Archivo mensual: agosto 2009

Concurso de cuentos ‘Teresa Hamel’

teresaHamelEn una de las estaciones del Metro me enteré que la Sociedad de Escritores de Chile convocó al II Concurso Nacional de Cuentos en homenaje a “Teresa Hamel”, para lo cual se pueden consultar las bases acá.

Teresa Hamel (1918–2005) ganó el Primer Premio Internacional de Cuentos “Julio Cortázar” en 1984, entre otros muchos galardones, con el texto “La sorpresa”, que forma parte del libro “Dádme el derecho a existir”, publicado por la Editorial Aconcagua en 1985.

La sorpresa

Al amanecer desperté sobresaltado con una alharaca en el edificio. Unos encapuchados se colaron a mi departamento, apuntando al mayordomo con metralletas. Me aprehendieron, me amarraron por las muñecas y cubriéndome con un saco hasta los hombros me introdujeron a un vehículo donde esperaban dos individuos. Prisioneros –pensé– sin dirigirles palabra, pues un guardia nos custodiaba.

Rodamos un rato, quizás fuera de la ciudad. Luego dejaron de escucharse ruidos de movilización, pero a la hora volvió el ruido del suburbio. El vehículo se detuvo y nos obligaron a descender a golpes ya a culatazos. Entramos a una casa. Me sacaron el capuchón. En la sala encortinada había dos mesas largas. Ante una de ellas sentada en una silla, una mujer desnuda. Enfrente suyo un encapuchado la interrogaba. Me hicieron sentarme junto a la gemela mesa y de inmediato lo siguió otro encapuchado con dos hoyos abiertos a la altura de los ojos.

–Mejor me largas en el acto donde guardas las armas y los nombres de tus amigos. Nadie lo sabrá y te concederemos la libertad –el traro amable, educado, la voz persuasiva.

En verdad ignoraba a qué armas se refería. Podrían matarme, pero yo no tenía nada que declarar. Se lo dije. Cambió el tono de voz, llamó a un tercer encapuchado –¡Ablándalo! –, le ordenó.

El ablandamiento consistió en castigarme con los puños, abrirme las piernas y propinarme patadas en los testículos y rodillazos en el estómago.

Más tarde me sumergieron la cabeza dentro de un barril con inmundicias hasta que comencé a asfixiarme, entonces me la levantaban unos segundos para respirar y enseguida me la hundían. Imposible resistir más, me sentía ahogado, mareado. Vomité cuanto contenía en el estómago. Quedé con la ropa mojada, agria, sucia, me produjo asco y compasión mi deplorable estado y lloré de rabia e impotencia.

Me pasaron a la sala contigua donde estaba la misma mujer, siempre desnuda, sentada y atada a una silla. Igual cosa realizaron conmigo aunque me dejaron vestido con las manos atadas a mi espalda. Luego me vendaron la vista. Casi enseguida comenzó a entrar gente a la sala. Sentí caer la silla de la mujer que arrastraban. Empezaron a violar a la mujer que se hallaba al extremo de la pieza.

–¡No, noooo! –gritaba ella, en medio de llanatoangustiadeseperación. –¡Nooo! –y se oía como se deslizaba por el suelo escabulléndose, el crujidero de tablas, la lucha cuerpo a cuerpo, el jadeo de los hombres, el aullido de placer, la voz estrangulada, los golpes, las cachuchas, la voz brava y sonora de mando, colérica, altiva, el látigo, la flagelación, el ahogo. Sin duda varios la violentaban, pues a ratos se le encontraba la voz y escuchaban sus quejidos sofocados. Algún valiente le tendría el pene dentro de la boca impidiéndole respirar, y le fornicaba un tercero. El piso de la sala se remecía entre gritos desgarrados, resoplidos de bestias, patadas y brincos. A juzgar por el entusiasmo parecían vigorosos jóvenes en un campeonato de rugby. Una vez terminada la sesión violatoria de diez hombres por lo menos, la mujer quedó exhausta, sollozando con alaridos de humillación y de congoja que comencé a consolarla, a musitarle muy despacio para tranquilizarla, para acallar o aliviar en parte la crueldad. Lloraba y repetía histérica –¡Qué horrible! ¡Qué horrible! ¡Qué horrible Dios mío!–. Deseaba acercarme a ella, tendiéndole la mano, acariciar su rostro, ordenar su cabello, darle ternura, poderla defender de aquel maltrato y comencé a balancear mi silla hacia delante y atrás hasta tumbarla. Mediante un movimiento continuo de mi cuerpo logré aproximarme.

