Archivo mensual: febrero 2010

Algunos sitios, así

Temblor, tembló, megasismo

Un rumor sordo nos envolvió cuando saltamos de la cama a causa del trepidante movimiento telúrico que nos despertó a las 3:35 de esta madrugada. Nos paramos en el marco de la puerta y el crujido siguió por más de un minuto, por cerca de dos minutos. Mi sensación era la de ir en un bus por un camino despavimentado a 80 kilómetros por horas. Y a oscuras. El pesado diccionario de la Academia de la Lengua quedó en el otro extremo del mueble. Algunos adornos rodaron por el suelo. Y enseguida, réplicas, réplicas, réplicas. Solo esperábamos que amaneciera. No sé cuánto tiempo duraron las réplicas, yo estimo que hasta las 9 de la mañana. Quedaba uno mareado. Y cansado por la falta de sueño, y exaltado por la adrenalina. Un despertar sin igual. Después, cuando volvió el fluido eléctrico, comenzamos a enterarnos de los daños en la Región del Biobío, que fue donde se produjo el epicentro del terremoto. A lo largo del día, tratando de ubicar a todos y cada uno de los familiares, y viendo las imágenes de miedo por la televisión. Edificios caídos, barcos arrastrados varias cuadras hasta el centro de las ciudades costaneras, puentes fracturados en varios sitios, autos volteados, aplastados. En el epicentro el terremoto fue de 8,5 Richter, en Santiago, donde estamos, 6,5 Richter. Este movimiento de la madre tierra es su expresión de furia por la manera inadecuada como la tratamos. Movimiento conectado al otro lado del planeta, con Hawai, donde un tsunami avanzaba, o al menos un mar embravecido. Terremoto que nos recuerda la fragilidad que somos, la pequeñez que somos, la condición pasajera que somos los humanos.

Cómo la Concertación mató a la prensa

Cuando leí esta entrevista al director de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Chile, Premio Nacional de Periodismo 2005 y ex director de la revista Análisis, Juan Pablo Cárdenas, no podía creerlo. ¿La Concertación en acuerdos poco claros, y protegiendo una decisión del dictador Augusto Pinochet, a tiempo que realizaba toda suerte de patrañas para impedir una prensa crítica? ¿La misma Concertación que se precia de formar parte del coro celestial, el paraíso terrenal y los mejores mundos? ¿La impoluta Concertación, que siempre reniega y asquea de la dictadura de Augusto Pinochet y de “la derecha” de los Edwards? ¿Y durante la dictadura, y después también, el Colegio de Periodistas guardando silencio cómplice? Sí.

Al final, tuve que aceptarlo: la Concertación no se diferencia mucho de otros gobiernos de otros países, corruptos y venales, cínicos y miedosos. ¿A ustedes no les causa miedo Camilo Escalona, Soledad Alvear y Jorge Pizarro, por solamente mencionar los más esclarecidos baluartes de la Concertación?

Sin más, pasemos a la entrevista realizada por los periodistas Ximena Póo y Felipe Portales, a Juan Pablo Cárdenas, quien revela la política de los gobiernos de la Concertación sobre los medios opositores a la dictadura de Augusto Pinochet, y afirma que existe un pacto implícito de la Concertación con el duopolio de El Mercurio y La Tercera, de las familias Edwards y Saieh.

¿Qué llevó a la desaparición de la revista Análisis y los medios escritos vinculados a la Concertación, durante el proceso de transición?

“Se ha dicho con mucha insistencia que fue el mercado el que mató a estas publicaciones; y a pesar de que cada caso tiene sus diferencias, yo puedo dar cuenta de que el fin de Análisis no se debió al mercado, sino que a una decisión política que se tomó durante el gobierno de Patricio Aylwin, concretamente en el Ministerio del Interior. En ese tiempo el gobierno inició el proceso de apoderarse de Análisis, que culminó con el engaño a varios de los directores de la revista, a quienes se le compraron sus acciones, y eso le dio la posibilidad al subsecretario del Interior, Belisario Velasco, de nombrar nuevas autoridades en la revista, las que luego determinaron su cierre. Eso está debidamente acreditado por los registros de transacciones notariales que se hicieron con las personas que vendieron sus acciones; proceso que se hizo en el entendido de que los nuevos accionistas iban a consolidar la revista, y no a cerrarla”.

¿Quiénes fueron esos nuevos accionistas?

Luis Risopatrón, quien ofició como presidente del nuevo directorio; y el propio Belisario Velasco, quien adquirió más acciones dentro de las que ya tenía como miembro de la sociedad. Debo añadir que la operación fue ilegal, ya que una de las cláusulas que tenía el directorio de Análisis era que cualquier persona que quisiera retirarse y vender sus acciones, debía ofrecerlas al conjunto de los accionistas antes que a terceros, cosa que no se hizo. Además, todo indica que la operación se efectuó con gastos reservados del gobierno, puesto que necesitó de fondos para comprar acciones; indemnizar a todos los periodistas por su despido, y cancelar el conjunto de compromisos económicos que la revista tenía pendientes, a la hora de su cierre. Es muy raro que gente del gobierno, con recursos propios, compren publicaciones, para que al poco tiempo decida su clausura, solventando esos gastos”.

¿Cuánto duró esta nueva etapa?

“Yo calculo que pasaron unos siete u ocho meses desde mi salida y la clausura”.

¿Y a qué se debió su salida?

“Simplemente porque cambió la mayoría del directorio. Incluso, en un acto desesperado, yo les ofrecí a los nuevos miembros del directorio que se retiraran, pagándoles lo que habían invertido, dejándonos a los periodistas como únicos propietarios de la publicación. Pero no quisieron. Luego me propusieron la extraña fórmula de que siguiera como director un año, poniendo mi nombre, pero que me fuera al país europeo que quisiera, manteniéndome el sueldo. Por cierto no la acepté. Entonces me ofrecieron una indemnización por años de servicio. A mí me correspondían doce meses, pero como había una ley que ponía un tope de ocho, exigí que me pagaran sólo esta cantidad. Luego, con una parte del equipo de la revista formamos otro medio que también tuvo muchas dificultades.

¿Su convicción es, entonces, que hubo una operación desde La Moneda?

