Archivo diario: 30 junio, 2009

El mal del Ego

Creo que asistimos al comienzo de un proceso en la política nacional chilena. Proceso que tiene que ver con la presión que la realidad está ejerciendo sobre las estructuras, que obviamente fueron desbordadas.

La democracia exige cierto desprendimiento de parte de todos, en especial de los partidos y sus líderes. Por eso, es tan difícil ejercerla. Porque la tendencia humana es el egoísmo, el acaparamiento, la imposición del yo.

No obstante, la dinámica de los procesos avanza en ocasiones de manera impredecible. Como la necesidad de modernizar los partidos, las propuestas y fortalecer el bienestar nacional, y no todos los dirigentes están en sintonía con ésto.

El fenómeno Marco Enríquez-Ominami encuadra en una categoría de la Democracia desacompasada con los tiempos. Sus propuestas no pudieron ser subsumidas en su partido, ni en el conjunto de partidos de la alianza llamada Concertación. Y hubo un desbordamiento, que se encauza hacia su candidatura presidencial.

No hay que lanzar improperios contra Marco Enríquez-Ominami, sino una mirada piadosa sobre los dirigentes que se refocilaron en el poder. Les entró el mal del Ego, y no pudieron conciliar y poner en fila al congresista díscolo. El mal del Ego quiere que todo gravite de acuerdo con su gusto expreso, y la diferencia no es manifestación de la Democracia, sino amenaza a los partidos cuando no personal –y así lo declaran a los cuatro vientos–.

Porque, seamos serios, no hay pecado en ser díscolos. Y mucho menos, cuando éste díscolo ha mostrado tener la madurez suficiente para escuchar y hacer propuestas.

El resultado de esta torpeza, no solo atribuible al presidente del Partido Socialista, que ha demostrado ser un intolerante a toda prueba, el señor Camilo Escalona, como lo fue en su momento en la Democracia Cristiana la señora Soledad Alvear, es que la alianza Concertación, y el partido mencionado que él representa, se desgastan, y quiéranlo o no, le dan oxígeno al díscolo.

No estoy abogando porque se acalle al díscolo, por supuesto. Al contrario. Solo hago notar que la dinámica de los tiempos no fue posible contenerla en la letra muerta de la actual Constitución Política, ni en los anticuados métodos para manejar partidos.