–Linda, linda, amada, compañera, amor mío, ten valor, paloma mía, serénate… –algo así le murmuraba para consolarla, ignoro por qué le parloteaba de ese modo, pero mis palabras brotaban espontáneas, y mientas más hablaba la mujer gemía y se lamentaba tan desgarradoramente que en muchos instantes me pillé quejándome y aún ahora al recordarla me siento destrozado.

–…Jamás he mentido –me confesó.

–Yo no sé nada de lo que me preguntaban. Te juro por Dios. Soy inocente. Por Dios lo juro –repetía con pasión, esforzándose por convencerme de su pureza como si yo la enjuiciara.

–Ya lo sé. Se nota por tu lenguaje. A ninguna agrupación política perteneces, pero se empeñan en descubrir focos de subversión inexistentes. Necesitan prolongar el estado de terror y justificar las medidas arbitrarias.

–Así parece –admitió la triste niña.

–Me muero de frío –los dientes le castañeteaban.

–Relájate. Suelta los hombros. Ponte de espaldas y deja de tiritar. Verás como te recuperas. Piensa en el calor.

–… estoy cansada, tan… adolorida, Dios mío, que cosa más espantosa me han hecho.

–Olvídate. No pienses más en ello. Piensa que yo te acompaño, aunque impotente soporto tu sufrimiento sin poder cooperar, ¡cómo pudiera ayudarte, tenderte la mano, tocar tu rostro! ¡Abrigarte, transmitirte ternura! Trata de dormir, eso te aliviará.

–¿Tú crees que lo lograré? –sollozó aún más todavía y nuevamente reiniciamos la conversación.

–¿A ti te torturaron? –se lo conté. Ella, muda, me escuchaba.

– Me sale sangre y ni siquiera me dejaron un pañuelo para limpiarme.

–Vé si aún conservo el mío en mi bolsillo.

Escuché como se deslizaba en el piso y llegaba hasta mi silla. Me levantó el capuchón, me toco la cara con los dedos y me miró con sus dulces ojos color miel. Era rubia y pálida, con un cabello desordenado y largo, la cara machucada, un ojo violáceo y su cuerpo se notaba magullado a pesar que mi postura me impedía contemplarla entera.

–¿Deseas que te levante la silla o que te desate las amarras?

–Déjame así, porque después te castigaron si me ayudas. Acuéstate cerca de mi –le rogué–. Eres muy hermosa, tienes unos ojos preciosos.

–¿Tú crees? –murmuró en un suspiro.

Se notaba fina y frágil como una adolescente y en ese suspiro comprendí que el cansancio y el sueño la vencían.

Me quedé dormido y de pronto me desperté asustado.

–Compañera…, compañera… –la llamé, y ninguna respuesta acudió a mis oídos, pero, afinándoles en exceso, escuché un desacompasado resuello de quien duerme en estado febril e intranquilo. Reanudé el sueño pese a la posición absurda de mi cuerpo, mis manos atadas a la espalda, la cabeza cubierta y sentado en una silla, me encontraba agotado.

Poco duró ese descanso pues a las escasas horas llegaron los encapuchados y se llevaron a la mujer y a los pocos minutos vinieron por mí. Me soltaron y pudo ponerme de pie lo que constituyó un suplicio, tales eran los quebrantos de mi estropeada columna dorsal, sobre todo la cola resultaba la parte más lesionada y sensible de mi fatigado organismo. Me sacaron el capuchón, la luz me encandiló. Por último descubrí dos muchachos sin antifaz, jóvenes, rubios, atléticos. Me condujeron a una sala vacía con sólo cortinas de tul en las ventanas y a un costado de la pieza colgaba una caja de dos metros de alto por igual medica en el ancho y en el largo, con una puerta: “La cabina infernal”

–¿Has reflexionado? ¿Deseas decir algo?

Alcé mis hombros en señala negativa.

–Conforme –dijo–. Entonces tú también entras –y efectuó una reverencia a lo Luis XV.