“Sí, en el caso de Análisis hubo una operación política desde La Moneda. Conozco a los principales responsables. En la oficina de Belisario Velasco se hizo una reunión en que se convocó a Fernando Castillo Velasco, Patricio Hurtado y Oscar Saavedra para adquirir sus acciones a cambio de dos millones de pesos, que se les dio a cada uno. Obviamente, en el entendido que se reforzaría la revista. En la operación también estuvo involucrado Carlos Bascuñán, yerno de Patricio Aylwin. Ellos fueron los operadores, pero cuando uno conversa con los directores de otros medios se da cuenta de que no fueron los únicos. En el caso de Página Abierta, por ejemplo, el operador fue Enrique Correa que compró las acciones. Yo siempre he planteado que hubo una política de los gobiernos de la Concertación de exterminio a los medios de comunicación contrarios a la dictadura”.

Por tanto, el cierre de Análisis no fue producto del mercado…

“Claro que no, porque la revista estaba en una muy buena situación. Por supuesto que habíamos empezado a tener dificultades, pero al término del gobierno de Pinochet estábamos en azul, como dicen los contadores. Después comenzamos a acumular algunas deudas con la esperanza de que íbamos a tener publicidad estatal, que se nos negó desde el comienzo, y con la expectativa de que íbamos a tener publicidad de empresas, como una forma de apoyar a las revistas, lo que tampoco se concretó. Por esto fuimos acumulando un déficit, pero que no era preocupante”.

¿Por qué razón cree usted que no recibieron ese avisaje?

“Pinochet había dejado comprometidos tres años de publicidad estatal con El Mercurio y La Tercera, y había dispuesto los futuros recursos de la administración de Aylwin para publicidad. Pero el gobierno podría haber desconocido esos acuerdos. Sin embargo, se respetaron esos convenios de Pinochet, con lo que, a mi juicio, se estableció, también, desde entonces, una alianza estratégica entre esos medios (principalmente El Mercurio) y los gobiernos de la Concertación, alianza que se extiende hasta el día del hoy: oposición discreta, a cambio de publicidad estatal e impunidad”.

Se habla de unas platas holandesas. ¿Cómo fue ese caso?

“Nosotros hicimos muchas gestiones para mantener viva a la revista Análisis. La más emblemática fue una que no emprendimos nosotros, sino el propio gobierno de Holanda, a través de la ministra que vino a representar a su gobierno en el traspaso del mando. Ella se reunió con el directorio de las revistas Hoy, Apsi y Análisis, y de los diarios Fortín Mapocho y La Época, para ofrecernos una ayuda por última vez, aunque muy cuantiosa, para que estas revistas y diarios pudieran consolidarse durante la transición, que ellos preveían difícil. Se nos informó que esta ayuda iba a concretarse a través de un informe que iba a redactar un consultor, enviado por el gobierno holandés, para analizar la situación de cada uno de los medios. Este consultor, efectivamente, llegó a las dos semanas, trabajó un poquito más de un mes, y se formó una convicción de las necesidades reales”.

¿Qué concluyó respecto de Análisis?

“En lo que toca a Análisis, el mismo consultor me preguntó qué monto se necesitaba para consolidar la revista, en los primeros cuatro años de la transición. Yo le di una cifra de 250 mil dólares, que estimaba para salir del atolladero en los años que venían. El me dijo, entonces, que estaba en condiciones de darnos mucho más dinero. Concretamente nos ofreció 500 mil dólares, los que acepté. A los pocos días el embajador de Holanda me llama para decirme que está en condiciones de girarnos el cheque de esta ayuda, pero me dice que debía resolver el problema que le planteaba el gobierno chileno, en el sentido de sostener que, cualquier ayuda a los medios de comunicación, sería visto como una injerencia indebida en los asuntos internos de Chile, un país democrático. Me dijo que habían acudido a los directores de las tres revistas, y con los directores de los diarios habían actuado en forma independiente. Entonces, los tres directores fuimos a hablar con Enrique Correa, en ese entonces ministro secretario general de Gobierno. El dijo que esto se trataba de un mal entendido, y que se resolvería con una llamada telefónica de él mismo. Pero esa llamada nunca la realizó, nadie la realizó desde el gobierno, y el embajador de Holanda se aburrió de esperar, hasta que nos notificó que ellos tenían interés de apoyar a los medios, pero también tenían interés de tener buenas relaciones con el gobierno de la Concertación.

¿El gobierno planteó que esta era una injerencia indebida en las relaciones con Holanda?

“Así es. Eso fue lo que me dijo el embajador de Holanda. Y esto fue ratificado, además, en un curioso encuentro que tuve en una recepción en la embajada de Noruega, en que el embajador noruego, que había ya estado en Chile, y lo volvieron a nombrar por la contribución que había hecho a la lucha democrática, públicamente me convocó, ahí delante de todos los comensales del evento diplomático, y le enrostra a una persona, Felipe Tomic, diciéndome: “Mire, director, yo quiero decirle, en presencia de toda esta gente, que este señor que está aquí, formó parte de una comisión que ha viajado por todos los países europeos, haciéndole ver a cada uno de los países, que cualquier ayuda a los medios de comunicación, y a las ONG, iba a ser considerado como una injerencia indebida en los asuntos internos de Chile”. Parece que se trató de un mal entendido, ya que no fue Tomic quien había estado en la comisión. Sí se pudo establecer que Sergio Molina estuvo en esa comisión, que viajó. Yo doy fe de que esa comisión existió, y las consecuencias de sus acciones están a la vista. La razón era que al existir un gobierno democrático, serían las instituciones del Estado las que debían recibir la ayuda internacional, directamente”.

Ha habido declaraciones suyas sobre esto desde hace varios años. ¿Nunca hubo alguna explicación de parte de las autoridades gubernamentales responsables?

“Yo me he cansado de decirlo, de plantearlo en conferencias, de escribirlo… de hecho, en la edición especial de aniversario de los treinta años de la creación de Análisis,  aparecen algunos de esos nombres. He mencionado reiteradamente a las personas que estuvieron en el operativo, como ahora, y jamás he recibido un desmentido”.

Tampoco ha habido una preocupación de los medios de prensa respecto de este tema.

