En una entrevista de la periodista Rocío Montes Rojas se confiesa el ex ministro Francisco Vidal (foto), y revela la enorme influencia que tuvo en el gobierno de la presidenta Michelle Bachelet el entonces ministro de Hacienda, Andrés Velasco.
De alguna manera, era él, Andrés Velasco, quien gobernaba. Considera Francisco Vidal que buena parte de la responsabilidad por la pérdida de las elecciones se le debe abonar a la hoja de vida de Andrés Velasco.
El ministro Andrés Velasco comenzó siendo un extraño sujeto tímido, y terminó siendo un altisonante vocero de gobierno, que ensució las normas éticas de la no participación de los funcionarios en política, al dedicarse, abiertamente, a hacer “puerta a puerta” a favor del candidato Eduardo Frei, como si esta deplorable actitud fuera un acto heroico.
Recordar también que desde una fundación llamada “Expansiva” empezó, desde la campaña presidencial de Michelle Bachelet, su trabajo sucio contra cualquier contrincante, con ayuda de algunos periodistas, como su propia esposa, la presentadora del canal oficial TVN, Consuelo Saavedra, que tendió una trampa a la pre candidata Soledad Alvear, en el debate público realizado en Hualpén.
La entrevista de Rocío Montes Rojas a Francisco Vidal, en lo esencial:
¿Cómo ha visto a la Concertación en la oposición?
–La Concertación está desconcertada. Para ser alternativa en la elección presidencial de diciembre de 2013 requiere desarrollar tres tareas. Primero, defender lo hecho, que fue mucho y muy bueno. Segunda tarea: una autocrítica de verdad, profunda, honesta, que no deje espacio a las inmunidades ni a las impunidades. La tercera tarea es ser una oposición con propuestas para el país y constructivas para el Gobierno. Hay un tema que tenemos que asumir en el marco de la autocrítica: la presencia al interior de la Concertación, de manera transversal, de una cierta lógica tecnocrática, profundamente ideológica y tremendamente liberal en lo económico.
¿Cree que hay gente de derecha dentro de la Concertación?
–Hay un grupo muy reducido, con cero vínculo en la base social, política y cultural de la Concertación, pero que logró tener una sobrerrepresentación en los gobiernos. Es un grupo que a través de redes y de contactos, consiguió saltarse el proceso de toma de decisiones de la Concertación y conducir a ciertas políticas que fueron equivocadas.
¿A quién se refiere?
–Lo que se aproxima a ese mundo que tenemos que evaluar en la Concertación es Expansiva. No quiero que mi opinión política se personalice, pero tengo grandes diferencias en estas materias, como en otras, con el ex ministro de Hacienda, Andrés Velasco. Esto es mucho más que una persona, pero me refiero a los creadores de Expansiva: Daniel Fernández, Eduardo Bitrán y Andrés Velasco. Están profundamente equivocados y no representan ni la historia ni la génesis de la Concertación.
¿Qué propone? ¿Expulsarlos?
–Este mundo pequeño en lo cuantitativo, pero poderoso en lo cualitativo, obviamente tiene derecho a permanecer en la Concertación. Pero las fuerzas no liberales en lo económico, que somos el 99% de la coalición, también tenemos derecho a poner la atención en las políticas equivocadas que se cometieron por parte de estos grupos. No creo que sea bueno para la Concertación que yo quiera, como alternativa presidencial para 2013, no despejar este tema.
¿Cuáles fueron esas políticas equivocadas?