Al abrirse la puerta de la cabina encontré en un rincón a mi chiquilla desnuda. De inmediato nos abrazamos empavorecidos de zozobra. Es indescriptible lo que se siente en esos momentos.

–Nos aplicarán electricidad –le anuncié.

–¡Qué horror! –gritó aferrándose a mí.

Alcancé a deslizar mis manos por su rostro crispado en un intento de transmitirle valor y en ese segundo las placas metálicas que forraban la cámara comenzaron a emitir vibraciones y descargas eléctricas que nos lanzaron lejos uno del otro. Topábamos el techo, las paredes, el piso, como acróbatas permanentes. Una sensación de locura superdominante, vértigo, relámpagos que traspasaban, borrachera de demonios en la sangre que arrastra toda tu personalidad y te convierte en un superviviente sumiso, vencido. Me sangraban atrozmente los oídos, todo el cuerpo me dolía y la muchacha gritaba y gritaba. Suplicaba. Yo aguantaba con esfuerzo las ganas de llorar y gritas porque ella sufría tanto. Dios mío, se me antojaba espantoso su sufrimiento y creí cobarde demostrar el mío, pero hubo un momento inaguantable y también me largué a llorar y a gritar igual que la muchacha.

A ratos interrumpían la electricidad y no concedían tregua, más las bestia se ensañaron con nosotros y volvieron a la carga.

Nunca fueron más horribles los gritos de la niña que en esa prueba. Yo estaba más allá de la desesperación de oírla, de sufrirla, de amarla…De súbito se acallaron sus gritos y ví su cuerpo saltando de un lado a otro, chocándose contra mí.

Cortaron la corriente, abrieron la puerta. Yo era una piltrafa. Ella, quieta sobre el piso, ni siquiera abrió los ojos. El encapuchado se aproximó a ella y la movió. Me di cuenta que no reaccionaba. Me acerqué a ella, la toqué y comprendí. Entró el médico vestido de delantal blanco con el estetoscopio colgado de su cuello: le auscultó el corazón.

–¿Ven lo que pasa? Ya les he advertido, se les pasó la mano: la mataron.

–Sale –me dijeron.

Aterrado, me arrastré fuera de la cabina.

–Debemos vestirla.

–Sácala de ahí –me ordenaron. Apenas podía caminar, tampoco aceptaba que ellos la tocasen. Hice un esfuerzo sobrehumano y logré a tirones sacarla del horroroso lugar.

–Y ahora: ¡vístela! –me arrojaron un bulto de ropa.

Tomé el atado: eran los hábitos de una monja.

Clasificando el cine chileno

galazDesde el punto de vista de la calidad de los productos, ciertamente hay algunos que jamás deben ponerse en el mercado, como la diabólica leche en polvo con melamina, una sustancia propia de la elaboración de aglomerados para la ebanistería y construcción.

Inclusive un profano, un perfecto ignorante en maderas y en alimentación está en condiciones de afirmarlo, pero cuando los productos tienen un grado de especialización es más difícil discriminar.

Me refiero directamente al cine. Y lo hago, pensando en lo que dijo el cineasta Cristián Galaz: que ciertas películas jamás deben llegar a las grandes salas de exhibición.

Cristián Galaz habló en la Universidad de Viña del Mar, y propuso estas categorías:

A–películas experimentales

B–películas de baja calidad, y

C–películas para las grandes salas.

Incluyó la suya, “El regalo”, dentro de esta última categoría C, y “Ché Copete” en la categoría B, junto con “Radio Corazón”.

Obviamente, las categorías A y B no son para las grandes salas. Deben tener otros canales de presentación. Y pensamos en que las experimentales A, por ejemplo, tienen circuitos expeditos en los cineclub y quizás las B en un canal de televisión local por cable.

Cristián Galaz no entró en estos detalles de lo que debería ser, que nosotros suponemos, pero resulta interesante su argumentación para crear estas categorías que a algunos les puede sonar discriminatorias.

Su argumento es muy sencillo: si se siguen presentando ese tipo de películas A y B en las grandes salas, el público general va a tener una idea equivocada sobre el cine chileno, y va a dejar de apoyarlo con su asistencia.