“Así es. Y les puedo contar una anécdota muy interesante, porque creo que es el momento de hacerlo. En una oportunidad tuve una curiosa invitación al gabinete del ministro de Obras Públicas del gobierno de Aylwin, Carlos Hurtado. En su oficina, donde se hizo un almuerzo con directores de medios de comunicación, me preguntaron qué pasó con Análisis. Yo ya estaba en la revista Los Tiempos. Conté ahí mi versión a grandes rasgos. Cuando nos íbamos, el director en ese entonces de La Segunda (hoy de El Mercurio) Cristián Zegers, me dijo: “Juan Pablo, ¿tú no vas a denunciar lo que acabas de decir? ¿Estarías dispuesto a concederme una entrevista para La Segunda?”. Le contesté que sí, y le hice ver que era mejor hacer una investigación periodística previa sobre todo esto. Para esos efectos, yo podía dar los nombres y la notaría donde se realizaron las transacciones. Y que después de la investigación le daría la entrevista. Luego, Cristián Zegers designó a una periodista que tomó contacto conmigo, y que haría lo mismo con personeros de gobierno. A los dos o tres días, Cristián Zegers me llamó y me dijo que, lamentablemente, no podían hacer nada, ya que “esto se filtró y tú sabes las vinculaciones que tenemos con las autoridades; te felicito por tener el coraje de denunciarlo, pero con mucha vergüenza te digo que no puedo hacer nada”. Los medios y el Colegio de Periodistas renunciaron a denunciar estos hechos hasta el día de hoy”.

¿Y las relaciones entre los directores y editores de los medios que estaban desapareciendo cómo se daba?

“De hecho nos coordinamos para esto y para una acción que siguió y también la puedo revelar… En nuestra desesperación, los directores de las tres revistas –Marcelo Rozas, Marcelo Contreras y yo– nos fuimos, ante la dilación del secretario general de Gobierno que nos prometía ayuda y avisaje estatal, a conversar con el ministro de Hacienda de Aylwin, Alejandro Foxley. A él le contamos todo lo que habíamos vivido con el bloqueo de las platas del gobierno de Holanda. Foxley se tomaba la cabeza a dos manos, y decía que no podía entender una cosa así. El decía que ellos estaban ahí, entre otras cosas, por la lucha ejemplar de los periodistas. “Los veo muy estresados, los voy a ayudar”, dijo. Llamó a Pablo Piñera a su oficina, quien era su subsecretario, y después de cuchichearse nos pregunta el monto de la ayuda del gobierno holandés. Yo le cuento que para el caso de Análisis eran 500 mil dólares. El nos pregunta sobre qué nos parecía que a las tres revistas les diera lo mismo. El habló de crear un mecanismo con Pablo Piñera para darnos ese dinero. Luego nos dijo: “Ahora váyanse, tomen un trago a mi salud, y que tengan un buen fin de semana” (era viernes). El martes nos convocó intempestivamente el secretario general de Gobierno, Enrique Correa, a los tres directores con los tres gerentes, para una reunión a puertas cerradas en su oficina. Como era con los gerentes, nosotros pensamos ingenuamente que era para concretar los anuncios. Para nuestra perplejidad, en cambio, nos retó muchísimo, nos amenazó con las penas del infierno, y nos advirtió que así no iba a haber un peso de ayuda a ninguno de los tres medios”.

¿Cómo justificó aquello?

“Señalando que él se consideraba muy ofendido por el hecho de que nosotros le hubiéramos planteado esto al ministro de Hacienda y no hubiésemos esperado las buenas gestiones que él estaba haciendo para resolver el problema de los medios democráticos. Se refería a una gestión que, hipotéticamente, estaba haciendo con el gobierno de Italia y que iba a significar una ayuda mejor a la que ofrecía el gobierno de Holanda. Ahí entendimos que era un completo volador de luces. Esa fue la situación”.

¿Qué pasó, entonces, con la publicidad estatal?

“Nosotros tratamos de agotar todas las instancias. Al margen de eso, tuvimos decenas de reuniones con los jefes de servicio de las empresas del Estado, para requerir publicidad directamente, y no pasó nada. La única ayuda que recibimos fue un aviso de la Polla Chilena de Beneficiencia, gracias a Orlando Cantuarias que estaba a cargo en ese momento”.

Entonces, sería un mito esto de que “la mejor política de comunicación es la que no existe”. Habría existido, pero para destruir a medios como Análisis.

“Es clarísimo que sí existió. Aquella famosa frase de la no existencia de una política fue de Eugenio Tironi, a quien también le reclamamos ayuda, cuando estaba en el gobierno. Una cosa es lo que el proclamaba… aunque él se manifestó dispuesto a hacer algo por los medios; pero seguramente se topó con una instrucción superior, con algún impedimento, como le sucedió a Alejandro Foxley”.

Por tanto, no es que no existiese una política de comunicación, sino que se habría desarrollado una, pero destinada a exterminar los medios que, se suponía, le eran afines a la Concertación.

“Yo creo que a estas alturas no se puede dudar de ello: hubo operativos, recursos y operadores orientados, claramente, en esa dirección. Cada uno de los medios fue desapareciendo, en diversos momentos producto de esa política. Se mantuvo más tiempo la revista Apsi, que tenía vinculaciones con el Partido Socialista y que estaba mucho más vinculada a las colectividades que formaban parte del gobierno de Concertación. Ese no era el caso de Análisis, que era completamente autónoma… Pero ni siquiera Apsi pudo sobrevivir, ya que ¡la política fue inmisericorde, con cualquiera que tuviera ciertos niveles de independencia, y que se veía que pudiera constituir una amenaza! Aquí la evaluación fue brillante. Yo creo que cerebros como Edgardo Boeninger y Enrique Correa fueron los gestores de esta política. Debieron pensar “estos medios, tarde o temprano, nos van a comenzar a hacer oposición, y más vale convenir alguna forma de acuerdo con los medios tradicionales, que están abrumados por sus culpas y deudas, que ayudar a estos medios”. Incluso, creo que con El Mercurio se estableció una relación especial que se prolonga hasta hoy”.

¿Qué tipo de relación cree que existe entre el gobierno de Concertación y El Mercurio?

“Como periodista, tengo la convicción de que El Mercurio tiene la información, datos y recursos para hacer pedazos a quienes hoy están en La Moneda y que pueden haber estado involucrados en diferentes actos de corrupción. Esto explicaría por qué, de repente, asoman indicios sobre noticias de corrupciones gubernamentales en las páginas de El Mercurio las que luego desaparecen, o se les quita importancia. Y por qué los gobiernos de la Concertación han ido acentuando aún más su consideración especial a dicho diario. Es decir, un pacto implícito”.

Usted sufrió también el despido de la dirección del diario electrónico Primera Línea de La Nación.

“Sí, cuando asumí en 2000 la dirección del diario electrónico Primera Línea, de la empresa dueña de La Nación, fui también víctima de una política del gobierno, porque desde el primer día en que se supo que los miembros del directorio del diario me designaron, empezó sobre ellos una presión enorme para que me echaran del cargo”.

¿Desde dónde venían las presiones y qué resultado tuvieron?