–Quiero debatir si fue bueno o malo para el país y para la Concertación no haber hecho el puente del canal de Chacao. Y el rechazo de ese proyecto por parte del ministro de Obras Públicas de la época, Eduardo Bitrán, obedece a una cierta mirada que está en debate. El presidente Ricardo Lagos lo dijo en “El Mercurio” el domingo pasado: se cuestionó el costo del puente del Chacao, pero resulta que lo pagaba la inversión privada. Existió una racionalidad exclusivamente de costo–beneficio económico. Segundo ejemplo: el tren al sur. Y es primera vez que lo estoy diciendo, porque me he informado en detalle: la gente confunde el fracaso del tren al sur, hasta Puerto Montt, con el tema judicial de fraude al fisco. Quiero discutir por qué el segundo plan trienal que dejó el presidente Ricardo Lagos en las oficinas de partes de las oficinas de Hacienda y Obras Públicas, entre el 6 y el 9 de marzo de 2006, luego se guardó en unos cajones y no se hizo. Porque, en mi opinión, si eso se hubiera hecho, porque estaba recomendado por el Sistema de Empresas Públicas, en una de esas tendríamos hoy tren a Puerto Montt. Detrás de esta decisión hay una razón profundamente ideológica, que era no concebir que el Estado tuviera trenes.
¿Hubo razones técnicas para descartar el tren al sur?
–Siempre las ideologías tienen razones técnicas. Y la cancelación del proyecto no solamente le causó un daño al país, sino que provocó un daño político enorme a uno de los liderazgos de la Concertación. Y tercero: el Transantiago. Pero, ¿de qué lógica viene el Transantiago? De la tecnocracia y de la idea de creer que bastan incentivos para que esto se resuelva. Proviene del desconocimiento absoluto de la idiosincrasia, de la política y de los fenómenos sociales. Por la información que recabé, sé que esto fue debatido en el gobierno y que, en el proceso de la toma de decisiones, finalmente se impuso la tecnocracia.
¿Usted habla de la decisión de ponerlo en marcha en febrero de 2007?
–A la obsesión por ponerlo en marcha. Como ciudadano y ex ministro me pregunto: ¿por qué, si se postergó de octubre de 2006 a febrero de 2007, no se postergó de nuevo, como la Presidenta dice que hubiera sido lo correcto? Por el prejuicio tecnocrático. Si aquella idea de lanzar de todas maneras el Transantiago tenía como razón evitarse la multa, quiere decir que la evaluación económica de esa decisión estaba errada.
¿El ministro Velasco insistió en llevar adelante el plan?
–Lo que me consta es que fue una decisión muy conflictiva. Es de público conocimiento la intuición de la Presidenta, pero es de menos público conocimiento las diferencias entre Belisario Velasco y Andrés Velasco. El entonces ministro del Interior era partidario de no ponerlo en marcha, por consideraciones políticas y de orden público. La otra posición, más allá de cierta soberbia tecnocrática que siempre existe desde la lógica económica, era por qué el Estado iba a pagar multa si estábamos en condiciones de lanzarlo.
¿Hay otros ejemplos?
–El conflicto de los camioneros de junio de 2008: ellos pedían 8, el gobierno ofrecía 6, terminamos dando 10, con paro mediante. Los empleados públicos en noviembre de 2008 pedían 10, ofrecimos 7, terminamos en 10, paro mediante. Los contratistas del cobre en mayo de 2008: pedían Z, el gobierno ofrecía N, y terminamos dando O. La lógica tecnocrática no considera las consecuencias políticas de las decisiones de un gobierno.
¿Esto provocó la derrota de la Concertación?
–Es la acumulación. La ideología de la que hablo tiene la ingenuidad de creer que las políticas que se proponen pueden penetrar en el ABC-1, y el ABC-1 tiene una conciencia de clase brutal. El ABC-1 en la Concertación multiplicó su patrimonio por 10, por 20, por 30. Sin embargo, la respuesta política del ABC-1 en Vitacura fue de 82% de respaldo a Piñera y 18% para Frei. Los liberales en la Concertación le causaron un daño a esta coalición política. Y sobre todo el daño es porque tuvieron cargos muy importantes en los gobiernos. Fueron ganando hegemonía y la otra fuerza comenzó a perder materialidad.
¿Usted exculpa a la Jefa de Estado de la omnipresencia del liberalismo económico que, según usted, imperaba en el propio gobierno?