Es razonable, creo. Y sin ponernos en plan ultra liberal, ni sentimental, no le falta razón. Es tanto como decir que no todos pueden presentarse en el Teatro Municipal.

La pregunta es: ¿Quién determinará cuál “sí” y cuál “no”? ¿Se estaría creando una instancia de censura? ¿Debe entenderse que ese es un “control de calidad”? ¿Qué tanto cine made in Chile merece ser exhibido masivamente?

“Hay cintas que ni siquiera deberían haber llegado a las salas, como la de Che Kopete o Radio Corazón”, afirmó Cristián Galaz.

La concepción que tiene Cristián Galaz la comparte quien fue codirectora de “El regalo”, Andreaugalde Ugalde. Dijo ella: “Está bien que haya más realizadores haciendo largometrajes en Chile, pero no todo debe llegar a las grandes salas, hay cintas que simplemente no son para la gran pantalla, y esto aleja al público de las salas; las experimentales deberían ir a otros circuitos y las malas tendrían que ser mostradas por otros canales”.

Ni Andrea Ugalde ni Cristián Galaz se explican el éxito de taquilla de su película “El regalo”, una película con excelente acogida entre el público joven, que cuenta historias de amores de viejos.

El tema no queda agotado, al contrario se abre el debate, pues amerita una discusión mayor, la cual, creo, formaría parte de esa maduración necesaria de cineastas y espectadores para asumir que no todas las películas deben pugnar por ser proyectadas en los grandes circuitos de exhibición.

Periodismo, Arte, Educación y Ciencia

Cuatro premios dignos de mención acaba de otorgar el gobierno nacional. Uno es el de Periodismo a María Olivia Mönckeberg, el otro de Artes al escultor Federico Assler Brown, el  tercero de Educación al pedagogo Mario Leyton Soto, y el cuarto de Ciencia a Ricardo Baeza Rodríguez.

La parte pedestre de la reseña es que cada uno recibirá 15 millones de pesos con el galardón, y a partir del 2010 una pensión vitalicia equivalente a 20 UTM (Unidad  Tributaria Mensual).

–María OliM.OliviaMonckebergvia Mönckeberg ha destacado por ejercer un Periodismo de investigación, tan saludable y ausente en Chile. Escribió “El Saqueo de los grupos económicos al Estado chileno” (sobre las privatizaciones de empresas públicas durante la dictadura de Augusto Pinochet), “El Imperio del Opus Dei en Chile” (sobre la influencia de esa congregación religiosa en el país), “La privatización de las universidades: Una historia de dinero, poder e influencias” y “El negocio de las universidades en Chile” (sobre el sector educativo), y en 1986 fue coautora del libro “Crimen bajo Estado de Sitio”, sobre los asesinatos de los profesores José Manuel Parada, Santiago Nattino y Manuel Guerrero. En 1984 recibió el Premio Internacional de Periodismo Louis Lyon, otorgado por la Nieman Foundation, de la Universidad de Harvard.marioleytonsoto

–En Educación destacó Mario Leyton Soto, por “su participación activa en la reforma iniciada en 1964”, según el jurado, que garantizó el acceso a la educación básica a todos los niños independientemente de su condición socioeconómica. Contribuyó a crear el Centro de Perfeccionamiento, Experimentación e Investigaciones Pedagógicas (CPEIP), y contribuyó a forjar “una nueva visión del currículo, bases que siguen vigentes”.AsslerFederico01

–En Artes Plásticas ganó el escultor Federico Assler Brown, quien ha sido profesor de escultura y paisajismo, director del Museo de Arte Contemporáneo (MAC) y continúa activo en su taller en la localidad del Cajón del Maipo, donde reside. El jurado basó su decisión en “la continuidad en los aspectos creativos y de investigación, tanto temáticos, como de la búsqueda incansable de nuevos sistemas de producción de obra”.

–En Ciencias el PremRicardoBaezaio Nacional fue para Ricardo Baeza Rodríguez, ingeniero matemático y profesor del Instituto de Matemáticas y Física, de la Universidad de Talca, y doctor en Recursos Naturales de la Universitat des Saarlandes, de Alemania. Su trabajo ha estado vinculado al álgebra y la teoría de los números. Es director de un Anillo de Ciencia y Tecnología, del Programa Bicentenario que realiza Conicyt.