“A los dos meses, cuando el diario estaba desarrollado con una gran cantidad de visitantes y absolutamente consolidado, se me insistió en que renunciara, a lo que me negué. Entonces fui expulsado por el directorio, producto exclusivamente de instrucciones superiores, ya que tanto el directorio como la gerencia quisieron mantenerme en el cargo, dilatando lo más posible mi permanencia, porque veían mi expulsión como un acto de gran injusticia, y hasta de torpeza, dada la inversión que se había hecho. Antes de concretarse la expulsión, el directorio incluso me instó a que yo mismo hiciera gestiones para lograr revertir la situación. Hablé para esto con el ministro secretario general de Gobierno, Claudio Huepe, quien me señaló que actuaba bajo instrucciones superiores. Le envié, entonces, una carta al presidente Ricardo Lagos, señalándole que estaba en sus manos evitar que se produjera esta expulsión injusta que, independientemente que fuera yo el afectado, significaba un grave atentado a la libertad de expresión. El presidente Lagos no hizo absolutamente nada”.

¿Eso confirmaría que se consolidó una política contraria a la libertad de expresión?

“Absolutamente. Y tampoco El Mercurio ha querido que se desarrollen medios electrónicos, y ha tenido un largo litigio respecto a la publicidad estatal en medios electrónicos. Se ganó esa batalla en tribunales, pero a contrapelo de lo que quería El Mercurio”.

¿El caso Clarín sería un elemento más de esa política?

“Claro, la oposición tenaz que ha hecho El Mercurio en contra de la devolución de los bienes de Clarín a su legítimo dueño, Víctor Pey, es un hecho. Y la acción de todos los gobiernos de la Concertación en esa dirección ha sido también muy fuerte. No hay duda que los intereses del duopolio La Tercera-El Mercurio se verían muy afectados si asomara una competencia. Los casos ilustrativos en esta materia ya son varios”.

Frente a todo esto ¿no ha habido reacción alguna de los dirigentes de la Concertación?

“Como periodista, gasté mucha saliva con diversos políticos conversando del tema. Después de lo que aconteció en Análisis tuve una entrevista con Eduardo Frei, quien era presidente de la Democracia Cristiana, para exponerle cómo personas de su partido habían estado involucradas en esta operación. Frei me escuchó en silencio y dijo que lamentaba lo ocurrido. Después, como presidente de la República, me nombró agregado de prensa en México –un acto generoso– pero todo indica que nunca tomó en cuenta la gravedad de mi denuncia. En fin, hablé con mucha gente, incluyendo parlamentarios. Todos se encogían de hombros y decían que les parecía insólito… como hasta ahora”.

¿Qué sabe sobre el fracaso de la instalación de diarios extranjeros en Chile?

“Por años hubo una iniciativa de la empresa francesa, dueña de Le Monde, de establecer un diario en Chile. Incluso entiendo que una persona estuvo instalada dos o tres años en Chile, reuniéndose con autoridades de gobierno para hacer realidad aquello. Yo particularmente conozco la que hizo el diario El País, que llegó a una fórmula de acuerdo con La Nación, que fundamentalmente sería la editora. El País pondría la experiencia y el diseño, y los recursos se pondrían en conjunto con un grupo de empresarios chilenos, representados por el rector de la Universidad de Chile, Luis Riveros. Fue en la oficina del rector, durante el gobierno de Ricardo Lagos, en donde me enteré de que esta operación había sido muy exitosa. Para celebrar el acuerdo, me comentó que Lagos lo invitó, junto con dos representantes del diario El País a La Moneda. Durante el almuerzo, Francisco Vidal –entonces ministro secretario general de Gobierno– les señaló que el Presidente quería que se incorporara al acuerdo un representante de otros intereses. Esto irritó muchísimo al español Jesús Polanco, dueño del Grupo Prisa, fallecido en 2007, y a Juan Luis Cebrián, director de El País, quien dijo que este acuerdo había costado muchísimo y no se podían cambiar las reglas ahora, considerando que ellos siempre habían tenido la idea de crear un diario independiente, que no tuviera vínculos formales con el Gobierno, aunque ellos eran simpatizantes del proyecto de la Concertación. Allí abortó el proyecto”.

¿Cuál es su conclusión respecto de estas iniciativas fallidas?

“Lo que pasa, insisto, es que pesa un acuerdo implícito con El Mercurio. Los gobiernos de la Concertación nunca han estado en disposición de hacer algo que pueda romper este pacto, realizado por Augusto Pinochet y, de hecho, que hoy tienen con Agustín Edwards”.

¿Y cómo describiría la consecuencia de estos cierres y proyectos abortados, y la existencia de una extrema concentración en la propiedad de los medios de comunicación?

“La consecuencia directa es que no ha habido, desde hace mucho tiempo, una prensa crítica, que habría sido tremendamente necesaria para estimular la justicia, y terminar con la impunidad, para profundizar los cambios democráticos que, hasta hoy, no se realizan, y, sobre todo, para frenar la corrupción”.

(Fuente: fortínmapocho.com)

La verdad del déficit fiscal

Lo malo de hablar de los partidos políticos, no de “sus políticas”, ni de “la política”, porque para los partidos, a veces, esto es demasiada exigencia a su enanismo mental y conceptual, es que sus militantes personalizan los temas, ocultando, o destiñendo, los temas mismos.

Un caso sobresaliente es el del déficit fiscal que va a dejar el ministro de Hacienda, Andrés Velasco (o el gobierno de Michelle Bachelet, es lo mismo). Lo malo de hablar sobre este tema es que quienes lo personalizan creen que uno está defendiendo al presidente electo Sebastián Piñera, y, en consecuencia, está defendiendo a Renovación Nacional. Y, en consecuencia, está defendiendo a “la derecha”. Y, en consecuencia, está defendiendo a “los momios”.

Así son esas personas. Se parecen a los fanáticos del fútbol, que no son hinchas, y no hablan del deporte, sino de las personas y se exaltan con facilidad, y por nada. Qué le vamos a hacer.

Resulta que el hecho de que el presidente electo dijera que hay un déficit fiscal, estimado en US$ 1.200 millones, provocó que algunos se ofuscaran, curiosamente, con Sebastián Piñera y con su ministro Felipe Larraín, en lugar de ofenderse con la alianza llamada Concertación, y con su ministro de Hacienda, Andrés Velasco.

Porque Andrés Velasco (foto) posó siempre de ser el “ministro del superávit fiscal”, el ministro del ahorro, el que no gastó las utilidades del cobre y por eso Chile pudo pasar, con menos traumatismos que otros países, la crisis financiera mundial.

