanilla–. A última hora de la noche aquel hombre se ponía a hablar y su voz, comparada con la de mi padre, parecía un aliento sin vida. Fue nuestro secreto. Cuando no podía oírnos le llamábamos “el hombre que llora”. Una noche mamá creyó escucharlo y preguntó por él, pero eh, qué clase de padre iba a reconocer que tenía dentro a un hombre así de triste.

El pequeño país Jesús de la Plaza (España) El pequeño país vecino inventó una bala que nunca alcanzaba su objetivo. Recibieron el Premio Nobel de la Paz. Reconocimiento mundial, gran alborozo.

Lo invadimos.

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4 Respuestas a La destreza de los microrrelatos

  1. Pingback: Claves literarias de Mario Vargas Llosa | JulioSuarezAnturi

  2. Considero que el microrelato es uno de los generos más dificiles y sin embargo gana cada vez más popularidad. ¿Será por esta era de velocidades y noticias a cada minuto?

  3. Pingback: consejos escritores –

  4. Sin proponerselo, El microrrelato Expande los sentidos hasta la dimencion donde queramos llegar, sin visa,sin documentos.

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