Entre promesas, ¿cuál promesa?

Si por algo se caracterizan las campañas electorales es por escuchar a los distintos candidatos haciendo todo tipo de ofertas. Casi es su esencia. Otra cosa es la validez y alcance de las ofertas. Si éstas pueden ser realizadas cuando el candidato ganador asuma las riendas del poder. Y ahí, ya no hay nada qué hacer. Puede ser que todas las ofertas y promesas de los candidatos sean solamente mentiras. ¿Quién lo puede prever?

Pero en las ofertas y promesas algunos quieren establecer diferencias, y además calificarlas de buenas o malas. Cosa difícil, cuando es heterogénea la calidad de las promesas. Es decir, no pareciera comparable que un candidato ofrezca “más énfasis en las personas” y otro “más impuestos”.

Por eso, no se entiende bien el debate de los candidatos cuando unos ofrecen “más democracia”, “más participación”, “un gobierno de la gente”, “cuarenta mil pesos en marzo”, “centrales nucleares”, “aire más limpio”, etcétera. ¿Cómo calificarlos? ¿Cómo saber quién miente? ¿Cómo decir que esta es “buena” y esta otra es “mala”? ¿O esta es “verdadera” y esta es “falsa”? ¿Cómo comprobar que esas promesas se cumplan? ¿Quién lo puede prever?

Carla Guelfenbein en 5 idiomas más

carlaguelfenbeinEn proceso de traducción al francés, al inglés, al alemán y probablemente al portugués y al holandés está la más reciente novela de Carla Guelfenbein, “El resto es silencio”.

Ella es una descreída de “los artilugios electrónicos” de la internet, que solamente generan “una ilusión de comunicación, que no es real”.

En “El resto es silencio” vemos un universo de palabras y silencios, “doble función de acercar y alejar a las personas, de erigir muros cuando uno se oculta tras ellos, pero a la vez de acercar cuando son verdaderos”-

En la reseña de la agencia española de noticias EFE, hay una imposibilidad de comunicarse entre las personas, “algo atávico del hombre” que forma parte de “las limitaciones intrínsecas del lenguaje”.

“Pero ahora se ve potenciado por estar rodeados de artilugios y miles de amigos en las redes sociales, que hace que tengamos la ilusión de estar comunicados, e impide buscar el verdadero contacto, el físico, de mirarse a los ojos, de escucharse la voz, de estar juntos en definitiva”, dice Carla Guelfenbein.

En la historia de la novela se entrelazan tres miradas diferentes: la de una mujer, un hombre y un niño, y es ésta última la que se impone y la que le abre a la autora “infinitas posibilidades literarias” y permite “explorar mundos a los que un adulto jamás habría llegado”.

Carla Guelfenbein dice: “En este libro busco llegar con agudeza a las preguntas, con profundidad, al fondo de ese magma interno, donde se están quemando las brasas, ese lugar confuso donde nos movemos casi a ciegas, que es donde nos encontramos todos”.

Tras estudiar en Gran Bretaña biología y diseño, Carla Guelfenbein decidió centrarse en forma exclusiva en la escritura.

El mítico Ronnie Biggs

biggs4Era un niño cuando escuché hablar de “El robo del siglo”. Al principio no entendía bien por qué ese nombre, tratándose de un tren del correo, pues ¿qué importancia tenía robar la correspondencia de la gente? O acaso, ¿la gente en Inglaterra acostumbraba a enviar dinero, y mucho, en sus cartas? Y creía que eso había ocurrido en tiempos remotos.

Después supe que se trataba del Tren Real, y de que era la primera vez que se producía un asalto de tanto dinero. Tan fructífero. La suma total del ilícito fue de 2,6 millones de libras esterlinas de la época, que equivalen a unos 35 millones de euros de hoy (26 mil 349 millones 193 mil 134 pesos chilenos).

El robo se cometió el 8 de agosto de 1963, por 15 hombres, aunque hay quien informan de solamente 12, en cuyo caso les correspondió a cada uno, cerca de 216.666 libras, o 2,9 millones de euros de hoy (2 mil 266 millones 113 mil 956 pesos chilenos) para cada uno.

Todos fueron capturados a los pocos días después del asalto.