Pero parece que se le fue la mano a Andrés Velasco.

¿Ahorró? Sí, sí ahorró.

¿Chile pudo paliar la crisis en mejor forma que otros países? Sí, sí pudo.

Sin embargo, todo indica que la crisis financiera mundial no es la responsable del déficit fiscal que tiene Chile en este momento.

Todo indica que fue el gasto, a manos llenas, del gobierno para estimular la floja candidatura de rígido Eduardo Frei.

Y esta es la más clara explicación, si se considera que el propio ministro Andrés Velasco admitió que el gasto público creció, en el año 2009 (el año de la campaña electoral), nada menos que 18%. Más de lo previsto.

Cuando el crecimiento del gasto, se va más allá de lo presupuestado, lo que fácilmente puede ocurrir es un déficit.

Y quien causó el déficit fue quien ordenó gastar. En este caso, la responsabilidad del gasto está en cabeza de la presidenta Michelle Bachelet y del ministro Andrés Velasco.

Un déficit le puede ocurrir a cualquier país, desde luego, en un año determinado.

Entonces, las finanzas públicas tienen que reordenarse, reorientarse, y cambiar ciertos énfasis de gasto, o ciertas prioridades. En esto se parece a una familia cualquiera que si gana menos, tiene que gastar menos. Así de sencillo.

Lo curioso en este caso es que, quienes se ofendieron, fueron los defensores del gobierno, de la presidenta Michelle Bachelet y del ministro Andrés Velasco (los causantes del mayor gasto y, consecuencialmente, del déficit fiscal), y se ofendieron contra el ministro entrante Felipe Larraín, y con el presidente electo Sebastián Piñera, que pusieron al descubierto, públicamente, ese déficit que estaba oculto.

¿Se ofendieron contra los que dijeron la verdad? Sí, así parece.

Y con su actitud, ponen de relieve que personalizan los temas, en su enanismo mental, y prefieren la mentira de Andrés Velasco, a la verdad de Felipe Larraín.

Es curioso, pero es así.

Lo cierto es que con esta mentalidad, alimentada por los medios de comunicación (y por sus periodistas) proclives al gobierno, y alimentada por los partidos políticos pro-gobierno, Chile tardará más de lo deseable en avanzar hacia el primer mundo.

Y seguirá siendo, por el contrario, un país del tercer mundo, un poco irracional y violento, por mucho más tiempo al deseado.

Querámoslo, o no, ya está escrito en la historia económica de Chile, para siempre, que la presidenta Michelle Bachelet, gracias a su ministro Andrés Velasco, entregó su gobierno con un déficit fiscal de aproximadamente US$ 1.200 millones.

Es de locos tanto crimen y confrontación

Hay informaciones que lo hacen a uno exclamar: “¿Cómo puede ocurrir?” Y me refiero a informaciones relacionadas con el respeto a la vida y los derechos humanos en Colombia. Según la Fiscalía General, en Colombia se han cometido más asesinatos y desapariciones que en Argentina y Chile, en los tiempos oscuros de las dictaduras.

Mientras en Argentina, en el lapso de 20 años se confirmaron 30.000 muertes y desapariciones, y en Chile, en igual período de Augusto Pinochet, se contaron 5.000 víctimas, en Colombia, que no tiene memoria de lo que es una dictadura, la suma llega a la escandalosa e increíble cantidad de 30.470.

La cifra, sin embargo, es, para algunos, reducida, frente a las atrocidades de la realidad. Para otros, es una exageración. ¿De dónde sale, pues, la cifra? Sale de la delación y confesión de los llamados “paramilitares”, que participaron en luchas irregulares y masacres. Se entiende por masacre cuando en un momento y lugar determinados se mata a 4 personas, o más.

Es decir, “los paramilitares se atribuyen” esas muertes: 30.470.

Es increíble. En números elementales, quiere decir que durante 20 años se cometieron 1.524 crímenes y desapariciones por año. Y que, diariamente, los paramilitares mataron a 4 personas.

¡Solamente los paramilitares!

Porque hay que sumar, para más tristeza por Colombia, las muertes causadas por los guerrilleros, los narcotraficantes, la delincuencia común y los guerrilleros-narcotraficantes de las Farc.

Difícil de comprobar las muertes, pues la realidad puede estar oculta tras esas cifras. Me refiero a que los paramilitares confesos lo fueron al amparo de una Ley del presidente Álvaro Uribe, que les permitía confesar sus crímenes a cambio de asumir la reparación a las familias afectadas, pero también penas reducidas.

Para limpiarse, 4.112 ex paramilitares acudieron a la Fiscalía General, y confesaron sus crímenes. Los escépticos, creen que estos confesos están encubriendo a otras personas y otros crímenes, de modo que las 1.085 masacres que dijeron haber perpetrado, pueden ser más.

Lo mismo los 1.437 reclutamientos de menores de edad, que es una violación a los derechos humanos, un crimen de lesa humanidad. La práctica de reclutamiento de menores la inventó las Farc, hace muchos años.

Tampoco serían ciertas las 1.642 extorsiones y los 1.033 secuestros, que implican privación ilegal de la libertad y afectación sicológica de las víctimas, que son crímenes contra los individuos.

Vale precisar que los “paramilitares” son personas, originalmente calificadas como “autodefensas”, porque se agrupaban y tomaban las armas (derecho privativo de las Fuerzas Armadas constitucionales) para proteger sus propiedades (tierras, ganados y maquinarias) de la presencia de los guerrilleros, los cuales, en aras de “la revolución”, extorsionaban, secuestraban, cometían abigeato, incendiaban y asesinaban a los propietarios y sus propiedades.

Curiosamente, donde hubo “autodefensas” se acabó la guerrilla. Donde hubo decisión de enfrentar a la guerrilla, se acabó ésta.

En aquellos años existían las siguientes guerrillas: el Ejército de Liberación Nacional (ELN), el Ejército Popular de Liberación (EPL), el Movimiento 19 de Abril (M-19) y las infaltables Farc. Pero todos los grupos se desmovilizaron, en distintos gobierno, mediante distintos acuerdos, y solo las Farc eludieron las conversaciones y acuerdos y siguieron secuestrando, extorsionando y matando gente, además de destruir puentes y torres de interconexión eléctrica, afectando a la población inerme, en aras de “la revolución”.

