Espíritu de reconciliación a favor del pueblo

Soy conciente de que, lamentablemente, quedan muchos inconformes que consideran, dada su procedencia de cofundador y militante de Renovación Nacional, que hablar del presidente electo Sebastián Piñera es, poco menos, que ser “momio”. Pues bien, les quiero recordar que los próximos 4 años tendremos que hablar de él y de su gobierno, de modo que quizás Chile entero deba ser considerado “país momio”.

Pero eso, en realidad, no tiene importancia. A pesar de esas personas, me llama la atención que el presidente Sebastián Piñera haya escrito hoy, en El Mercurio, una columna dedicada al tema que hemos estado tratando aquí: la reconciliación nacional y el trabajo mancomunado a favor del pueblo.

En esa columna, el presidente Sebastián Piñera explica en qué consiste lo que él denomina “Democracia de los acuerdos”. Y básicamente consiste en que, conservando las diferencias que caracterizan a los distintos partidos políticos, sus dirigentes tengan la grandeza y sean capaces de superar los egoísmos, y miren al país y al pueblo chilenos. Sobre lo cual dice el presidente electo: “El imperativo deja de ser meramente político y adquiere una connotación moral, no sólo para con las actuales generaciones sino también con aquellas que están por venir”.

Es decir, que sea posible trabajar de consuno, sobre asuntos que están más allá de los intereses partidistas, lo cual me parece sensato. Para esto, el presidente Sebastián Piñera deja claro que durante su mandato habrá quien gobierne, y quiénes estén en la oposición. O sea, el clásico esquema de Gobierno–Oposición. Y reclama que ésta oposición fiscalice al Gobierno, pero también proponga alternativas, lo cual me parece sensato.

Él, y su gobierno, se comprometen a ser respetuosos de la oposición, “pero también la  oposición que actúe siempre con un espíritu leal y constructivo”. Por tanto, no se deben confundir los roles del Gobierno y de la Oposición. Es decir, procurar que, siendo civilizados, haya “un clima de entendimiento y respeto muto”.

Todo ello me parece sensato.

Quiero ser optimista en que todo esto ocurra, que haya un gobierno volcado hacia el pueblo, y haya una oposición que, conservando su esencia, sea capaz de proponer y concertar, también volcada hacia el pueblo. Que estas promesas no se vuelvan una mentira más. “Son millones las chilenas y chilenos que tienen sus ojos y esperanzas puestas en nosotros y que no merecen ser defraudados”, dice en su columna el presidente electo.

¿Para qué usar la democracia, y permitirse tener acuerdos? Para 4 metas, que propone el presidente Sebastián Piñera:

1)Superar la pobreza y las desigualdades excesivas

2)Recuperar la capacidad de crecimiento y creación de empleos

3)Empezar a ganarle la batalla a la delincuencia y el narcotráfico, y

4)Mejorar de verdad la calidad y equidad de la salud y la educación.

¿Quién se opone a que puedan ser materializadas? A mí me parecen sensatas. ¿A ustedes, no?

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