Pero dos de ellos escaparon al año siguiente, y uno de estos alcanzó la gloria en vida con su reputación de “ladrón genial”: Ronnie Biggs, o Ronald Arthur Biggs.

Ronnie Biggs tenía 34 años (foto) cuando participó de “El robo del siglo” al Tren Real.

Tras escapar de la prisión, usando una escalera de nudos, llegó a París y se sometió a una cirugía facial, para cambiar rasgos de su rostro, siendo también pionero.

De allí pasó a Australia, y en 1967 se dedicó al montaje de escenarios en los Estudios de Televisión del Canal 9, en Melbourne. Un día desaparece, y en el propio Canal 9 dieron la noticia de que se trataba del único ladrón del grupo de perpetradores de “El robo del siglo” que estaba prófugo.

De Australia llegó a Brasil, donde se volvió a casar y tuvo un hijo. Un día, dos sujetos lo retuvieron y sacaron del país, aterrizando en Barbados, en el Caribe, pero no pudo ser extraditado a Inglaterra porque no había tratado internacional que lo permitiera.

De vuelta a Brasil se convirtió en celebridad, se dice que asesoró a guionistas y cineastas de “El robo del siglo”, y él mismo dirigió un negocio de tazones y poleras con su nombre, como souvenir. En su sangre farandulera también llevaba música, y formó parte de la grabación del tema “Nadie es inocente”, del grupo rockero Sex pistols.

Viejo y enfermo, Ronnie decidió en el 2001 volver a Inglaterra y entregarse a las autoridades.

Hace solamente unos días, el 6 de agosto pasado, se anunció que Biggs sería liberado el 7 de agosto de la custodia a que había sido sometido, ya que el 9 de agosto cumpliría años. La liberación sería entonces por “motivos compasivos”.

Pero Ronnie está ya decrépito y cansado de ser cargante, y en cuestión de días recibiremos la noticia de que el único de los 12 ladrones conocidos de “El robo del siglo”, murió.

La historia de aquel episodio que dio la vuelta al mundo, y aún me parecía irreal, habrá terminado en la realidad, para hacer su ingreso a la mitología del mal. Mal que esta vez no fue derrotado por las fuerzas del Bien, sino por la misma muerte.

Una mujer…, y Adrián…

-100palbrasAunque ha habido escritores con talento suficiente para crear mundos verdaderos en espacios muy reducidos (el de Roberto Fontanarrosa: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”), resulta loable que sin ser escritor algunos logren resultados notables, usando menos de 100 palabras.

Es el reto al que invitan este año Plagio, Minera Escondida y Metro, cuyo plazo vence el 4 de septiembre.

Para quienes tienen la intención de participar, reproduzco los dos relatos ganadores de los años anteriores.

 

Primer lugar 2007:

Una mujer que saluda

Por Elisa de Padua

Yolanda es una mujer que saluda. Saluda a sus ex compañeras de colegio cuando las encuentra en el supermercado, saluda al señor que pude afuera de su oficina, saluda a todos los que suben al ascensor. Yolanda no tiene pudor al saludar y te pide el email o el teléfono con una honesta intención. Un día saludó a un actor de televisión que se le cruzó en la calle y saludó a alguien sólo porque tenía cara de conocido. Yolanda pasa todos los días a saludarme a mí. Yo le digo que se le nota mucho lo talquina.

 

Primer lugar 2008:

Adrián y yo

Por Paloma Amaya

Con Adrián vivimos en el centro. Me hace reír mucho. Está convencidísimo de que es un asesino en serie. “Soy un roba almas”, dice mientras nada inquieto de un lado a otro en la pecera que le compré. Últimamente está muy callado. Intenté hacerle cariño, pero inmediatamente comenzó a dar saltitos acrobáticos queriendo morderme algún dedo. Se cree piraña. Un domingo lo ví desvastado, así que disolví ¼ de fluoxetina en su agua y tomé otra pastilla yo. Estuvimos toda la tarde mirando fijo por la ventana, tarareando canciones en inglés. Es que a veces nos sentimos muy solos.