Pero, además, las Farc se dedicaron al cuidado de cultivos de hojas de coca y el laboreo de laboratorios para procesarla y convertirla en cocaína, de propiedad de los narcotraficantes. Después, empezaron ellos mismos, las Farc, a procesar las plantas y exportar la cocaína, compitiendo a sangre y fuego con los carteles de las drogas, como un cartel más.

Siempre, sin dejar de extorsionar, secuestrar y matar. Y de eludir conversaciones y acuerdos, hasta el día de hoy.

De modo que el hecho de que donde aparecían grupos de “autodefensas” y desaparecía la guerrilla, parecía excesivo. Y la guerrilla comenzó a acusar a las autodefensas de ser ayudadas por el Ejército constitucional; de aquí viene el mote de “paramilitares”.

Lo realmente importante es que, con el nombre que luzcan, quienes violen los derechos humanos y las libertades civiles merecen castigo penal y social. Por supuesto, no solo las autodefensas, sino también la guerrilla y, en particular, las Farc.

Eduardo Pizarro, un destacado politólogo (hermano de Carlos Pizarro, quien fue jefe máximo de la guerrilla del M-19, y después, cuando el M-19 se desmovilizó, fue candidato presidencial, y lo asesinaron dentro de un avión, cuando volaba desde Bogotá a Barranquilla, en desarrollo de su campaña proselitista que marchaba viento en popa), es ahora, Eduardo Pizarro, presidente de la estatal Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación (CNRR).

Dijo Pizarro, que “gracias a la política de desmovilización se está llegando a la verdad”. Una verdad aterradora. Admitió que, sin confesiones de los propios actores del conflicto armado, “Colombia se hubiese gastado décadas en comprobar la responsabilidad en delitos que ahora confesaron”.

Es compleja la realidad colombiana, ¿verdad? Como si jamás fuera posible conocerla y entenderla.

Porque con el cáncer de los narcotraficantes y el cáncer de las Farc el país, sin embargo, produce, resulta apetecible para inversionistas europeos, estadounidenses, brasileños, mexicanos y chilenos, y en las encuestas mundiales de felicidad ocupa uno de los cinco primeros puestos. ¿Cómo entender esto?

No es comparable con Chile y Argentina, países que sufrieron la presencia enloquecida de los militares en el poder. Enloquecida y sangrienta.

Pero Colombia también sangra, a su manera.

También son cientos de miles, millones las familias que tienen uno de los suyos, o un conocido o un amigo, secuestrado por la delincuencia común, o por las Farc; y que ha sido víctima, o tiene conocidos, de asesinatos.

Pero hay algo difuso que impide a Colombia apuntar tan nítidamente con el dedo índice, como en Chile y en Argentina, y decir “fue la dictadura”.

Porque allá son muchos los actores: las Farc, los narcotraficantes, los delincuentes comunes, algunos militares con delirios, y civiles que pueden estar, o no, ayudados por algunos militares, etcétera. Y todos obtienen algún beneficio, pecuniario o político.

Por eso, aunque se han entregado 32.000 “paramilitares”, el asunto no termina.

Siguen los de las Farc, los narcotraficantes, algunos autodefensas y algunos militares (no la institución militar del Ejército Nacional). Y, también, siguen algunos políticos que brindan oxígeno, con su silencio o su apoyo soterrado, tanto a los paramilitares como a las Farc.

Muchos dirán que falta demasiado por hacer, y tal vez tengan razón. Pero creo que comenzar es un gran paso adelante. Y ya se comenzó a puntualizar tanto episodios como responsables, quienes están yendo a las cárceles a cumplir sus condenas, y algunos de estos están saliendo de las cárceles de cumplir sus condenas y siendo extraditados a Estados Unidos para que cumplan en esas cárceles las penas correspondientes a sus delitos de narcotráfico.

Juventud críptica que padece de urgencia

El futuro es algo que preocupa y ha preocupado desde tiempos inmemoriales al ser humano. De ahí viene el mundo de los dioses, y entre éstos llegan los oráculos. En tiempos modernos, encubrimos nuestra expectativa temerosa por el futuro con estudios científicos. Queremos averiguar, de manera anticipada, qué nos depara el mañana. Y dentro de estas curiosidades la más apremiante suele ser el futuro de la juventud. Misma pregunta que se hacían los padres con los hijos inclinados por el hipismo, o los siguientes padres con los hijos inclinados por el rock. Ahora, la preocupación es la de los padres con sus hijos “nativos digitales”. Ciertamente, hay quienes creen que, como los muchachos cada vez demoran más tiempo sentados frente a los computadores, las próximas generaciones serán de personas (hombres y mujeres) de caderas anchas, piernas cortas, manos y ojos grandes, lo mismo que sus cabezas. Todo, debidamente acondicionado para el mundo de los computadores. De momento, el asunto de interés, y de preocupación también, es que los muchachos tienen cada día menos capacidad de concentración para hacer algo, como leer. Y tienen menos capacidad de comprensión, por la razón anterior. Y cada día los muchachos se están comunicando, entre sí, con especies de criptogramas y palabras multiuso. Todo esto, debido al mundo cibernético en que están viviendo. Muchos computadores por todas partes, y sobre todo, un afán increíble por la brevedad, como si necesitaran tiempo libre para… hacer deportes. Pero no es para esto. No les gusta hacer deportes, o les da pereza, no tienen energía para eso. Es que también los muchachos padecen de urgencia. Todo lo quieren, y ya. ¿Para qué? Para nada. Para que sea “ya”, solamente. Entonces tendremos nuevas generaciones de personas (hombrecitos y mujercitas) que no pueden concentrarse, que abrevian el vocabulario para comunicarse, que el vocabulario lo convierten en signos, y que picotean aquí y allá el conocimiento, porque están de afán. Si al final del día se les pregunta, dónde aprendiste eso, no podrán decir como decíamos antes: lo leí en tal libro, o, lo leí en tal enciclopedia. Sino, simplemente, dirán: no sé, lo leí. Las fuentes parecieran siempre confiables, aunque obviamente no lo sean, y el muchacho o la muchacha terminará sabiendo un dato inconexo, porque su falta de concentración le impidió asociarlo con otro. Es una juventud, esta nueva juventud, que sobrepasó los límites de los nativos digitales, y ahora son “generación twitter”. Van rápido. ¿Adónde? Nadie sabe, ni ellos mismos. Creen abarcar mucho, pero lo ignoran todo. Son como los niños que chapotean en la orilla del mar. Se untan de arena por todas partes, pero en realidad gozan muy poco del agua infinita.

