Ya sé que en su día le hicieron múltiples homenajes, pero no quería dejar pasar una merecida mención a una prenda que partió la historia de la moda en dos, y la historia de cómo las mujeres eran vista y cómo se veían a sí mismas.
Esos maravillosos años sesenta dejaron casi todo lo que tenemos hoy, o la semilla de lo que tenemos hoy. En particular, la minifalda, junto con la expresión “mini” para designar todo aquello empequeñecido de tamaño.
La fecha de presentación en sociedad de la minifalda se establece como el 10 de julio de 1964, durante un desfile de modas de una colección de verano en Londres, por una joven diseñadora llamada Mary Quant, hoy de 75 años.
De inmediato, la minifalda se convirtió en símbolo de aquella década, junto con la píldora anticonceptiva. Y hoy sigue imbatible, 40 años después.
A los 21 años, Mary Quant, la destinataria de este recordatorio, ya casada con el trompetista y fotógrafo Alexander Plunket Greene, invirtió en octubre de 1955 unas 10 mil libras esterlinas para abrir un local propio en la calle King, de Londres, que llamó “Bazaar” y donde nació la minifalda.
Homenaje tardío en cuanto a la fecha de su aparición, un 10 de julio, pero no en cuanto a lo que significa: esa pequeña prenda trae incorporada la rebeldía de la mujer de aquellos años, y al mismo tiempo destaca una de las formas más espléndidas de la naturaleza: el cuerpo femenino.
Hoy, las mujeres andan mayoritariamente vistiendo pantalones, ¡lástima!, ocultando sus onduladas y atractivas piernas. Sus movimientos, por supuesto, no son tan gráciles, tan sensuales y sugerentes como si los hiciera vistiendo una minifalda.
Así que doy todos los días un ¡Viva! sideral a la minifalda, aunque ahora lo haga públicamente y a destiempo.
