–La exculpo, sí. Porque me consta que ella nunca quiso discriminar a ningún grupo de la adhesión, y porque, por lo demás, sé que un presidente, habiendo tratado con dos, tiene entre sus múltiples responsabilidades la del equilibrio. Y aunque parezca paradójico: me consta que la Presidenta tuvo siempre conciencia de esto, y que hizo lo posible por evitar que esta lógica se impusiera en todos los frentes. Es un grupo muy poderoso que se va retroalimentando. ¿Cuánto nos costó a Pérez Yoma y a mí terminar con el conflicto de los contratistas? Y eso era porque Codelco no nos hacía caso. Así de simple, porque hay cierta autonomización de este poder. ¡No nos hizo caso!
¿Cómo ejercía influencia Andrés Velasco dentro del gobierno?
–No es personal, porque también lo viví con mi amigo Nicolás Eyzaguirre. Por eso felicito, aunque sea mi adversario político, que Rodrigo Hinzpeter haya dicho que es bueno que la jefatura de gabinete esté en Interior. Mi experiencia en los dos gobiernos en los que participé es que la influencia de Hacienda era como un segundo Poder Ejecutivo, que tenía subordinados a los otros 21 ministerios. La sectorialista de la División de Presupuestos tenía mucho más poder que yo, como ministro de Defensa, y que el subsecretario.
¿Qué culpa asume usted?
–Mi autocrítica es no haber perseverado con más fuerza en lo que yo creí que eran las posiciones que debíamos adoptar.
¿Usted, con estas críticas, intenta evitar que, de llegar Michelle Bachelet otra vez a La Moneda, vuelva a gobernar con los mismos?
–Lo que quiero es hacer un aporte a un debate abierto, transparente. Y como espero que regresemos a La Moneda, este es un tema ineludible. La Concertación debe hacer su propio ‘nunca más’ y evitar que un gobierno suyo sea dominado nuevamente por tecnócratas. Recuerdo el consejo de gabinete del 1 de octubre de 2009. Yo propuse dos temas: reforma laboral y AFP estatal. Mi opinión, y la de muchos más (quienes no han dicho nada, pero es problema de ellos, no mío), era que se hacía imprescindible (no en el sentido instrumental, como fueron las reformas laborales del 99) enviar un conjunto de reformas laborales, cuyo objetivo era fortalecer a los sindicatos y mejorar la negociación colectiva. ¿Qué hubiese pasado con esos dos temas en el debate? El candidato hoy día Presidente, y su alianza, hubieran tenido una mirada, y el nuestro, otra.
¿Qué sucedió cuando usted hizo aquella propuesta?
–La respuesta que tuve, y es uno de los peores momentos que viví en los 10 años que estuve en La Moneda, fue una descalificación brutal por parte de un miembro del gabinete, el ministro de Hacienda, Andrés Velasco.
¿De qué tipo?
–De carácter personal. Me contuve porque tengo un respeto irrestricto y hasta el infinito a los presidentes de la República, y en este caso particularmente a la presidenta Bachelet.
¿Cuál fue la actitud de la Presidenta?
–De mucha incomodidad, obviamente, y de molestia por la situación. Por lo demás, hubo un silencio y ahí terminó el consejo de gabinete.
¿Tuvo el respaldo de sus compañeros?
–A las horas después recibí el llamado de algunos ministros que estaban sorprendidos y consternados por lo que allí había ocurrido. Me consta que muchos ministerios sufrían esta hegemonía.
¿Hubo pasividad por parte del resto de los ministros?
–Hubo colegas míos que lo que pensaban en privado, pero nunca lo plantearon colectivamente, como yo lo hice. Existe inhibición en esto y es parte del problema.
¿Esa tensión con Hacienda se vivía constantemente?
–En los quince meses que estuve en el comité político de La Moneda en mi segundo ingreso, esto fue una tensión permanente.