La sorpresa de Jaime Ravinet en Defensa

De los ministros que conformarán el nuevo gobierno a partir de marzo, dados a conocer ayer por el presidente electo Sebastián Piñera, la designación que más llamó la atención fue la de Jaime Nicolás Ravinet de la Fuente. Jaime Ravinet.

Llamó la atención por tratarse de un viejo y fiel militante de la Democracia Cristiana, partido que también integra la alianza política llamada Concertación, la misma que perdió en las elecciones pasadas, justamente, frente a Sebastián Piñera.

Antes de saberse que será el nuevo ministro de Defensa de Chile en el nuevo gobierno, renunció a la Democracia Cristiana, “con pena y con dolor”, dijo. También dijo que últimamente había discrepado dentro de la Democracia Cristiana en “asuntos programáticos”. Es decir, uno infiere que ya no se sentía tan demócrata cristiano como antes, y su salida de aquel convento no habría de sorprender a nadie.

Y dijo, además, que no veía ninguna incompatibilidad en haber sido demócrata cristiano y formar parte, ahora, del gobierno de la Coalición por el Cambio, al mando de un militante de la centro derecha Renovación Nacional, como el presidente electo Sebastián Piñera. Y no la veía, por una razón muy sencilla: Chile es de los chilenos, y de quienes viven en Chile, y no un fundo de la Democracia Cristiana (DC), del Partido Socialista (PS) ni de la Unión Demócrata Independiente (UDI).

Añadió Jaime Ravinet que el de Sebastián Piñera será “un gobierno de acuerdos, a favor del pueblo”. ¿Quién puede estar en contra de que así sea?

Jaime Ravinet fue ministro de Vivienda y Urbanismo, y ministro de Bienes Nacionales durante el gobierno de Ricardo Lagos, quien es dirigente del Partido Por la Democracia (PPD), que hace parte de la alianza Concertación. Y también fue ministro de Defensa, misma cartera que ocupará ahora, al reemplazar a la entonces electa presidenta Michelle Bachelet.

Jaime Ravinet había sido alcalde de Santiago Centro, comuna popular y populosa, de la que también había sido el ex candidato presidencial de centro derecha Joaquín Lavín. Pero al querer repetir en el 2008, los electores le dijeron “no”, y votaron por Pablo Zalaquett, de la UDI, superándolo en más del 10% de la votación.

Vuelve ahora Jaime Ravinet al gobierno. Y vuelve a la cartera de Defensa. Pero ahora en un gobierno que integran partidos políticos que fueron oposición. Yo no le veo problemas, y me parecen satisfactorias sus explicaciones para aceptar la designación.

Quiero reiterar que no me obnubilan los partidos, porque no pertenezco a ellos, sino que admiro a las personas, y Jaime Ravinet es una persona que siempre concita admiración.

Ojalá que pueda ser un gobierno de acuerdos, un gobierno a favor de la gente, un gobierno que haga crecer a Chile al 6% anual, un gobierno que genere 200.000 empleos anuales, un gobierno que reduzca la delincuencia, un gobierno que haga más productivo al país, un gobierno que deje atrás los demonios y fantasmas que aún habitan la mente y el corazón de algunos chilenos, que tienen ingerencia en los medios de comunicación, como los políticos de viejo cuño.

Le preguntaron al economista chileno independiente Sebastián Edwards, profesor de la Universidad de California, por este evento inesperado de la designación de Jaime Ravinet en el ministerio de Defensa Nacional. Respondió Edwards:

“Jaime Ravinet es un hombre de gran seriedad y experiencia. Ya fue ministro de Defensa y lo hizo con éxito. Su nombramiento es uno de los grandes aciertos de este gabinete, el otro fue Joaquín Lavín en Educación. En los próximos años habrá que tomar decisiones importantes sobre el tema de las violaciones de los derechos humanos durante el gobierno de Pinochet. Es más fácil, y también más lógico, que sea un hombre que proviene de la DC quien lidere estos esfuerzos. De otra parte, es incomprensible, reprochable, en realidad, que la DC no haya aceptado que un militante activo fuera miembro del gabinete”.

Comparto, también, este criterio de inclusión, que a la DC le causó hinchazón.

¿Vieron la expresión del presidente encargado de la DC, Renán Fuentealba, lamentando que alguien como Jaime Ravinet acepte un ministerio de la derecha? A mí me dio pánico. Pero pensé que la ira, la rabia con que hablaba el señor Fuentealba, ocupando su cara toda la pantalla del televisor, con espumarajos en los labios y ojos desorbitados, no era en realidad porque Jaime Ravinet aceptara trabajar por los chilenos en el nuevo gobierno, sino porque no les dio el gusto de que lo echaran, como tuvo el gusto Soledad Alvear con Adolfo Zaldívar, porque éste se opuso a botar más plata en el Transantiago.

No Felo

Creo que es la segunda vez que le ocurre a Rafael Verdugo, popularmente conocido como Felo, que antes de su participación en el Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar (que es el nombre correcto del certamen), lo pifian. La vez pasada fue en Concepción, y esta en San Felipe. Pero después de las pifias que recibió en el teatro de la Universidad de Concepción, su actuación en Viña del Mar resultó ser exitosa. Esta vez, al parecer, va otra la historia.

Digo que me agrada Rafael Verdugo, Felo (¿”Felo”, qué significa?), porque ha demostrado, sin alardes, que sí es posible un humor sin vulgaridades, fino, elegante, recursivo, picaresco, a diferencia de las tonteras de payaso de circo malo, de Eduardo Belloni y su iconografía de fomento del alcohol, por solo mencionar el primero que se me vino a la mente.

Felo es compositor, por cierto, con canciones que son todo un prodigio de inventiva y gracia.

Felo está lejos de la estridencia, tan común.

Felo es un hombre tímido, y quizás sea esto lo que se refleja en su manera de pararse ante el público.

Pero en San Felipe fue interrogado, después de su actuación, por un periodista indiscreto, sobre algunas pifias entre el público. Y cuando Felo comenzó a preguntar por el porcentaje de pifias (¿el cien por ciento?, ¿el setenta por ciento?, ¿el 4 por ciento?), todos creyeron que era parte de su buen humor.

Pero, no. Aunque sabemos que el humor es cosa seria, Felo estaba furioso, y enseguida arremetió contra el  imprudente reportero.

Esta vez, entonces, parece que no le dio el cuero, y a diferencia del éxito en Viña tras el fracaso en Concepción, las pifias de San Felipe lo bajaron de Viña del Mar.

No va Felo al Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar.

Sufre de…, escúchese bien: de pánico escénico.

