El giro provocado por la obra de James Joyce en la literatura tuvo una nueva dinámica, años más tarde y en territorio latinoamericano. En estas tierras surgieron plumas vigorosas y novedosas que hicieron su aporte al caudal de la literatura mundial, y se denominaron “Boom latinoamericano”.
De esta corriente nueva formaron parte Julio Cortázar, Mario Vargas Llosa, José Donoso, Carlos Fuentes, Mario Benedetti, Jorge Luis Borges, Juan Carlos Onetti y Gabriel García Márquez (foto). Particularmente influyente resultó este último.
Sin embargo, el virtuosismo en el lenguaje que había otorgado un nuevo estatus a la literatura con la obra de James Joyce, fue reorientado hacia la fluidez de la anécdota. Lo importante, entonces, a partir de Gabriel García Márquez, es la historia.
Y sobre todo, la cantidad de historia contada.
Porque las tramas sencillas pero enmarañadas de Juan Carlos Onetti, por ejemplo, que exigen un lector atento y participativo, al igual que en los textos de Jorge Luis Borges, en Gabriel García Márquez se convirtieron en una avalancha de sucesos, cada uno tan insólito o más que el precedente, que formó un desbordamiento imaginativo bautizado como “realismo mágico”.
Tengo por cierto, en lo personal, que hizo tanto bien, como daño, a la literatura, la irrupción de Gabriel García Márquez. Impronta que reforzó el otorgamiento del Premio Nobel de Literatura en 1982.
El trabajo del lenguaje, el cuidado en el adjetivo, la fuerza de las metáforas, es decir, todo el virtuosismo ganado, volvió atrás.
Porque Gabriel García Márquez escribe, por supuesto, bien, en términos de sujeto-verbo-complemento, pero su escritura es, si se quiere, llana. Está muy cerca del best-seller estadounidense, muy cerca de los textos para leer en la playa.
Gabriel García Márquez impuso la anécdota por sobre el lenguaje.
El trabajo del lenguaje dejó, súbitamente, de tener importancia, para tenerlo el flujo de los acontecimientos. Y no cualquier acontecimiento, sino uno que deslumbre, que sorprenda, que produzca una exclamación en el lector.
Creo que la literatura, en este sentido, retrocedió con Gabriel García Márquez.
La literatura dejó de ser manejo del lenguaje para convertirse en cuenta-historias.
Muchas vocaciones echó a perder Gabriel García Márquez, porque la novela sicológica, por ejemplo, la narración minimalista o la narrativa objetalista, dejó de tener sentido, en aras de una avalancha de sucesos.
Su novela corta “El coronel no tiene quien le escriba”, considerada por muchos, incluyéndome, una obra maestra, se transformó en la catarata de cosas de “Cien años de soledad”, la cual, reitero, está escrita con el cuidado del buen narrador, en cuanto a sujeto-verbo-complemento, pero es inferior, tal vez, a la primera novela mencionada.
Por lo demás, el “realismo mágico” no es más que la recuperación de la narración oral popular, no solo de Colombia, de donde es originario Gabriel García Márquez, sino de cualquier país del mundo.
Y digo más, inclusive de sucesos que ocurren en esferas no tan populares, como la extinción de los Romanov, que bien pueden formar parte del realismo mágico de la literatura.
















