Desde el punto de vista de la calidad de los productos, ciertamente hay algunos que jamás deben ponerse en el mercado, como la diabólica leche en polvo con melamina, una sustancia propia de la elaboración de aglomerados para la ebanistería y construcción.
Inclusive un profano, un perfecto ignorante en maderas y en alimentación está en condiciones de afirmarlo, pero cuando los productos tienen un grado de especialización es más difícil discriminar.
Me refiero directamente al cine. Y lo hago, pensando en lo que dijo el cineasta Cristián Galaz: que ciertas películas jamás deben llegar a las grandes salas de exhibición.
Cristián Galaz habló en la Universidad de Viña del Mar, y propuso estas categorías:
A–películas experimentales
B–películas de baja calidad, y
C–películas para las grandes salas.
Incluyó la suya, “El regalo”, dentro de esta última categoría C, y “Ché Copete” en la categoría B, junto con “Radio Corazón”.
Obviamente, las categorías A y B no son para las grandes salas. Deben tener otros canales de presentación. Y pensamos en que las experimentales A, por ejemplo, tienen circuitos expeditos en los cineclub y quizás las B en un canal de televisión local por cable.
Cristián Galaz no entró en estos detalles de lo que debería ser, que nosotros suponemos, pero resulta interesante su argumentación para crear estas categorías que a algunos les puede sonar discriminatorias.
Su argumento es muy sencillo: si se siguen presentando ese tipo de películas A y B en las grandes salas, el público general va a tener una idea equivocada sobre el cine chileno, y va a dejar de apoyarlo con su asistencia.
Es razonable, creo. Y sin ponernos en plan ultra liberal, ni sentimental, no le falta razón. Es tanto como decir que no todos pueden presentarse en el Teatro Municipal.
La pregunta es: ¿Quién determinará cuál “sí” y cuál “no”? ¿Se estaría creando una instancia de censura? ¿Debe entenderse que ese es un “control de calidad”? ¿Qué tanto cine made in Chile merece ser exhibido masivamente?
“Hay cintas que ni siquiera deberían haber llegado a las salas, como la de Che Kopete o Radio Corazón”, afirmó Cristián Galaz.
La concepción que tiene Cristián Galaz la comparte quien fue codirectora de “El regalo”, Andrea
Ugalde. Dijo ella: “Está bien que haya más realizadores haciendo largometrajes en Chile, pero no todo debe llegar a las grandes salas, hay cintas que simplemente no son para la gran pantalla, y esto aleja al público de las salas; las experimentales deberían ir a otros circuitos y las malas tendrían que ser mostradas por otros canales”.
Ni Andrea Ugalde ni Cristián Galaz se explican el éxito de taquilla de su película “El regalo”, una película con excelente acogida entre el público joven, que cuenta historias de amores de viejos.
El tema no queda agotado, al contrario se abre el debate, pues amerita una discusión mayor, la cual, creo, formaría parte de esa maduración necesaria de cineastas y espectadores para asumir que no todas las películas deben pugnar por ser proyectadas en los grandes circuitos de exhibición.
