Los 19 expeditos

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Ignoraba su condición de guerrero, de soldado, y de soldado antiguo. Ignoraba su condición de soldado romano. A falta de nombre se lo nombró por su acción: expedito. Expedito significa ágil, rápido, pronto, raudo. Porque se cuenta que un cuervo, de mal agüero, le graznó que “mañana” se hiciera seguidor de Jesús. Y este soldado replicó: “Hoy”, ya. Expedito. Por esto, en su imagen de santo soldado de los tiempos de Pilatos, levanta una cruz con esa palabra inscrita, y pisa un cuervo, mientras en la otra mano sostiene una rama de olivo. Él, no dejó para mañana la conversión que podía realizar hoy.

Se convino que los días 19, no solamente el 19 de abril, son los días de san Expedito, cuya invocación se suele hacer de la siguiente manera:

Te amo y te necesito. Estás en mi corazón. Bendíceme y bendice a mi familia, mi hogar, mis amigos y enemigos (porque de ellos también aprendí). Guarda mis bienes espirituales, mis sueños y proyectos. Sé mi abogado, y ejerce tu sabiduría para defenderme de los problemas que padezco. Protégeme de los males que me acechan y aleja de mí a aquellos que solo desean mi perdición. Hoy te pido me concedas la gracia de… (hacer la petición) y me comprometo a difundir tu nombre y tu capacidad de escucha, en nombre de Jesús. Amén.

Desmantelamiento de la autoridad

radarpistolaPara no creerla, la información que trajo El Mercurio en la página D2 el pasado domingo.

La información se refiere a un instructivo de la Dirección General de Carabineros. El instructivo determina que los controles de velocidad de los automóviles que se desplazan por la ruta entre Santiago y Valparaíso, realizados con radar de pistola, solamente los puede realizar el personal de oficiales.

El instructivo se produce después de la gota que rebalsó el vaso: el ministro José Antonio Viera-Gallo haciendo gala de una baliza “ilegal” se desplazó a alta velocidad por esa vía. Pero antes, otros funcionarios y parlamentarios habían sido objeto de “un parte” por violar las normas de tránsito.

El punto más alto lo puso el insólito congresista Guido Girardi, quien al verse sorprendido en flagrancia al ir a alta velocidad y ser detenido, no encontró mejor alternativa que llamar a la Dirección Nacional de Carabineros para que sancionaran al policía que lo multó en cumplimiento de sus deberes como carabinero. O sea, los pájaros disparándole a las escopetas.

Pero volvamos al instructivo reseñado por El Mercurio, en el que se ordena un imposible: en esa ruta, en el sitio donde siempre se usa el radar de pistola (o la pistola radar) para controlar los excesos de velocidad, ¡no hay oficiales disponibles!, que son los únicos autorizados para usar ese dispositivo. Con lo cual, nadie, de ahora en adelante, tiene  autoridad para controlar las normas de tránsito.

Por si fuera poco este desmantelamiento de la autoridad, hay un capítulo en el instructivo en el que se le da un libreto al carabinero para que dialogue con los Girardi y los Viera-Gallo, es decir, con los altos dignatarios que violan a su antojo las normas de tránsito. El diálogo teatralizado en el instructivo es el siguiente:

Carabinero: Buenos días señor, me permite su licencia de conducir y los documentos del vehículo, por favor.

Conductor: Soy el ministro NN, soy el parlamentario NN, soy el coronel de Carabineros (Ejército, Aviación, Armada).

Carabinero: Señor Ministro, señor Senador, mi coronel, etcétera, me permite su identificación, por favor.

(Una vez que el carabinero ha comprobado la calidad de tal, con respeto y caballerosidad devolverá los documentos y dará por terminado el procedimiento.)

Carabinero: Señor Ministro, mi coronel, etcétera, tenga usted la gentileza de continuar, muchas gracias.

Los olvidos del recordado Woodstock

maxYasgurNadie recuerda a Max Yasgur, ni a su hijo Sam, quienes hicieron posible que ocurriera “Woodstock” el 15, 16 y 17 de agosto de 1969.

Nadie precisa que “Woodstock” no ocurrió en el pueblo de Woodstock sino en un campo de alfalfa cercano, en Sullivan Country.

Nadie contrasta que el “libertino” ritual de música, yerba, alcohol, heroína y sexo libre se hizo en la granja de referencia bíblica: Bethel, propiedad de Max Yasgur.

Todos olvidan a Max Yasgur, cuando recuerdan a Woodstock…