Han pasado unas cuantas horas de la muerte de Michael Jackson y debo confesar que aún no tengo un criterio claro en cuanto a que murió un simple pedófilo o todo un ícono de la cultura pop contemporánea.
Estos dos aspectos resultan indisolubles en Michael Jackson: su potente carrera de cantante tuvo dificultades por acusaciones de pedofilia, las cuales lo llevaron ante los jueces, y en ningún caso resultó culpable ni recibió la condena de cárcel que hubiese merecido.
Y si no fue culpable ni condenado, ¿era entonces, realmente, pedófilo? Porque los jóvenes que lo denunciaron retiraron las acusaciones o llanamente negaron que Michael Jackson hubiese tenido acceso carnal a ellos.
Sí. Se dirá que hubo varios millones de dólares en acuerdos extrajudiciales en cada caso. Pero esto ya escapa al ámbito de su culpabilidad, y entra quizás en el ámbito de la culpabilidad de los padres de esos niños, que prefirieron el dinero antes que quitar la deshonra de sus hijos con la debida sentencia penal contra Michael Jackson.
Entonces, ¿si solamente le gustaba juntarse con niños, jugar con niños, y conciliar el sueño en una cama junto a un niño, asexuadamente, debido a que Michel Jackson era, en su alma, solamente un niño solitario?
En alguna oportunidad tuvo el despropósito de decir que él, prácticamente, era una encarnación de Jesucristo, y dejad que los niños vengan a mí. Pero esto forma parte de la historia de su infamia personal.
La otra cara de la medalla de Michael Jackson está en su palmarés de éxitos musicales, que lo pusieron en la cima a los 20 años de edad, con un primer Premio Grammy.
Las composiciones, letras y música, y de manera especial la puesta en escena de su presencia pública, son las cualidades que le otorgan un capítulo aparte en la historia mundial de la cultura pop.
La confección de sus trajes: casacas en triángulo invertido, con charreteras militares de oficial, de cuello Mao, con puños dorados y galones de suboficial en el brazo, de colores contrastantes y con un brazalete que bien puede invocar a los judíos bajo el nazismo, o el propio nazismo.
Accesorios como los lentes de sol, el enorme paraguas negro, la simulación de cintas de municiones que cruzaban su pecho, esparadrapo en algunos de sus dedos como los timbaleros, ese guante blanco impar, las rayas laterales en los pantalones, siendo estos tan cortos que dejaban al descubierto unas medias blancas de lentejuelas, cuando no llevaba polainas albas…
O esos trajes de una sola pieza, en género metálico –dorados y plateados–, como de visitante interplanetario…
A esto se suma la manipulación del cabello, que pasó de ser genuinamente ensortijado –en cuanto pelo de negro–, a liso y luego cuidadosamente caído en bucles sobre su rostro.
Y su rostro, de nariz gruesa y achatada –como es la nariz de raza negra–, a una nariz respingada, exageradamente artificial. Su mentón pasó de redondeado a cuadrado, y partido en dos al centro… Sus pómulos, antes gordezuelos –pómulos de negro–, a cadavéricos…
Y su piel, cuyo pigmento de negro se convirtió en pigmento de raza blanca… Pronto estuvo, de cuerpo entero, en el Museo de Madame Tussaud…
No me digan que no es todo un ícono. Uno insuperable. Porque falta añadirle un baile bastante característico, claramente identificable como propio de Michael Jackson. Grandes bailarines –bailarines de varietés y de entretenimiento– reconocieron su grandeza, su creatividad, su genio. Bailes robóticos, bailes diseñados para ser bailados, preferentemente, por alguien que solo pese unos pocos kilos, como si tuviera el cuerpo de niño impúber, que era exactamente el cuerpo que tenía Michael Jackson a sus 50 años.
No me cabe duda de que Michael Jackson tuvo la valentía y al mismo tiempo el delirio, de llevar su carrera hasta las últimas consecuencias, aún si para ello fuere necesario sacrificar su cuerpo, como lo hizo en realidad.
Entonces, me confunde toda esta gloria y genialidad –que evidentemente ya traspasó las décadas–, conviviendo con la pedestre presunta pedofilia –la cual sería el sello de su perversión humana–. Genio y vil humanidad. Eso fue Michael Jackson.

















Hola,
Dime una dirección de e-mail donde escribirte. Tengo una información que quizá te interese incluir en tu blog.
Un saludo.
Gracias, Jim.
Mi dirección aparece al comienzo de la columna de la derecha, encima del calendario:
suarezanturijulio@yahoo.cl