Extraño en un artista. Pero a mí me parece gracioso, muy gracioso, tratándose de Felo. Diría que es otra humorada suya, incorporada ya a su temperamento. Hará falta Felo en Viña.

Chilevisión es ahora de “Cultura y Sociedad”

Aunque nunca me ha causado urticaria que un empresario esté en la política (“inmoral”, gritan aquellos), pero sí me hincha que los políticos obtengan solapadamente todos los días jugosas sumas de dinero por “hacerle mandados” legislativos a los empresarios (“normal”, ríen aquellos mismos), se anunció la creación de la fundación “Cultura y Sociedad”, sin fines de lucro, que manejará el canal de televisión Chilevisión, cuya propiedad era del hoy presidente electo Sebastián Piñera.

Siendo del entonces Sebastián Piñera candidato, el canal Chilevisión jamás dio muestras de preferencia, aparentemente, a diferencia del canal oficial TVN que mitificó al otro candidato; inclusive, quien tenga la medición de minutos en pantalla durante el tiempo de campaña electoral podrá certificar si hubo favoritismo para el propietario, o no.

Pero, bien, de lo que se trata es de “desligar la política de los negocios” (que, repito, ligar estos dos elementos es lo que se hace todos los días, inmoralmente, en los parlamentos del mundo, y no es, propiamente, el Chile la excepción), y siendo, no ya candidato sino Presidente de la República de Chile, nada tiene que ver Sebastián Piñera con la nueva propietaria de Chilevisión, la Fundación Cultura y Sociedad.

Esta fundación es sin ánimo lucrativo. Las utilidades que genere Chilevisión serán, necesariamente, reinvertidas en mejoras locativas o de programación, y lo que sobre, se podrá usar en “otras actividades benéficas”, según los estatutos aprobados por el Ministerio del Interior.

Del Chilevisión que hoy conocemos, y del que no se tienen muchas ilusiones que pueda cambiar demasiado a partir de mañana, con gente como Carlos Hurtado, José Joaquín Brunner, Juan Claro y Fabio Valdés, que ya estuvieron en su directorio, o Mario Conca, su actual gerente general y Jaime de Aguirre su director ejecutivo, no mostró sesgos aparentes o distorsiones.

Imagino que ahora pueda abrirse una discusión (porque, eso sí, siempre tenemos que estar discutiendo, poniendo en tela de juicio, viendo la malicia en los demás y no en nosotros mismos, dudando de la honorabilidad de todo el mundo, y esto ocurre no solo en la política o en los negocios, sino también en nuestra vida diaria, entre nuestros compañeros de universidad o de oficina, en el Transantiago, el Metro, el barrio, etcétera), de “qué tan independiente es la Fundación Cultura y Sociedad”.

También, imagino, habrá algo qué decir sobre la ética y moral, de los periodistas arcángeles que gambetearon con la figura de demonio que crearon del entonces candidato Sebastián Piñera, y apoyaron abiertamente y mitificaron al otro candidato, o tuvieron lazos de negocios o de consanguinidad durante el gobierno que apoyaba a ése otro candidato, y, en consecuencia, por su condición angelical deberían renunciar al canal oficial TVN, o a su subsidiario por cable 24 Horas, que serán los medios de comunicación del nuevo gobierno. Los quiero ver.

Vivi rubia, delgada, ojos azules y católica

Me llamó la atención que echaran a Vivi Kreutzberger del Canal 13, el “canal católico”, siendo ella judía, como su padre, el poderoso “Don Francisco”. Ya me había llamado la atención que se hubieran demorado tanto para echar a Lucho Jara, y se estén demorando tanto en echar a Raquel Argandoña, pero que echaran a Vivi, la hija de Don Francisco, que sí producía sintonía, sí producía auspiciadores y sí producía dinero al canal católico, resulta una auténtica “noticia”.

Ella dijo que el Festival de Viña del Mar tuvo la culpa. Porque ella estaba entre las posibles animadoras, pero “un ejecutivo” del canal le dijo que, en realidad, estaban buscando a una rubia, delgada, de ojos azules y católica.

¿Quién será ese “ejecutivo” que dijo eso? Lo preguntamos, casi de manera retórica, porque ya sabemos que los “ejecutivos” son, en muchos casos, imbéciles apitutados. Así que cualquiera lo pudo haber dicho. Y no se dán solamente en la televisión, sino en muchas empresas privadas y en la prensa y la radio también.

Los dos posibles “ejecutivos” que pudieron haber dicho eso, de acuerdo con la publicación de la revista Caras, son: Pablo Ramírez y Jorge Herrera. El primero ahora no tiene nada que ver con Viña del Mar; hoy está presentando noticias en el canal católico, y lo hace muy bien, lo mismo que haciendo un programa en Radio Cooperativa, pausado, informado y ameno, excepto por su prepotente compañera de micrófono.

El segundo es “director ejecutivo” del canal católico. ¿Pudieron haberle dicho a la animadora, que necesitaban en Viña del Mar a una mujer rubia, delgada, de ojos azules y católica, de animadora? ¿Será posible, tamaño desatino? Aunque, claro, tratándose del canal católico, todo es posible.

Aún así, sigue llamando la atención que la animadora más sintonizada de todos los tiempos sea echada, sin dolor, del canal católico. Justo donde tuvo un largo paso simbiótico, en el que ella se perfeccionó en el arte de animar durante 11 años, y el canal católico ganó mucho, mucho dinero, con la animación de ella.

¿Y si no fue Paulo Ramírez o Jorge Herrera, el que dijo la brutalidad que dijo, quién dijo eso que Vivi Kreutzberger dice que le dijeron?

Y si ellos no lo dijeron, ¿Vivi Kreutzberger, miente?

Y si uno de ellos lo dijo, y ahora dice que no lo dijo, ¿además de “ejecutivo”, también es un mentiroso?

Y si nadie dijo eso, y solo fue algo que ella dijo y lanzó al aire, y sin posibilidades de corroborar excepto por ella misma, ¿por qué lo dijo?

Es muy extraña la salida de la hija de Don Francisco del “canal de los católicos” (suena como si se dijera el “canal de los evangélicos”).

Lo que no es extraño, es que un “ejecutivo” esté entremetido en todo este entuerto. Porque hasta donde veo, los “ejecutivos” no saben nada del medio donde trabajan, así lleven 10, 15 o 20 años trabajando allí, vegetando allí. Solo saben ir a reuniones en clubes y cocteles y hablar bonito, creerse la muerte y oler a fino.